Hoy muchos hablan de futbol. Muchos se suben al tren, lo usan para hablar de negocios, para hablar de política, para hablar de cualquier cosa que resulte conveniente. Pero, ¿qué saben realmente de futbol?
Extraño aquellas tardes contra los de arriba o los de atrás. Los penales en el portón del “Chuchi” o en “la de hoy”. Los tres litros para quien ganara.
Hoy, mientras Erling Haland cargaba con Noruega ante Irak, y Messi se salvaba de ser expulsado (quién sabe por qué) cuando le daba el partido a su selección Argentina ante Argelia; mientras la selección de Irán daba a conocer cómo migración del anfitrión Estados Unidos los hacía esperar cinco horas para cruzar; y mientras un “loco Bielsa” rompía el molde de los empresarios de la FIFA por no prestarse a sus prácticas.
Mientras todo eso sucedía, por allá en Culiacán, en un barrio de las orillas, de esos que atraviesa un canal pluvial, de esos que a la capital no le preocupó limpiar ni preparar para las lluvias; mientras los moscos generados en la maleza y los olores se desprendían por el sector, y mientras el fantasma de la violencia latente aparecía con el paso de las patrullas militares, un terreno, dos porterías y un balón parchado fueron todo lo necesario para que más de 50 jóvenes formaran cuatro equipos y jugaran un Mundialito de barrio.
Uno real. Uno levantado entre nubes de tierra. Bajo el grito del hijo, de la novia o de la familia desde una grada improvisada.
Empujando y gritando para que su equipo ganara su trofeo: una invaluable fría de tres litros y el orgullo de ser los mejores de la colonia o del barrio.
Un esfuerzo colectivo, lejano a ese que quisieron vendernos desde la FIFA movilizando promotores deportivos que sirven como entes orgánicos de políticos; esos que más que fomentar el deporte promueven imágenes. Pero hoy no hubo de eso. Hoy se rompió el molde. Hoy se priorizó el deporte más bello, capaz de hacer olvidar el mal momento, las limitantes y cualquier problema.
El futbol cumplió su propósito: democratizar y crear comunidad; recuperar el espacio público y visibilizar que es necesario brindar espacios de calidad a todos los rincones, en este caso de la capital de Sinaloa, pero también a cualquier comunidad que los necesite.
Violencia sí existe. Temor, claro. Pero es mayor la intención de las y los vecinos por recuperar la paz y reconstruir la comunidad con esfuerzos como estos. Porque es imposible acudir a estos encuentros y no contagiarte, emocionarte o hasta, como un servidor, terminar pidiendo minutos de juego y sentirte parte de algo.
El futbol une, enseña y crea humanidad. Es necesario fomentarlo junto con otros deportes como política pública, pero también dejar atrás esos grupos que se dedican más a movilizar personas y que obligan a formar parte de estructuras a cambio de apoyos para unos cuantos.
El futbol y los deportes deben ser para todas y todos. Deben ser recreativos, comunitarios y populares. Deben alejarse de los Mundialitos de la FIFA, de los de la Liga MX e incluso de aquellos que excluyen. Porque son, y deben seguir siendo, para todas y todos.
Debe volver el juego que termina en “gol gana” porque se va el dueño del balón.
Y es ahí, y solo ahí, cuando el partido termina.
Por eso, ¿qué saben ustedes de futbol?