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¿Por qué las Big Tech están obsesionadas con la inteligencia artificial y el fin del mundo?

¿Por qué las Big Tech están obsesionadas con la inteligencia artificial y el fin del mundo?

Por Ernesto Ángeles .

Actualmente el mercado de inteligencia artificial se enfrenta a una serie de retos, varios de los cuales son resultado de la brecha entre promesas hechas y resultados dados, los cuales incluyen: 

  • Mostrar viabilidad financiera en sus negocios a largo plazo; monetizar sus productos ante las enormes inversiones que han recibido; navegar el creciente rechazo social hacia sus productos y la instalación de centros de datos y, en general, mantener vivo el interés, el ánimo y la permisividad hacia el mercado de la inteligencia artificial. 

 

Ante esta situación, en las últimas semanas las empresas han optado por diversas estrategias para conseguirse más tiempo, recursos y capital; entre estas acciones resaltan: 

  • El lanzamiento de productos más potentes —como Astra, la IA agente de OpenAI lanzada recientemente al mercado—; hacer declaraciones que infunden miedo en la población —como la noticia de los agentes de IA hackeando a medio mundo, o el investigador de Anthropic que afirmó que existe un 10% de posibilidad de que una superinteligencia artificial extermine a la humanidad—; vender como maravillas científicas la apropiación masiva de propiedad intelectual —la supuesta "solución" del problema Navier-Stokes— y, la estrategia favorita de Sam Altman, afirmar que estamos cerca de la superinteligencia artificial.

 

Y dadas las limitaciones por sacar más y mejores productos ante cualquier ola de críticas, quedan las narrativas especulativas y grandilocuentes, las cuales suelen tener especial efectividad en los mercados. 

La idea central es la superinteligencia artificial, la cual supone una inteligencia que exceda ampliamente las capacidades cognitivas humanas, capaz de auto mejorarse y, usualmente, presentada como un peligro para la humanidad, pero también con el potencial de producir maravillas científicas. 

Es importante considerar que la superinteligencia artificial es una idea especulativa que lleva décadas de discusión, pero que hasta el momento se mantiene en el terreno teórico. Por tanto, podrían nunca materializarse, por más que sus propagandistas digan lo contrario.

Por ejemplo, ¿es posible siquiera crear una superinteligencia artificial con los recursos con los que se cuenta actualmente? ¿Qué sería el elemento que la elevaría más allá de la inteligencia humana y cómo siquiera podría entenderse? ¿Cómo podría un equipo saber si creó una inteligencia artificial más allá de su propia inteligencia? ¿Cómo siquiera podríamos relacionarnos con ésta? 

A su vez, una inteligencia que exceda la humana podría no compartir con nosotros objetivos, metas y formas de alcanzarlas. Resulta ingenuo creer que la inteligencia humana es únicamente el resultado de la lógica, la razón y el procesamiento de datos: existen dimensiones sociales, ecológicas, geográficas, culturales y, en general, materiales que coadyuvan en lo que conocemos como inteligencia.

Entonces, ¿cómo sería una superinteligencia privada de materialidad y todo lo que esto conlleva?

Más allá de la especulación teórica, la narrativa de la superinteligencia artificial opera como un mecanismo de legitimación política que desvía la atención hacia amenazas futuras para evitar rendir cuentas en el presente: no sólo sirve para vender la idea a los mercados, sino para eludir responsabilidades en áreas como el desplazamiento de trabajadores, las parcialidades algorítmicas o el ejercicio de influencia política. 

La narrativa de la superinteligencia artificial y su riesgo inminente sirve también para vender la idea de que estas compañías realizan una labor que salvará al mundo, absorbiendo las críticas que de otro modo se dirigirían contra sus prácticas empresariales. Además, al presentar su desarrollo como algo “natural”, justifican una carrera armamentística y la producción de tecnología con pocos estándares de seguridad o consideraciones éticas.

Cuando se acepta que la superinteligencia artificial es inevitable, se dejan de lado cuestiones acerca de cómo se construye la inteligencia artificial, posicionándola como algo determinista y no como el resultado de un gran proceso de acumulación y apropiación de datos, información y, en general, del conocimiento de la humanidad, el cual es comandado por una pequeña élite de multimillonarios. 

Por tanto, hoy en día la superinteligencia artificial es a la vez un proceso político y técnico, ya que no sólo existe una forma de desarrollar inteligencia artificial, ni un solo objetivo a perseguir; actualmente diversas comunidades y países están desarrollando y usando inteligencia artificial sin aspirar a una superinteligencia artificial, sino a responder a problemas reales. 

En última instancia, la narrativa de la superinteligencia artificial no es una profecía técnica: es una apuesta política, una apuesta que beneficia a quienes la proclaman, desplaza responsabilidades y reconfigura el debate público en torno a un horizonte que, de materializarse, lo haría en sus propios términos.