• SPR Informa
  • SPR Informa
  • SPR Informa
  • SPR Informa
  • SPR Informa
  • https://www.sprinforma.mx/noticia/el-delirio-del-legado
  • hace 6 horas
  • 08:09
  • SPR Informa 6 min

El delirio del legado

El delirio del legado

Por Emerson Segura Valencia

Donald Trump ha dedicado buena parte de su vida a nombrar y renombrar tantas cosas como le ha sido posible, ya sea como presidente de Estados Unidos o como empresario. La imposición de una marca y de una estética ha sido el sello que lo ha acompañado a lo largo del tiempo y que, a su vez, lo ha llevado a bautizar edificios, hoteles, montañas, campos de golf, aerolíneas, casinos e incluso, ahora desde el poder público, instituciones y territorios.

El caso más reciente llegó el fin de semana pasado, cuando Trump publicó una serie de mapas en los que “Nuevo México” aparece como “Nueva América”, una propuesta que, según la legislación estadounidense, no puede ser impuesta por el gobierno federal. Asimismo, publicó una imagen en la que toda América del Norte es dibujada como territorio estadounidense. Sin embargo, esta provocación, no es nueva. Una de sus primeras órdenes ejecutivas, del 20 de enero de 2025, se tituló Restoring Names That Honor American Greatness (“Restaurar nombres que honran la grandeza estadounidense”).

Otra de sus decisiones más polémicas y mediáticas fue la orden de llamar “Golfo de América” al Golfo de México, lo que le valió una serie de críticas tanto de la clase política tradicional como del mundo del entretenimiento y el espectáculo —sector al que Trump nunca ha querido dejar de pertenecer—. En esa misma orden, revirtió el nombre de Denali, la montaña más alta de América del Norte. Barack Obama había oficializado en 2015 el nombre indígena Denali, utilizado durante generaciones por los pueblos nativos de Alaska. Trump ordenó recuperar Mount McKinley, en honor al presidente William McKinley.

McKinley es una figura especialmente útil para entender el imaginario político que Trump intenta reconstruir: proteccionismo económico, nacionalismo, expansión territorial y la idea de que Estados Unidos puede actuar de manera impune frente al mundo. Como congresista, impulsó el llamado McKinley Tariff de 1890, que elevó fuertemente los aranceles para proteger a los fabricantes estadounidenses de la competencia extranjera.

En agosto pasado, en medio de su disputa comercial con Canadá, el presidente sumó el “Lago América” para sustituir al Lago Ontario. También ha sugerido cambiar el nombre de los océanos Atlántico y Pacífico e incluso llamar “Estrecho de Trump” al Estrecho de Ormuz. El afán de Trump por rebautizar espacios públicos llegó también al Kennedy Center, uno de los símbolos culturales de Washington, y el “Instituto de la Paz de los Estados Unidos” pasó a llamarse “Instituto Donald J. Trump de la Paz”.
Esta fijación con la nomenclatura “TRUMP” y, ahora, “América” busca la reafirmación obsesiva y permanente de la identidad del inquilino de la Casa Blanca. Como si ambas palabras fueran una suerte de sinónimos, de términos sustitutos. Así, su nombre podrá durar más que él, unido a algo visible y perdurable pero que, al mismo tiempo, revela una insaciable necesidad de significado.

No hay nada más embriagador que dejar una marca permanente en este mundo y es así como se pone en circulación el suministro narcisista de la atención, la admiración y la validación para mantener el sentido de sí mismo. Por esta razón, el presidente se deleita en ser atacado, ya que ello mantiene la atención sobre él. “El autoerotismo lo coloca en una relación de alienación y de ausencia frente al otro.”

La revista estadounidense The Atlantic satirizó: “Los Estados Unidos de América se están convirtiendo en los ‘Estados Unidos de Donald Trump’”, y agregó: “Trump está adjuntando su cara y nombre a cada lugar que puede”. Trump se vuelca principalmente sobre el yo, borrando cualquier resquicio del otro. Es decir, Trump oscila entre el narcisismo y el solipsismo: entre la necesidad de verse reflejado en todo y la pretensión de que fuera de sí mismo apenas existe algo que merezca ser nombrado.