El Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social para Pueblos Indígenas y Afromexicanos (FAISPIAM) es parte de un proceso histórico de reivindicación frente a siglos de colonialismo, despojo y exclusión que hemos vivido los pueblos originarios en México.
Desde la invasión colonial, las comunidades indígenas fueron sometidas a estructuras económicas y políticas orientadas a la explotación de sus territorios, de su fuerza de trabajo y de sus formas de organización comunitaria.
Posteriormente, incluso después de la conformación del Estado nacional mexicano en el siglo XIX, persistió una visión profundamente centralista y homogeneizadora que negó el carácter plurinacional y pluricultural del país.
Bajo la idea de construir una nación mestiza y moderna, los pueblos originarios fueron relegados a condiciones de pobreza estructural, marginación política y exclusión institucional. A ello se sumaron políticas de castellanización, aculturación y desintegración comunitaria que pretendían incorporar a los pueblos indígenas a un modelo nacional que históricamente los consideró atrasados o subordinados.
En muchos casos, el desarrollo económico del país se construyó sobre el despojo territorial, la explotación de recursos naturales y el debilitamiento de las formas colectivas de vida de las comunidades indígenas y afromexicanas.
Durante décadas, la relación del Estado con los pueblos originarios estuvo marcada por una lógica asistencialista y paternalista. Las comunidades eran vistas como objetos de atención gubernamental y no como sujetos plenos de derechos capaces de decidir sobre su propio destino.
A ello se añadió un proceso constante de folclorización, donde la riqueza cultural de los pueblos indígenas era utilizada como símbolo de identidad nacional, mientras las demandas políticas, territoriales y sociales permanecían históricamente ignoradas.
El reconocimiento cultural coexistía con la pobreza, el abandono institucional y la falta de acceso a derechos básicos como salud, educación, infraestructura o participación política efectiva. En este contexto, las luchas históricas de los pueblos originarios, de los movimientos indígenas y de las organizaciones comunitarias fueron fundamentales para colocar en el debate nacional la necesidad de transformar la relación entre el Estado y las comunidades.
Por ello, la reforma al artículo 2 constitucional aprobada en 2024 representa un parteaguas político e histórico, ya que reconoce a los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas como sujetos de derecho público, con personalidad jurídica y patrimonio propio, fortaleciendo la capacidad de decisión, autonomía y participación dentro de la vida pública nacional.
Es precisamente en el marco de esta transformación constitucional donde surge el FAISPIAM como una política orientada a materializar el reconocimiento de derechos mediante el acceso directo al presupuesto público.
La importancia de este fondo radica en que rompe con viejas prácticas de intermediación política y reconoce la capacidad organizativa de las comunidades para decidir colectivamente sus prioridades en materia de infraestructura social.
Ahora ya no se trata únicamente de transferir apoyos desde una lógica asistencial, sino de reconocer a las comunidades indígenas y afromexicanas como actores políticos con derecho a administrar recursos, ejercer autonomía y participar directamente en la construcción de su desarrollo.
El FAISPIAM expresa un cambio de paradigma en la relación entre el Estado y los pueblos originarios, donde la reivindicación ya no se limita al reconocimiento simbólico de la diversidad cultural, sino que avanza hacia el fortalecimiento de la autonomía, la redistribución del presupuesto y la construcción de una democracia más incluyente y plurinacional.