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  • 17 Sep 2025
  • 15:09
  • SPR Informa 6 min

La Unión Europea y la virtud de ser aburrida

La Unión Europea y la virtud de ser aburrida

Por Renata Zilli

La Unión Europea está diseñada para ser una entidad aburrida. Salvo uno que otro político de un país mediterráneo, Europa carece de liderazgos carismáticos. Pero esto no es casualidad. Después de dos guerras y millones de vidas perdidas, los europeos entendieron que la concentración personalista del poder solo conduce a la catástrofe. Tanto las palabras Führer como il Duce, utilizadas para referirse a Hitler y Mussolini, se traducen como «líder, caudillo o guía». De ahí que el triunfo del entramado burocrático de Bruselas sea haber puesto a las instituciones por encima de la voluntad caudillista. 

Hace unas semanas Janan Ganesh –uno de los mejores columnistas internacionales– escribió en el FT una columna titulada “El mundo es gobernado por hombres viejos”. En ella resaltaba el contraste entre la edad promedio de los líderes de la Unión Europea y la del resto de las grandes economías. Macron y Meloni, sin ser unos jovencitos, son la gran excepción frente a los gobernantes de Estados Unidos, China, India, Rusia, Turquía, Brasil e Israel cuya edad promedio es de 74.5 años.  Y aunque es un tanto arbitrario agrupar países con tradiciones y sistemas políticos distintos, al igual que Ganesh, me inclino a pensar que no es un evento fortuito que la gerontocracia de la élite global coincida con la crisis que atraviesan la globalización y las instituciones internacionales. 

La fascinación por los “hombres fuertes” es directamente proporcional al debilitamiento institucional.  Hasta ahora, el resultado de este pulso global –de lucha de egos y rivalidad testosterónica– se ha traducido en una guerra comercial, una invasión a la soberanía de Ucrania y en la masacre del pueblo palestino. En su libro más reciente, El retorno de los leviatanes, el filósofo inglés John Gray advierte que ante el vacío normativo internacional, estamos transitando a un mundo con características anárquicas donde la fuerza y las transacciones reemplazan las reglas. 

Por ello, en este momento unipersonalista global, sería importante retomar las virtudes de la Unión Europea. No solo porque se trata de un proyecto de paz, sino porque es un ideal nacido de los escombros.  En días recientes, los euroescépticos enfatizaron la sumisión y la irrelevancia del bloque, apuntando a su ausencia en la cumbre de Alaska entre Trump y Putin –como si aquella reunión hubiese producido un resultado material más allá de los titulares– o la capitulación frente a Estados Unidos con el acuerdo celebrado en Turnberry, Escocia. 

Sin embargo, esas voces críticas que asumen que el poder solo se ejerce mediante la estridencia son el espejo de aquello que cuestionan. Y este es el error de nuestra generación. El populismo no se combate con más populismo —mire usted a Argentina como ejemplo de todo lo que no se debe hacer—. La Unión Europea es un animal político de otra índole: parsimonioso, complejo, aburrido. Y fue precisamente en la cuna de la democracia que el griego Esopo nos instruyó hace miles de años sobre las virtudes de las tortugas frente a las liebres. 

La semana pasada, en un discurso que duró poco más de la hora, la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, se dirigió ante el pleno del Parlamento Europeo en Estrasburgo para pronunciar el Estado de la Unión. Si bien hubo algunas interrupciones –propias de la pasión política—, no hubo zafarranchos como aquel que presenciamos hace unos días en el Senado mexicano. 

Este mecanismo de rendición de cuentas coincidió con el aniversario del informe Draghi. Un ejercicio de revisión y diagnóstico sobre las fallas estructurales del bloque y las acciones a emprender. La institucionalidad de las democracias y sus contrapesos pueden parecer innecesarios al crear la falsa idea de la lentitud, inacción y aburrición. Pero el cambio o rectificación de rumbo solo es posible a través de un proceso institucionalizado de autocrítica de forma pública y transparente.  No es perogrullo insistir en que la virtud de las democracias es su capacidad de corrección. 

Asimismo, en el Estado de la Unión, la presidenta de la Comisión Europea urgió a los eurodiputados a asumir su rol histórico: se transita a “un mundo de ambiciones y guerras imperiales, en el que las dependencias económicas se utilizan como arma”. Por ello, la presidenta propuso una iniciativa para crear una coalición de países con ideas afines para reformar el régimen multilateral comercial y señaló la importancia de aliados estratégicos como México

México debe tomarle la palabra. El primer paso impostergable es la ratificación de nuestro acuerdo político y comercial: El Acuerdo Global Modernizado. Además de los beneficios económicos, como la creación de empleos y el fomento de la inversión, el valor geopolítico e histórico de este instrumento es inconmensurable. El pragmatismo de Sheinbaum hacia Washington no debería nublar el interés nacional de México hacia la prevalencia del orden global basado en reglas.

El segundo paso para Sheinbaum es sumarse a la iniciativa de von der Leyen y encabezar la coalición de líderes que estén dispuestos a promover una visión audaz para reestructurar las finanzas y el comercio global. En su más reciente artículo para Foreign Affairs, la economista italiana Mariana Mazzucato señala que se necesitan nuevos liderazgos dispuestos a formar nuevas alianzas locales e internacionales que rediseñen el sistema económico fallido y construyan un orden mundial más sostenible y equitativo. 

Sheinbaum también posee una personalidad parsimoniosa y poco estridente. Estas cualidades se le exaltan frente a la conducción de la relación con Washington. Y no es un hecho menor. Pero la vara sigue siendo baja, presidenta. México tiene vocación para ser un actor de trascendencia global. Reconstruir el orden multilateral comercial no solo será el cimiento de una nueva globalización, sino la oportunidad histórica para definir el futuro de nuestra civilización. 

En un mundo cada vez más plagado de políticos tabernarios que insultan y balbucean (y algunos hasta golpean) hoy más que nunca, el relato esópico recobra su vigencia. Es la parsimonia de la tortuga y lo que representa, la que debe ser nuestra gran apuesta. 

X: @renata_zilli