Esta semana inicia la segunda ronda de negociaciones entre México y Estados Unidos, rumbo a la revisión final del T-MEC en julio próximo y está vez incluye al sector agroalimentario.
Se trata de un tema de vital importancia, ya que está en juego la fortaleza agropecuaria de la región de Norteamérica y la posibilidad de convertirse en un importante bloque exportador de alimentos para el resto del mundo.
Recordemos que el intercambio comercial agropecuario entre los tres países, más que de competencia, ha sido complementario, pues los consumidores de la región han tenido en todo el año acceso a productos sanos, inocuos y de calidad y se ha garantizado la seguridad alimentaria.
Por ello, no es gratuito que la semana pasada, productores de carne, exportadores y organizaciones vinculadas a la cadena alimentaria estadounidense advirtieran que el acuerdo es fundamental para mantener la demanda de productos agropecuarios, sostener mercados estratégicos y evitar aumentos en los precios de los alimentos para los consumidores.
Mientras que en México, el sector agroalimentario también alertó que la estacionalidad de productos hortofrutícolas es el principal riesgo para el campo en la revisión del T-MEC, ya que Estados Unidos podría impulsar aranceles o ventanas de restricción comercial contra frutas y verduras mexicanas.
Este es un tema de preocupación para el Consejo Nacional Agropecuario (CNA), que encabeza Jorge Esteve, ya que afectaría a productos que México produce de forma competitiva como tomate, berries, espárragos, fresas, aguacate y pepino.
“Para mí, en el campo, el principal reto va a ser la estacionalidad de los productos que México produce muy competitivamente y se nos va a intentar frenar a través de aranceles, a través de ventanas para poder competir”, sostuvo durante un seminario del organismo.
Otra voz que se escuchó fuete también fue la de la Unión Agrícola Regional de Fruticultores del Estado de Chihuahua (UNIFRUT), a cargo de Francisco Javier Terán, que expuso la preocupación por la entrada de algunos productos agrícolas con posibles prácticas de dumping y por las condiciones desiguales de comercialización que enfrentan diversos sectores del campo.
Sin embargo, expresó la permanencia y fortalecimiento del T-MEC, al considerar que sus beneficios superan los desafíos que aún deben atenderse, así como la importancia que tiene para la estabilidad económica y las relaciones comerciales de la región.
Y es que, la advertencia del presidente Donald Trump sigue latente, al señalar la semana pasada que su país podría no renovar el acuerdo comercial, ante el déficit que presenta Estados Unidos.
No olvidemos que el año pasado, nuestro país importó de Estados Unidos 30.6 mil millones de dólares en productos del campo, pero le vendió más de 43.8 mil millones de dólares en productos como cerveza, tequila, aguacate, berries y jitomate, principalmente.
Bajo este escenario, resulta inviable la exigencia de algunos líderes de organizaciones campesinas, de sacar los granos del acuerdo comercial, en donde se ven más tintes políticos que verdadera preocupación por las y los productores mexicanos.
La pelota ya está en la cancha y es seguro que el Gobierno de México sacará sus mejores jugadas (la experiencia la tiene) para lograr un acuerdo que beneficie al sector agroalimentario de los tres países y nos haga una potencia ante el resto de los bloques comerciales. La competencia es con otras regiones, recordemos.