La semana pasada sucedieron dos cosas interesantes dentro del mundo de la inteligencia artificial: la primera fue que Washington bloqueó la exportación del modelo de inteligencia artificial de Anthropic, Fable 5, la versión “segura” de Mythos, su modelo de IA más potente hasta el momento, alegando riesgos de hackeo. Por otro lado, la administración del presidente Trump dio a conocer su intención de que el gobierno pudiera comprar acciones de diferentes empresas de inteligencia artificial y repartirlas a la población, algo sin precedentes en el supuesto libre mercado estadounidense.
Entre las múltiples interpretaciones que esto pudiera tener, una de ellas es que esto parece ser sintomático de una tendencia tecnológica que se está extendiendo ahora en el mercado de la inteligencia artificial: la ruptura del sistema internacional, también conocida como “balcanización”.
Hasta hace algunos años, cuando internet era el paradigma central en la discusión de tecnologías digitales, se hablaba de conceptos como la “balcanización”, la ruptura o la partición de internet, las tecnologías de información y comunicación y, más ampliamente, del ciberespacio; sin embargo, conforme la inteligencia artificial ha ocupado el centro de toda discusión, financiamiento y desarrollo tecnológico, este paradigma fue perdiendo lugar en la discusión de gobernanza tecnológica, aunque las fuerzas detrás de esta tendencia no.
Para entender la ruptura del ciberespacio primero debemos tener en claro qué es y cómo se constituye: de entre las diferentes definiciones que existen de este sistema podemos identificar diferentes vertientes, entre las más dominantes son aquellas que analizan al ciberespacio desde una perspectiva social y funcional, mientras que por otro lado están aquellas voces que lo explican desde su vertiente técnica y estructural.
En general, este sistema se compone de tecnologías e infraestructuras asociadas a la comunicación y cómputo, en donde la información se crea, procesa, transmite, controla y ordena gracias a la interacción entre personas, dispositivos y subsistemas tecnológicos. Para su funcionamiento no sólo es necesaria la producción de dispositivos y la construcción de infraestructura, sino que es imprescindible la creación de estándares y protocolos que faciliten su interoperabilidad internacional.
Para organizar todo lo anterior se han creado y reorganizado organismos internacionales en donde la coordinación usualmente se da a través de la participación no sólo de gobiernos, sino de empresas y empresarios, organizaciones, intelectuales, activistas, etc. Por lógica numérica, históricamente estos espacios han estado fuertemente dominados por Estados Unidos y otros actores occidentales.
Y no sólo eso, sino que debido a que Estados Unidos ha dominado el desarrollo de infraestructura crítica y central para internet, el funcionamiento de este sistema también depende en gran medida de los designios de Washington, su mercado y su élite.
Pero el ciberespacio ha evolucionado a la par del sistema internacional y sus dinámicas, por lo que las fuerzas de la transición de poder internacional se manifestaron en casos como la competencia de Huawei, Alibaba o TikTok en China; Galileo y el Proyecto Gaia en Europa o Telegram y RT Noticias en Rusia.
Además, debido a los excesos en las sanciones comerciales estadounidenses, las declaraciones como las de Edward Snowden en 2013; así como por las dinámicas propias de internet y el ciberespacio, países como China, Rusia, Arabia, Irán o Israel construyeron muros en su ciberespacio nacional, al punto que China o Rusia bien podrían convertirse metafóricamente en una isla digital en el ciberespacio si fuera necesario, desconectándose de internet global y poniendo parcialmente en marcha la tan temida ruptura/balcanización.
No obstante, este esfuerzo no sólo es de parte de los países que quieren salir de la órbita de dominio y dependencia hacia el sistema tecnológico internacional dominado por EUA, sino que Washington también se ha esforzado por expulsar o bloquear a países de su sistema tecnológico internacional, cuyos casos van más allá de internet y sus servicios.
Uno de los ejemplos más sonados es el de la tecnología de semiconductores, aquí EUA bloqueó el acceso de China a diferentes tecnologías de chips, afectando no sólo su mercado de dispositivos, sino también de inteligencia artificial. También está el caso de Huawei (y más de otras 40 empresas chinas), las cuales vieron negado su acceso al mercado y ecosistema tecnológico estadounidense, con consecuencias catastróficas para sus negocios. El mismo destino sufrió Rusia en 2022 tras comenzar su “operación especial” contra Ucrania, quien vio su acceso negado al ciberespacio y sus tecnologías occidentales.
Por tanto, no se puede hablar de una balcanización de la inteligencia artificial sin comprender su lugar en un contexto más amplio, en donde la propia ruptura de áreas como el cómputo, los dominios de internet o el almacenamiento de datos impactan directamente en la construcción de IA.
Lo distintivo de la balcanización aplicada a la inteligencia artificial es que no se limita a bloquear el acceso a un producto terminado, aquí se disputan al menos tres capas simultáneas: el cómputo (chips y centros de datos capaces de entrenar modelos de frontera), los modelos mismos (qué versiones se permite usar, exportar o incluso estudiar) y el talento (quién puede participar en su diseño y entrenamiento), más otras áreas que puedan sumarse (y que seguramente lo harán).
El caso Fable/Mythos ilustra justamente esta segunda capa: no se trata de un país adversario al que se le niega el acceso, sino de un mismo gobierno bloqueando, dentro de sus propias fronteras el modelo de una empresa estadounidense hacia usuarios extranjeros, lo cual sugiere que la lógica de balcanización ya no distingue del todo entre aliados y rivales: cualquier actor externo al núcleo de decisión puede quedar del lado equivocado de la frontera regulatoria.
Esto plantea una paradoja para los propios países occidentales alineados con Washington: La balcanización, entonces, no corre únicamente a lo largo de la línea Estados Unidos–China, sino también al interior del propio bloque occidental, entre Washington y el resto del mundo, incluidos sus aliados.
Más allá de los discursos catastróficos que hacían ver el dominio estadounidense del sistema tecnológico internacional como algo deseable e inevitable, la ruptura del ciberespacio y sus áreas como la inteligencia artificial abre oportunidades para otros países, especialmente si estos tienen la suficiente habilidad y visión para no quedar atrapados dentro de la órbita de sistemas como el chino o el estadounidense, sino que logren balancear, beneficiarse y, en últimas, fomentar su mercado y ciberespacio nacional.
Uno de esos ejemplos es Olinia, el coche cuya producción está fomentada directamente el Estado mexicano y para el cual se tendrán que crear marcos normativos adecuados… así sucederá en otras áreas, en donde los países apostarán por su propio desarrollo tecnológico, el problema es que en tal escenario lo más seguro es que Estados Unidos y sus empresas apuesten por la exclusión y por hacer casi imposible la interoperabilidad y la presencia de tecnología extranjera en su propio mercado.