La madrugada del 3 de enero de 2026 ha quedado marcada como un punto de inflexión en la historia contemporánea de nuestra región. La detención de Nicolás Maduro y la ejecución de la operación "Resolución Absoluta" además de representar un cambio en el tablero político, dispara una alarma inmediata sobre la fragilidad de la vida humana en un sistema sanitario que ya se encontraba en un estado de alta vulnerabilidad.
Desde México, un país que históricamente ha enarbolado los principios de no intervención y autodeterminación de los pueblos, debemos observar con prudencia este viraje. No se trata simplemente de un cambio de mando en Venezuela, sino de la supervivencia de millones de ciudadanos que dependen de un entramado de salud que puede quedar en la incertidumbre.
El destino de la “Misión Barrio Adentro”
Uno de los pilares más sensibles de la última década en Venezuela es la Misión Barrio Adentro. Este programa fue concebido originalmente bajo una lógica de justicia social y atención primaria para los sectores históricamente excluidos. Se fundamentó en un modelo de cooperación binacional: el intercambio de "petróleo por médicos" con Cuba.
Desde la perspectiva de la política pública, este programa logró democratizar el acceso a la salud en barrios y zonas rurales. Sin embargo, su estructura, paralela al sistema formal, su falta de transparencia y su ideologización, la dejó en una posición de alta dependencia externa que hoy enfrenta su mayor prueba de resistencia.
Ante el vacío de un mando central fuerte y la posible salida de personal de salud extranjero, el riesgo de una parálisis operativa es inminente. El desafío para cualquier proceso de transición en Venezuela, no debe ser el desmantelamiento de esta red por razones ideológicas, sino su rescate técnico. Es imperativo desideologizar estos centros y profesionalizarlos, integrándolos a un sistema nacional de salud sólido que garantice la continuidad de la atención para quienes no tienen otra alternativa.
La logística de medicamentos y vacunas
Venezuela ha dependido de mecanismos complejos para el suministro de medicamentos esenciales. El gobierno venezolano no compra la mayoría de sus genéricos directamente en el mercado abierto. Utiliza a Cuba como intermediario logístico de principios activos provenientes de Asia para la comercialización final de medicamentos. Venezuela podría perder de la noche a la mañana el flujo del 60% al 70% de los medicamentos básicos que se otorgan en la red pública de salud.
Aquí, la estabilidad no es un tema de política, sino de biología: la interrupción de un tratamiento ocasionaría en muchos casos, un deterioro de la salud de millones de venezolanos.
Más crítico aún es el panorama de las inmunizaciones. A finales de 2025, ingresaron al país más de 8 millones de dosis de vacunas destinadas a proteger a la infancia venezolana. Hoy, la "cadena de frío" es el rehén más silencioso del conflicto. En este punto, la intervención de las agencias sanitarias regionales se vuelve vital, no como un actor político, sino como un garante técnico que asegure que los almacenes sean respetados como zonas de paz y neutralidad.
La columna vertebral del debate internacional hoy es, necesariamente, el respeto a la soberanía. El intervencionismo unilateral, como el que hemos presenciado, genera siempre desafíos al derecho internacional. México ha sostenido con firmeza que las soluciones a las crisis internas deben ser soberanas y a través del diálogo.
Ante sucesos como los acontecidos y sus consecuencias en la gobernabilidad, el papel que deben jugar los organismos multilaterales es el de árbitros neutrales. Su función es servir de puente para que la ayuda humanitaria y el financiamiento internacional lleguen directamente a los centros de atención primaria y a los hospitales, sin ser utilizados como herramientas de propaganda o control social. La soberanía de una nación también reside en la salud de su pueblo, y protegerla requiere hoy de una diplomacia sanitaria de alta precisión.
Es aquí donde la Organización Panamericana de la Salud (OPS) debe jugar un papel trascendental. Actualmente es el organismo con la legitimidad técnica y la red logística para evitar que un colapso político se transforme en una “crisis sanitaria” por omisión, por falta de personal de salud o suministros médicos.
Venezuela requiere una hoja de ruta que trascienda las consignas y los revanchismos. La reconstrucción de la infraestructura hospitalaria y el restablecimiento de la inteligencia epidemiológica -ausente durante años- son tareas que no pueden esperar a que se calmen las aguas de la alta política.
México fiel a su tradición de mediación tiene un papel fundamental: exigir que la salud de los venezolanos se ponga sobre la mesa de cualquier salida a la crisis. El sistema sanitario no debe ser una moneda de cambio; debe ser una prioridad. La gobernanza de la salud pública será, en última instancia, el verdadero termómetro del éxito o fracaso de esta nueva etapa en la historia de Venezuela. La política pasa, pero el derecho a la vida es permanente.