-Cuéntame un cuento- Insistía.
Hubo una vez, que las personas se sentaban alrededor del fuego a oír a los viejos, a contar historias. Durante miles de años, hombres, mujeres y niños sentían el calor del fuego de cerca y cómo su luz rompía la oscuridad y llamaba a los ancestros. Hubo tiempos en que el contador de historias era esencial para conservar la memoria, para explicar qué hay del otro lado del cerro, qué hay en el cielo, qué es la muerte. Era el que convocaba a todos a ser parte una comunidad que se extendía en el tiempo; así, mientras oían, todos sabían que eran parte de algo más grande que trascendía su existencia.
Sabían que eran inmortales como las estrellas que los veían desde arriba, desde otras fogatas en el espacio que parecían estrellas, donde todos, alrededor del fuego, repiten el mantra de la memoria.
Nzahki se sentó en una piedra a mirar el fuego que él no había hecho. Un fuego alto, hermoso y amenazante en el centro de las miradas de todos los que sentados esperaban en silencio, pacientemente a que el Hmüni ra Hingi Nehya [1] (Señor de lo Invisible) quisiera hablar.
Miren el cielo – dijo, mientras levantaba su dedo lleno de humo y años, al cielo. | “Hyant’i mahets’i.” – Bi ‘ñe, |
Y todos obedientes voltearon y vieron un cielo sin luna y plagado de estrellas. Aún no había palabras para entender lo que era estrella; o el sol, la luna. Sus referencias eran sus propias experiencias y lo vivido. Cuando todos miraban hacia arriba, Nzahki les dijo que cada punto de luz, era un grupo de personas sentados en la noche, contando las historias de sus padres alrededor del fuego. Entonces, empezó a hablar.
Hace muchas lunas, antes de los hombres, de que el maiz naciera, Ñähtho un enorme cocodrilo, nadaba silencioso por el gran lago del tiempo. Agitaba su cola de tal forma que apenas el agua oscura se movía, produciendo que la luz brillara por primera vez y con ella se separó la luz y la oscuridad. | “Xa hingi zänä, ne hingi mädi, ne ra dethä bi mpo, Ñähtho, ra mätho gätsi, bi ñogi hñets’i ra dehe ra nguva. Bi hñäts’i ra ngui ha nuni hingi ntsaya ra dehe xudi, bi mpo ra nzafi di ngehni ha nuni, bi xita ra nzafi ne ra zänä”. |
El Hmüni ra Hingi Nehya era el guardián de los saberes de los abuelos, era quien organizaba los tiempos de la caza y la siembra, era quien hablaba por el río y por los árboles, quien sabía que el frio, el sol o la lluvia llegaría. Por eso guardaban silencio. Mujeres, niños y hombres lo miraban con respeto y miedo. Sabían que sus palabras no se equivocaban, pues nació antes que todos, nadie recordaba que alguien hubiera estado antes que Nzahki.
No había error en su lengua. Cada cosecha y cada caza se hizo porque él sabía leer lo que los abuelos le decían con el viento. Por eso nadie veía ahora el fuego, veían sus manos envejecidas, sus ojos casi ciegos, su cuerpo delgado seco y su boca sin dientes, desde donde el mundo hablaba.
No había noche ni día, la poca luz que había era la que el mismo Ñähtho hacía con su balanceo sobre las aguas del tiempo, las cuales, quietas, sin corriente, sin más vida que Ñähtho, no tenía orillas. Ñähtho, nunca había dormido y fue cuando el cansancio lo venció y sin parar de nadar, durmió por primera vez. Soñó seres que andaban con dos pies, de piel suave que vivían en algo fuera del agua del tiempo. Soñó una hoguera que se elevaba por detrás de un horizonte seco y que alumbraba un mundo que Ñähtho no conocía, con otros seres que cantaban cada mañana el nacimiento de la nueva luz. Despertó y lloró hasta morir. | “Hingi bi zänä ne hingi bi hyadi. Ñähtho, hingi bi kohi jamás, ha ya gihe bi zänä ra ts’othi ma di, ne hingi bi tsaya ra ñogi, bi kohi di ngehni. Bi tsuni ya nzaki ya bi ‘yo yoho ua, Bi tsuni ra huähi ya bi yot’i ma nyuma ra ximhai xifi Bi zöni |
Nzahki hizo una pausa y bajó los ojos al pie de la fogata. El humo negro se elevaba al cielo como un plegaria. Nadie supo que hacer, el viejo nunca lloraba, nunca reía, no gritaba o maldecía. Nadie lo vió nunca dudar un instante, pero en ese momento, una lagrima corrió por su mejilla seca y desapareció a la mitad de la cara, como el agua muere en tierra árida. Lloraba por el ancestral Ñähtho, quien flotó durante milenios pudriéndose.
No había noche ni día, la poca luz que había era la que el mismo Ñähtho hacía con su balanceo sobre las aguas del tiempo, las cuales, quietas, sin corriente, sin más vida que Ñähtho, no tenía orillas. Ñähtho, nunca había dormido y fue cuando el cansancio lo venció y sin parar de nadar, durmió por primera vez. Soñó seres que andaban con dos pies, de piel suave que vivían en algo fuera del agua del tiempo. Soñó una hoguera que se elevaba por detrás de un horizonte seco y que alumbraba un mundo que Ñähtho no conocía, con otros seres que cantaban cada mañana el nacimiento de la nueva luz. Despertó y lloró hasta morir. | “Hingi bi zänä ne hingi bi hyadi. Ñähtho, hingi bi kohi jamás, ha ya gihe bi zänä ra ts’othi ma di, ne hingi bi tsaya ra ñogi, bi kohi di ngehni. Bi tsuni ya nzaki ya bi ‘yo yoho ua, Bi tsuni ra huähi ya bi yot’i ma nyuma ra ximhai xifi Bi zöni |
Se detuvo y una de aquellas mujeres que oían, se acercó y le puso en las manos un recipiente de barro hecho especialmente para él, con el agua sagrada que crece entre los magueyes, él empezó a beber lentamente, mirando siempre el fondo de la vasija. No miraba a nadie y cuando lo hacía, sus miradas atravesaban a sus escuchas, así que nadie sabía si Nzahki sabía que un pueblo entero vivía junto a él.
El Hmüni ra Hingi Nehya vivía en una cueva junto al gran rio, cerca de la zona conocida como Ra ‘Ñoho Dehedu (el lugar del agua muerta), pues ahí las aguas se asentaban y se enegrecían, parecía que se detenía y decían que en ese sitio Ñähtho aún dormía bajo el lodo negro. Sólo Nzahki vivía ahí. No es que estuviera prohibido nadar o pescar ahí, pero nadie siquiera lo pensaba.
Aquel ser sin nombre ni género, los huesos de Ñähtho, con la sangre cuagulada, el polvo y el agua sagrada hizo peces para poblar las aguas, aves para poblar el cielo y animales, hombres y mujeres para poblar la espalda del mítico cocodrilo. Sembró plantas y árboles para dar alimento y cobijo todos los animales y hombres y mujeres. Despúes de un trabajo que duró muchas lunas, se sentó exhausto a descansar en el cerro más alto, para desde ahí ver su obra. Había tardado tanto en crear todo lo que ahora vivía sobre Ñähtho, que los hombres, al verse solos, creyeron que todo había sido creado para ellos que empezaron a destruir todo para su disfrute y aprendieron a matarse entre ellos. Aquel ser mágico los vio desde lejos y lloró. Lloró hasta que el agua del tiempo se saló con las lágrimas e inundaron el cuerpo del cocodrilo ancestral hasta que este se hundió en las aguas que murieron con todos los hombres y todo ser vivo que vivía sobre la tierra que el cuerpo del regaló. | “Nuni ra nzaki ya hingi bi thuhu ne hingi bi ñä, Bi t’ogi ya za ne ya yza Ma ya zänä ya bi tsaya ya nzoni, Bi tsaya ya zänä da hyoki gehni ya bi te ha Ñähtho, Ha bi mbeni da xoki gehni pa ra ts’edi ma ge’e, Nuni ra nzaki nzaki bi hyandi ma hñeni Bi zoni hinge tsaya
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A veces, Nzahki, empezaba a llorar, dejaba todo y se iba, a veces veía el cielo nocturno, lleno de estrellas y arrojaba todo al fuego, pateaba el agua de los cuencos, lanzaba la tierra y las piedras dando gritos y todo aquel que lo escuchaba, se levantaba asustado y daba pasos atrás para evitar ser golpeado por lo lanzado a la fogata.
Igual que se le veneraba, se le temía. Dicen que alguna vez lanzó algun niño, algún perro o animal pequeño. Dicen que alguna vez se lanzó el mismo. Todos lo veían para evitar algo que pueda lastimar al pueblo. Pero, mientras todos lo veían con los ojos desorbitados.
El relato terminó. Llorando llegó a su cueva y volteó al cielo para ver si podía encontrar aquel mundo donde dejó muerto a Ñähtho en el fondo del agua del tiempo, mientras los pájaros y los peces tambien moría. Recordaba cómo se fue volando a otros mundos y quemó el agua para poder encontrarla en la distancia de la noche.
[1] El Señor de lo Invisible, habla en una raíz otomí ancestral —o más propiamente hñähñu— para entender una lengua con una sonoridad distinta al español, traducción que fue construida para este cuento, con IA.