La extrema derecha ganó las elecciones parlamentarias en Sajonia-Anhalt, uno de los 16 estados federados de Alemania. El resultado representa una fractura en el sistema político construido después de la Segunda Guerra Mundial y deja un mensaje preocupante: la extrema derecha no es una fuerza marginal o un grupo de presión sin posibilidades reales de gobernar. Ahora se aproxima al poder mediante las urnas, como ya lo ha obtenido en otros países.
Alternativa para Alemania (AfD) obtuvo 43.8% de los votos, frente al 20.8% alcanzado en 2021. En cinco años ganó 23 puntos porcentuales, duplicó su respaldo y consiguió 39 de los 83 escaños del nuevo Parlamento regional. Desde 2023, la Oficina de Protección de la Constitución de Sajonia-Anhalt clasifica al partido como una organización de extrema derecha comprobada. La oficina alemana sostiene que su actividad se dirige contra principios esenciales del orden democrático alemán y ha documentado concepciones étnicas de la nación, expresiones xenófobas y una estrategia de deslegitimación de las instituciones.
La CDU, que gobernaba el estado, cayó de 37.1% a 17.2% y tendrá solamente 15 diputados, frente a los 40 de la legislatura anterior. El SPD obtuvo 9.3%; Los Verdes, 8.9%; Die Linke, 8.6%; y la Alianza Sahra Wagenknecht, 5.3%. El Partido Democrático Libre, con 2.6%, quedó fuera del Parlamento. La participación alcanzó 77.8% de las 1,706,851 personas con derecho a votar, frente al 60.3% registrado en 2021. El avance de AfD no fue producto de la abstención, sino que ocurrió durante una movilización electoral extraordinaria.
Sin embargo, ganar las elecciones no significa obtener automáticamente el gobierno. La ciudadanía elige a los integrantes del Landtag, pero el ministro-presidente es elegido por el Parlamento mediante votación secreta. En las primeras votaciones se necesita la mayoría absoluta de la cámara, es decir, 42 votos. AfD tiene 39, por lo que necesita al menos tres apoyos adicionales. Si ningún candidato alcanza esa mayoría, el proceso puede desembocar en elecciones anticipadas o en una votación posterior por mayoría de los votos emitidos. En ese escenario, AfD todavía podría llegar al gobierno si sus adversarios se dividen o se abstienen.
La derecha radical no está ganando en todos los países, pero sí está conquistando territorios, votos, capacidad de bloqueo y centralidad en la conversación pública. Su fuerza no consiste únicamente en formar gobiernos. También puede obligar a los partidos tradicionales a reorganizar coaliciones, endurecer sus posiciones migratorias y discutir la agenda pública en los términos impuestos por la ultraderecha.
El cambio generacional nos da información muy importante. La encuesta poselectoral de Infratest dimap estima que AfD obtuvo alrededor de 42% de los votos entre las personas de 18 a 24 años y 44% entre quienes tienen de 25 a 34. Entre los hombres alcanzó 51%. Estos datos desmienten la idea de que la extrema derecha constituye únicamente un refugio para generaciones envejecidas o grupos nostálgicos.
Un estudio de la Universidad de Potsdam y la Fundación Bertelsmann encontró que los algoritmos de TikTok, X, Instagram y YouTube mostraron a los jóvenes una presencia desproporcionada de contenidos relacionados con los extremos políticos durante la campaña federal alemana de 2025. Aproximadamente la mitad de los videos partidistas observados contenía referencias a AfD. Elon Musk también contribuyó a normalizar al partido al respaldarlo públicamente y utilizar X para promover a su dirigencia.
La lección de la elección de Sajonia-Anhalt consiste en reconocer que la extrema derecha ha aprendido a convertir el miedo, la inseguridad material, el rechazo a las élites y la frustración institucional en una identidad política. Los “cordones sanitarios” pueden impedir temporalmente que llegue al gobierno, pero no eliminan las condiciones que alimentan su crecimiento.
México no está aislado de esta reorganización global. La advertencia no es decir que una fuerza política con ideología y políticas como las de AfD esté cerca de ganar una elección en nuestro país, sino en reconocer que sus ideas pueden avanzar antes que sus partidos. La inseguridad, la desigualdad y la desconfianza en las instituciones pueden ser aprovechadas por actores que convierten a las personas migrantes, las mujeres, la diversidad sexual y los derechos humanos en responsables de problemas que tienen causas mucho más profundas.
La respuesta en México no puede limitarse a condenar esos discursos cuando ya se hayan convertido en una fuerza electoral. También exige atender el malestar que les permite crecer y evitar que los partidos democráticos terminen adoptando su lenguaje para competir por votos. Sajonia-Anhalt debe ser una advertencia para nuestro país: la extrema derecha comienza a ganar mucho antes de llegar al gobierno, cuando consigue que una sociedad mire con indiferencia la exclusión y acepte el autoritarismo como respuesta a sus problemas.