Ocurrió un nuevo aniversario del 2 de octubre. Este año fue la marcha fue menos agresiva que en años anteriores, según la opinión de un amigo que trabaja en seguridad pública. En redes sociales se denunció violencia policiaca ese día en el metro Tlatelolco, pero uno de los videos más virales de este año fue un conjunto de jóvenes bailando al ritmo de “La carencia” de Panteón Rococó en la esquina de 5 de mayo con Isabel La Católica. La protesta también puede ser festiva.
El “68 mexicano” fue parte importante de un proceso más grande: la “Revolución Cultural Mundial de 1966-1969” que inició en China en 1966, tuvo su punto máximo en 1968 con el “mayo francés”, la “Primavera de Praga” y el movimiento estudiantil mexicano e históricamente termina con el Cordobazo argentino de 1969. Fernand Braudel es el historiador más destacado de la segunda generación de la escuela historiográfica de Los Annales e indicó que esta Revolución cultural tenía similitudes con el Renacimiento italiano o la época de la Reforma (Fernand Braudel, “Renacimiento, Reforma, 1968: revoluciones culturales de larga duración”, en La Jornada Semanal, núm. 226 México, octubre de 1993).
Como mencioné la semana pasada, la UAM (fundada en 1974) es fruto directo de esta lucha, pero también las Facultades de Estudios Superiores de Zaragoza y Aragón (1976). Luis Echeverría se vio obligado por las circunstancias a abrir espacios para los universitarios, utilizando un modelo copiado de los Estados Unidos en donde no se concentraban las facultades en un mismo lugar, sino que se hacía en espacios aislados para evitar que los estudiantes se juntaran y se organizaran.
Para conocer el 68 a nivel mundial recomiendo escuchar tres canciones: “Papá cuéntame otra vez” de Ismael Serrano, dónde un joven de la “generación X” (generación nacida entre 1965-1980) le pide a su papá (Baby boomer, nacidos entre 1946-1964): “Papá cuéntame otra vez ese cuento tan bonito de gendarmes y fascistas, y estudiantes con flequillo (…) Papá cuéntame otra vez todo lo que os divertisteis, estropeando la vejez a oxidados dictadores. Y cómo cantaste "Al Vent" y ocupasteis la Sorbona en aquel mayo francés en los días de vino y rosas”.
Otra canción es “1968” de Joaquín Sabina: “Aquel año mayo duró doce meses (…) Jean Paul Sartre y Dylan cantaban a dúo, jugaban al corro Lenin y Rambo (…) la poesía salió a la calle, reconocimos nuestros rostros, supimos que todo es posible en 1968. Pero no pudimos reinventar la historia: mascaba la muerte chicle en el Vietnam, pisaban los tanques las flores de Praga, en México lindo tiraban a dar. ♪ Finalmente, “Those were the days” de Mary Hopkin sonaba en la radio en ese año e inspiró el título del libro de Luis González de Alba “Los días y los años” (1971).
Los jóvenes de la “generación Y” o “milenials” (nacidos entre 1981-1996) crecimos escuchando “Nada pasó” del Panteón Rococó: Sólo una bala lo ha alcanzado, le destrozo el corazón, tantas historias que se han contado, de todas no se enteró. Al otro día no se habló nada, todo el mundo cayó. Pistola en mano y una metralla, y aquí nada pasó ♫. Preguntaré a mis alumnos de Preparatoria si alguna canción le recuerda esta época a su generación.
El 12 de octubre de 1968 se inauguró la Olimpiada. En el libro Historia del pueblo mexicano, existe un capítulo de Ángel Rodríguez Kuri titulado “1968: dos historias”. La primera historia cuenta cómo se consiguió la sede para la Olimpiada de 1968: “la Ciudad de México ganó la sede de los Juegos Olímpicos de 1968, a pesar y gracias a la Guerra Fría. México recibió 30 votos, Detroit 14, Lyon 12 y Buenos Aires 2”. El posicionamiento mexicano fue simpático a de los miembros del Comité Olímpico Internacional porque provenían de países recién independizados y preferían identificarse con México y no con Estados Unidos (Detroit) o Francia (Lyon). Además, México prometió Juegos de bajo costo que contrastaba con Tokio 1964.
Otro punto: en febrero de 1968, con todo preparado en la Ciudad de México para los Juegos, Sudáfrica fue readmitida en el Comité Olímpico Internacional, lo que obligaba al gobierno de México a invitar a los Juegos al gobierno más racista y cínico del mundo, los que practicaban el apartheid. Tras una amenaza de boicot, fue cancelada la admisión de Sudáfrica. También hubo una olimpiada cultural que ocupó teatros, salas de concierto, vías públicas y explanadas durante 11 meses de aquel año: del Bolshoi a Ella Fitzgerald, el Ballet del Senegal, Maurice Chevalier, la Ópera de Berlín entre otros.
Destaca Rodríguez Kuri que: “los Juegos de la Ciudad de México fueron los más baratos de todos los celebrados entre 1964 y 1988, esto es, 502 millones de dólares (dólares de 1982); usando el mismo rasero (dólares de 1982), los Juegos de Tokio (1964) costaron 6 600 millones de dólares”. Los Ángeles, que serán la sede de la próxima olimpiada en 2028, en 1984 gastaron 525 millones con un modelo organizativo fue muy parecido al de la Ciudad de México.
Como sabemos el 12 de octubre de 1968 se inauguraron los 19 Juegos Olímpicos con el encendido de la antorcha por parte de la velocista mexicana Enriqueta Basilio. En el podio de los 200 metros, los atletas estadounidenses Tommie Smith y John Carlos levantaron el puño enfundado en un guante negro mientras sonaba su himno, como protesta por los derechos civiles y raciales en EE. UU.
Para conocer sobre el movimiento estudiantil, la principal obra es La noche de Tlatelolco de Elena Poniatowska, así como las películas “Rojo Amanecer” y “Tlatelolco: verano del 68”. Para conocer sobre las olimpiadas existen gran cantidad de videos disponibles en YouTube.