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Los poderosos no son intocables

Los poderosos no son intocables

Por María Fernanda Orozco Díaz

Víctor Rodríguez Padilla fue, durante año y medio, el director general de Petróleos Mexicanos. Un cargo que en México no es menor: implica entre muchas otras responsabilidades: presupuestos millonarios, acceso al círculo cercano de trabajo de la Presidencia de México y, según las declaraciones de la propia víctima, la certeza de que a nadie le iba a pasar nada. Porque -parece ser que- cuando se tiene poder, uno (en especial los hombres) llega a creerse dios todopoderoso. Y un dios todopoderoso no rinde cuentas. Mucho menos ante su esposa.

María Felicia Jiménez escribió el 26 de junio lo siguiente: “En casa, un alto mando del gobierno actual le pega a su esposa”. Cinco palabras que resumen siglos de una verdad incómoda: el poder no siempre protege a las mujeres. A veces, las lastima. Es de dominio público lo ocurrido, derivado del video que ella misma difundió en redes sociales —grabado por una cámara de seguridad el 15 de marzo de 2026— es brutal en su claridad. No hay forma de malinterpretar. No hay matices. La imagen es exactamente lo que es: un hombre que ejerce toda la violencia de la que es capaz contra una mujer que, durante años, calló por miedo -como muchas mujeres lo hemos hecho aun cuando ya no estamos con esos hombres que se creen, y peor aún nos hacen creer, que son “todopoderoso”-. 

Lo que para mí hace revelador este caso no es solo la violencia en sí —que es grave y documentada—, es que visibiliza el mecanismo que mantuvo en silencio a la víctima, porque tristemente lo que denuncia la Dra. Jiménez es vivido a nivel mundial por una de cada tres mujeres*. 

María Felicia Jiménez es ingeniera nuclear, doctora en energía, profesora universitaria. Una mujer con credenciales académicas sólidas. Y, aun así, guardó silencio durante años. No por ignorancia. No por dependencia emocional simple. Sino porque romper ese silencio, en sus propias palabras, significaba “quedarme sin trabajo, sin dinero, sin tener dónde vivir, y que me quitaran a mis hijos” por la cercanía de su agresor con las altas esferas del poder. Para ella como para muchas mujeres hablar nos significaba acabar con los años de trabajo y esfuerzo que hemos construido. 

Como feminista y víctima de diversas violencias es mi deber reiterar que: La violencia nunca comienza con un golpe. Inicia con una estructura completa. Con una relación de poder tan desigual que las víctimas no vemos salida posible. En el caso que hoy cito se le suma la condición migratoria de Jiménez, de nacionalidad cubana, lo que según ella misma relató, fue utilizado por su violentador como una herramienta de sometimiento adicional. 

Cuando el video se viralizó, la Presidenta Claudia Sheinbaum fue cuestionada al término de un evento en Chiapas. Su respuesta inicial fue -para algunas y algunos- escueta: “Sí, sí, que se investigue, que se investigue”. Prometió apoyo a la víctima y aclaró que no había hablado con el acusado. Aún así, la primera reacción institucional pareció ser breve para la magnitud de lo que se estaba viendo en pantalla. Sin embargo, para este lunes 29 de junio, la mandataria endureció el tono en la #MañaneraDelPueblo: “Que se aplique la ley, todo el peso de la ley. Nosotros no vamos a proteger a nadie frente a un acto como este”, afirmó. Fue categórica también sobre la situación laboral del acusado: Rodríguez Padilla no ocupará cargo alguno en la administración pública. Asimismo, su respuesta ante la pregunta de si podría reintegrarse en otro cargo fue de una sola palabra: “No”.

Por su parte, la Secretaría de las Mujeres reaccionó desde la noche del viernes con una postura que no dejó margen a ambigüedades: condenó los hechos, estableció contacto inmediato con María Felicia Jiménez para brindarle orientación, acompañamiento y medidas de protección, e informó que coordinará con la Fiscalía especializada el proceso de denuncia formal. Para esta secretaría, según sus propias palabras, cualquier acto de violencia contra una mujer debe ser atendido, investigado y sancionado. Las palabras son las correctas. Ahora corresponde que los hechos les den sustancia.

Al cierre de esta columna, la Fiscalía General del Estado de Morelos abrió una carpeta de investigación de oficio por los hechos registrados el 15 de marzo; la indagatoria fue iniciada desde la tarde del viernes y trabaja en coordinación con la Secretaría de las Mujeres para garantizar medidas de protección a la denunciante. La Fiscalía se comprometió a agotar todas las indagatorias para deslindar responsabilidades.

Existen casos que concentran, en un solo instante, todo lo que una sociedad ha preferido no ver. Este es uno de ellos. No porque sea el primero y tristemente no será el último ni entre los funcionarios, ni entre la sociedad mexicana en su generalidad; tampoco porque sea el más grave en términos estadísticos. Sino porque protagoniza quien protagoniza: un hombre que encabezó una de las empresas más importantes del Estado mexicano, que daba discursos sobre soberanía energética e igualdad para las mujeres desde las tribunas de Pemex, mientras en la intimidad del hogar ejercía exactamente lo contrario. ¿Cuántas historias así existen y no conocemos porque el miedo de hablar aún es más grande?

La violencia ejercida contra las mujeres no distingue niveles educativos ni estratos económicos. Las estadísticas lo repiten sin cansancio, pero los casos que lo prueban siguen sorprendiéndonos. Porque en el imaginario colectivo persiste la idea de que un hombre con poder es, de alguna manera, un hombre distinto. Mejor. Más racional. Más controlado. El video de María Felicia Jiménez hace visible que es fantasía, desmontándola con una frialdad implacable.

Y lo que más me duele no son los golpes que se ven, es el tiempo que pasó antes de que ella pudiera hablar. Los años de amenazas. La idea constante -que ella como a muchas de nosotras tenemos- de que las instituciones no la protegerían porque las instituciones parecían estar del otro lado. La soledad de una mujer que no estaba a salvo en su propia casa.

La Fiscalía de Morelos tiene abierta una carpeta de investigación. La Secretaría de las Mujeres acompaña a la víctima. La Presidenta dijo que no habrá protección para nadie. Hay palabras correctas. Hay promesas institucionales. Ahora el compromiso es que ese acompañamiento se sostenga en el tiempo, que la investigación avance con independencia y perspectiva de género, y que a María Felicia Jiménez le reconozcamos el haber tenido el valor de decir la verdad.

Un mensaje que me parece trascendental y con el que cierro esta columna: El poder no te hace mejor persona. No te hace inmune a tus propios demonios. Y con mucha esperanza lo escribo, que en este gobierno de la primera Presidenta: ningún funcionario sea intocable ante la ley.

 

*Dato recuperado del portal de la ONU. Cifras publicadas en noviembre de 2025.