Steve Sweeney, corresponsal británico de la agencia Rusa RT en Líbano, fue deliberadamente atacado por un misil israelí junto a su camarógrafo aún no identificado, mientras se encontraban cubriendo los indiscriminados bombardeos de la fuerza aérea de Israel en el sur de Líbano. A pesar de estar plenamente identificados como prensa en sus prendas y equipo de seguridad para el trabajo claramente marcaban su oficio, ambos corresponsales sufrieron la agresión. En un alarmante video que se ha viralizado en las últimas horas, se puede ver a Sweeney realizando una transmisión en vivo mientras el proyectil estalla a su alrededor, causándole heridas de metralla a él y al camarógrafo, quienes tuvieron que ser hospitalizados. Desafortunadamente no es un caso aislado. Es el modo sistemático en que actúa Israel.
La primera víctima de una guerra suele ser la verdad. La competencia informativa puede llegar a ser tan cruel como los mismos ataques militares. De hecho, hay un gran aparato propagandístico detrás de los ejércitos beligerantes en los conflictos actuales quienes, en su afán de generar simpatía entre la población mundial, no dudan en crear versiones alternas a la realidad vulnerando así a quienes se encuentran en medio de los conflictos y por supuesto, a los periodistas en el terreno, que se han convertido en un objetivo de las fuerzas armadas de Israel desde su intervención en Palestina tras el atentado del 7 de Octubre.
A pesar de que Sweeney y el camarógrafo son el caso más reciente, no podemos ignorar que el año 2025 se reportó como el año más letal en la historia de la humanidad para los periodistas. Según reportan las cifras de el Comité para la protección de los periodistas , durante este año fueron asesinados 129 reporteros, de los cuales, dos tercios de los fallecidos son señalados directamente como responsabilidad de las fuerzas armadas de Israel, entidad que ahora no puede negar su responsabilidad en los hechos y que deja claro que parte de sus objetivos dentro de Gaza y ahora en sus frentes abiertos en Líbano e Irán es también el exterminio de quienes se encuentran en el terreno para contar la verdad y prestarse al mundo como testigos de la barbarie.
En el contexto actual, donde Estados Unidos e Israel intentan a toda costa una escalada militarizada en Asia Occidental en contra de Irán, Líbano, Palestina y con los crecientes conflictos entre Pakistán Afganistán entre otros, el trabajo periodístico desde el terreno es cada vez más importante, pues este influye directamente en la toma de decisiones de los civiles en cuestiones de seguridad y representa el principal frente informativo desde el territorio.
Y a pesar de los alarmante números de reporteros asesinados, las agresiones no terminan ahí.
Hace unos días, la reportera española Laura de Chiclana, con quien tuve el honor de coincidir en Ucrania durante algunas coberturas, estuvo fuertemente acosada en redes sociales por haber señalado que durante la primera oleada de ataques de Irán a Haifa, ciudadanos israelíes no permitían entrar a los refugios o les cobraban altas cuotas a quienes no fuesen judíos o israelíes de nacimiento, vulnerando así la integridad física de ciudadanos árabes y extranjeros apostados ahí. Laura, de quien me consta su calidad como profesional, informó en vivo y en directo la situación, mientras los misiles continuaban penetrando la cortina de Hierro, hoy fuertemente vapuleada, y aun así, fue interrumpida en directo por los presentadores del programa “Horizonte”, quienes señalaron haber recibido “un mensaje privado de la comunidad judía” que contradecía lo que Laura estaba evidenciando in situ, realizando con esto un acto de censura y una fuerte agresión no solo a la periodista, también al público que merece saber la verdad.
¿Qué atribuciones tiene esa desconocida comunidad judía para contradecir lo que los ojos de una periodista están transmitiendo para todos?
Mismo caso del periodista español Antonio Maestre y sus colegas Silivia Intxaurrondo e Inés Hernand, de Televisión española quienes ha sido denunciados por: Acción y Comunicación sobre Oriente Medio (ACOM), entidad cofundada por el magnate David Hatchwell Altaras, figura destacada de la comunidad judía española por escribir artículos y denunciar los crímenes y atrocidades cometidas por Israel aludiendo, por supuesto, a la repetida versión de la conspiración antisemita con la que pretenden atacar y señalar a los periodistas antes de atreverse a asumir la responsabilidad, como asociación sionista, del genocidio y atrocidades cometidas por su ejército en Gaza.
Antes del mediodía, el reportero Británico Sweeney ha lanzado en sus redes un video señalando que se encuentra bien. No pasó mucho tiempo en el hospital y se encuentra de nuevo en el frente haciendo su trabajo. Por fortuna ha logrado salir con algunas heridas en el cuerpo, pero sigue vivo para informar por un día más, situación que nos complace a todos los que nos dedicamos a este oficio. Sin embargo, no podemos pensar o sentir lo mismo por los más de 200 colegas asesinados en Gaza y atrapados en una ratonera inhumana donde a diario continúan tratando no solo de sobrevivir, sino de llevar al mundo lo que atestiguan sus ojos, aunque les lleve la vida en ello.