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  • 22 Nov 2022
  • 17:11
  • SPR Informa 6 min

El declive de poder de Estados Unidos, ¿una amenaza a nivel mundial?

El declive de poder de Estados Unidos, ¿una amenaza a nivel mundial?

Por Ernesto Ángeles .

Actualmente somos testigos de una gran turbulencia política a nivel internacional que no sólo se manifiesta en la guerra Rusia-Ucrania, sino que incluye la reactivación de una serie de conflictos regionales alrededor del mundo; así como el ascenso de fenómenos como el fortalecimiento de la ultra derecha a nivel internacional, sobre todo en países occidentales. Sin embargo, esta transformación es parte de una tendencia aún mayor, la cual se puede enmarcar bajo un modelo de transición de poder internacional entre Occidente y Oriente (principalmente en el área económica y productiva), sobre todo entre China y Estados Unidos; aunque también incluye países como India, Arabia Saudí, Rusia y otros países orientales, cuyas economías y peso geopolítico y geoeconómico está creciendo a costa del dominio de Occidente.

En este proceso nos encontramos ante un escenario que avista un período de turbulencia a nivel internacional, con la constante amenaza que se desate una guerra a gran escala; sin embargo, tal situación también conlleva una serie de oportunidades para países en la situación de México. Buena parte del desenlace de este escenario depende de la reacción de Estados Unidos y Occidente hacia perder posiciones y liderazgo internacional frente a China y Oriente; así como a la satisfacción de estos últimos hacia el orden y las reglas establecidas a nivel internacional, además de las medidas y proyecciones de ambos bandos para incidir en el proceso.

Entonces ¿qué podríamos esperar en un futuro? ¿Cómo sería un mundo multipolar? ¿Quién amenaza más la paz y la estabilidad a nivel mundial: Rusia/China o Estados Unidos/ Europa?¿Qué papel debería jugar México y cómo podría beneficiarse de esta coyuntura a nivel internacional?

Uno de los temas centrales en el estudio de la disciplina de las relaciones internacionales es el fenómeno de la transición de poder entre Estados, la razón por la cual este fenómeno es tan estudiado es porque esta situación puede desencadenar un conflicto armado entre las partes inmiscuidas o en terceros actores. Este conflicto puede desencadenarse a partir de la iniciativa del actor poderoso en declive como una estrategia de mantener su poder; así como también puede ser el resultado de la insatisfacción del poder en ascenso y como una manera de cambiar el estatus quo.

El proceso de transición de poder ha estado presente en las relaciones entre las distintas sociedades a lo largo de la historia, desde los pueblos, las ciudades-Estado, los Estados e Imperios, todos han generado diversas mecánicas de cooperación y conflicto y han sido parte de procesos de transformación en las capacidades y condiciones de poder; sin embargo, buena parte de estos procesos de re-acomodo han terminado en cruentas guerras, el último conflicto en gran escala fue la segunda guerra mundial.

Pese a lo anterior, también hay casos de transición de poder en donde el cambio ha sido pacífico y cooperativo, tal como pasó con el derrumbe de la Unión Soviética y el ascenso de Estados Unidos como potencia hegemónica, mucho depende de la satisfacción de los actores hacia el orden o el cambio estructural, así como la intención de un actor de ceder poder e influencia y cooperar, tal como lo hizo la naciente Rusia en 1991.

En la coyuntura actual, diferentes síntomas parecen indicar que Estados Unidos está optando por intentar mantener su predominio hegemónico en el sistema internacional frente a otros polos de poder que rivalizan con diversas posturas político-ideológicas de Estados Unidos, así como con sus intereses de poder. Una de las muestras más palpables de tal determinación es el hecho que Rusia y China han sido denominadas por Estados Unidos y algunos países de Europa como “amenazas”; sin embargo, ¿en qué amenazan a Estados Unidos y por qué son considerados como una amenaza hasta ahora?

Más allá del discurso democrático y de derechos humanos, la verdadera razón en tal determinación es que dichos países no están del todo conformes por las reglas y el orden internacional establecido por Estados Unidos y Occidente y, en caso de tener las capacidades y condiciones necesarias, no dudarían en cambiar algunas pautas internacionales que no les son convenientes o acordes a sus sistemas políticos internos.

Pese a la estridencia y dramatismo de la propaganda occidental, es importante señalar que el fenómeno de la transición de poder internacional presupone la transformación de un orden establecido (a través del ejercicio y capacidades de poder) hacia otro tipo de orden; sin embargo, dicho cambio usualmente se erige sobre el orden anterior, ya que el progreso humano usualmente es acumulativo, aún con guerras y conflictos a gran escala, entonces, ¿qué escenarios podríamos esperar?

Es innegable que Estados Unidos está en una encrucijada entre aceptar tal transformación de poder y cooperar en pos de un beneficio para todos a nivel mundial o llevar a cabo una serie de estrategias y movimientos para impedir el crecimiento de sus competidores, esta última opción parece ser la que ha elegido Estados Unidos y Occidente al intentar asfixiar económicamente a Rusia y forzar un cambio de régimen, aunque esta no es por lejos su única estrategia, Occidente está moviendo una serie de piezas con el objetivo de desestabilizar y debilitar a sus adversarios, tal como lo planea con Taiwan y China, así como también contra Irán y Turquía; pasando por África, el Este de Europa y América, usando en el proceso herramientas que van más allá de las alianzas y la diplomacia, tal como el “activismo” y el apoyo a grupos de choque y terroristas, así como las alianzas políticas y la inyección de dinero y narrativas a los medios masivos y las grandes plataformas.

Por otro lado, China y Rusia están haciendo lo propio, sobre todo a partir de la cooperación y las alianzas estratégicas, tanto económica como militar, tal como la reciente cumbre de Sarmacanda en el seno de la Organización de la Cooperación de Shanghái o la reactivación del bloque conocido como BRICS, el cual ha recibido buena cantidad de nuevas aplicaciones de países como Arabia Saudí, Irán, Argentina o Nigeria.

Entonces ¿Se está gestando el escenario para un conflicto mundial a gran escala o simplemente se está transformando la estructura del sistema internacional y las relaciones entre los países?

Es difícil pensar que algún grupo de tomadores de decisión sea lo suficientemente papanatas o sádico como para sacrificar buena parte de la población mundial en pos de mantener la hegemonía, tal como resultaría en el caso de una guerra directa entre poderes nucleares; sin embargo, eso no significa que no se puedan generar varios conflictos indirectos que sirvan de escenario de confrontación entre grandes poderes, muy a la usanza de la Guerra Fría, tal como el caso de Ucrania, el cual está diseñado para desgastar a su oponente.

Por otra parte, China parece estar optando por mantener buena parte de las pautas y estructuras del orden internacional diseñado por Occidente, ya que gracias a éste China se ha beneficiado de sobremanera; sin embargo, existen intereses regionales vitales de Pekín que chocan directamente con Estados Unidos, por lo que en algún momento alguno de los dos actores deberá ceder en sus ambiciones o estar preparado para, cuando menos, enfrentar una guerra regional que bien podría extenderse a nivel mundial.

A su vez, Europa está dando tímidas muestras de autonomía internacional frente a Estados Unidos, principalmente en el ámbito económico y comercial; sin embargo, todo parece indicar que los intereses políticos y las alianzas con Estados Unidos aún pesan más que el interés nacional y su economía, aunque esto no descarta que en un futuro Europa se comporte como una bisagra que se balancee entre la influencia estadounidense y la influencia de China.

Por último, en el caso de México esto genera una serie de oportunidades, muchas de ellas devenidas del aumento de dependencia de Estados Unidos hacia regiones productivas más allá de Asia y China; sin embargo, mucho dependerá de cómo México reaccione ante tal bonanza, si se sigue invirtiendo en infraestructura y producción o si se vuelve al modelo financierista que sólo beneficia a algunos pocos; además, en este proceso se debería voltear a ver casos como China u otros países de Asia, los cuales no se quedaron estancados en las economías de recursos, manufactura y poco valor añadido, sino que han apostado por la producción de alto valor añadido vía la tecnología, algo que es más que evidente que le falta al país. Asimismo, México no debería caer en la trampa de decantarse por un bando o por otro, sino mantenerse fiel al aparato doctrinario de la política exterior nacional.