Existe un cuento ruso en el que un joven pastor se divertía engañando a su pueblo. Sucedió que Pedro anunció tantas veces la llegada de un peligroso lobo que, cuando la alerta fue real, ya nadie le creyó.
Está claro que Jorge Romero y las élites panistas no conocen la fatal moraleja de aquel cuento infantil escrito por Serguéi Prokófiev en 1936.
El sábado 21 de marzo, en la sede del partido más antiguo del país, la cúpula del panismo anunció otra “decisión estratégica –la más importante en 20 años- que marcará una nueva etapa para el partido a nivel nacional”.
Y es que apenas en octubre de 2025 se había anunciado por todo lo alto un relanzamiento que incluyó renovar la identidad del PAN y su apertura a la ciudadanía para atraer militancia a sus bases.
Pero, así como aquel supuesto relanzamiento terminó siendo la adhesión abierta de este partido a la ola de ultraderecha que ronda Latinoamérica, lo ocurrido este sábado fue un refrito del 2024, cuando optaron por la fórmula Xóchitl: priorizar candidaturas ciudadanas pero ahora en las intermedias de 2027.
Pirotecnia mojada. Por un lado, porque las banderas de la democracia y la ciudadanización de la política han estado en el discurso panista desde el siglo pasado. Por el otro, porque su innovador método de selección de candidaturas serán las encuestas que tanto han criticado.
Como Pedro en su inconsciente travesura, el PAN hace mucho que dejó de ser creíble. Han desgastado tanto el discurso del “ahora sí vamos a cambiar” que cada vez más pronto se desvanece en el aire.
La campaña masiva de afiliación lanzada en octubre apenas logró captar poco más de seis mil nuevos militantes en estos cinco meses. Ni siquiera Vicente Fox renovó su membresía.
Y no sólo eso. El expresidente panista dijo al consultor José Luis Guerra: “Ya, se acabó. De hecho, está acabado. El PAN, el PRI, el PRD se acabaron. No supieron manejar la enorme responsabilidad que tenían como partidos políticos”. Por fin Fox le atina a una.
Lo cierto es que este relanzamiento 2.0 del PAN se da en un contexto donde el Verde y el PRI revelaron sus intenciones electorales rumbo al 2027. Parece más una reacción desesperada, como quien se graba en una situación absurda para obtener likes y seguidores –o quizás militantes- en las redes sociales.
Se hace evidente lo grave de la crisis interna de ese partido, la falta de brújula y sobre todo de cuadros propios. Mientras otros partidos definen sus estrategias electorales, la cúpula panista de siempre anuncia, una vez más, su intención de cambiar. Así fue como el inocente Pedro -y el PAN- se ganó la desconfianza de su propio pueblo.
Moraleja: el problema nunca fue el lobo, sino anunciarlo tantas veces que, cuando llegó, ya nadie quiso creer.