La lluvia de delitos que rodea a Fernando Cerimedo, fundador de la plataforma “La Derecha Diario”, ha logrado neutralizar temporalmente el Plan Cóndor 2.0 en Brasil y México, países en los que buscaban intervenir electoralmente para cambiar su rumbo progresista y, con esto, convertir a toda la región en una especie de protectorado gringo, administrado por mafiosos de alta peligrosidad.
Si en la Operación Cóndor de 1975 el imperialismo yanqui ayudó con respaldo logístico de inteligencia a perseguir y eliminar a militantes de izquierda, periodistas, sindicalistas y opositores; en los últimos años se ha logrado, con la bendición estadounidense, debilitar procesos históricos de transformación en países que incluso lograron transitar, de manera exitosa, de dictaduras militares a democracias al servicio de las mayorías.
Cuando en 2019 el kirchnerismo se perfilaba para regresar al poder en Argentina, Cerimedo lanzó la plataforma “La Derecha Diario”, al mismo tiempo que Javier Milei y sus discursos irrumpían el ecosistema de redes sociales que controlaba dicha plataforma.
Las columnas y editoriales de lo que ellos mismos denominaron un “ariete digital de combate ideológico”, se enfocaron en señalar los errores de la “derecha tradicional”, representada por Mauricio Macri, y en introducir el concepto del “Gramscismo de derecha”, que en esencia reclamaba que se le permitiera a la izquierda “apoderarse” del plano de los valores, la cultura y el lenguaje.
Por supuesto, estos conceptos fueron adoptados del fanático de la ultraderecha Agustín Laje, quien en una publicación llamada “El libro negro de la nueva izquierda”, empezaba a teorizar sobre la necesidad de dar una batalla cultural adoptando toda clase de posturas beligerantes y provocadoras. No es casualidad que, en ese momento, la incipiente plataforma de Cerimedo se convirtiera en verdadera caja de resonancia de los textos de Laje y los discursos de Milei.
Pero la madrugada del martes 18 de agosto pudo haber iniciado el principio del fin de su “batalla cultural” contra la izquierda.
Fernando Cerimedo era interceptado por elementos de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen, mientras esperaba una conexión para volar hacia Buenos Aires, Argentina. Su ex pareja, Nadia Beller, había sido atacada por dos sicarios vestidos como repartidores de una aplicación móvil. De quienes, además, se sospecha que eran policías activos de Bolivia.
Durante las siguientes horas, su ambición por controlar los nuevos valores de la región quedaba congelada; no solo por el clima inestable y el frío de aquella mañana, sino por toda la información que empezaría a fluir.
De inicio, el aeropuerto Viru Viru, donde fue detenido, era controlado por María Argentina Rojas Roca, acusada de reunirse, dar órdenes y coordinar a los sicarios que atacaron a Beller el 17 de agosto pasado. Rojas Roca fue puesta al frente del aeropuerto, pese a tener denuncias por narcotráfico en Brasil, gracias a otro socio de Cerimedo de nombre Alberto Soto, un ex funcionario de aduanas a quien el propio ministro de Economía de Bolivia, José Gabriel Espinoza, calificó como “un trabajador extraordinario”, justo al aceptar su renuncia por el escándalo.
Por si fuera poco, el fundador de “La Derecha Diario” no solo está acusado de mandar a matar a su ex pareja embarazada; también caen sobre él acusaciones graves de corrupción relacionadas con la venta de combustible en el mercado negro (huachicol, pues) y con la salida de más de 180 kilos de oro con destino a Dubai.
Esto último destaparía un circuito global de criminalidad financiera, utilizando el “Gold Laundering”, refinerías en los Emiratos Árabes Unidos que funden el oro de contrabando y lo convierten en nuevos lingotes con nueva documentación de origen y listos para ser introducidos de manera legal en el mercado de joyería e inversión a nivel mundial. (Es decir, Cerimedo convertido en toda una joyita). Todo esto podría involucrar y alcanzar de manera directa al presidente de Bolivia, Rodrigo Paz Pereira; a su esposa (quien presuntamente dirige muchos de los negocios ilegales); y a su hija. No solo eso. Lo que se acumule en los siguientes días también podría hacer colapsar a la derecha regional y sus anti valores.
Los que pedían desde 2016 que la derecha le disputara a la izquierda la cultura, los valores y el lenguaje, están detenidos por los peores delitos imaginables. Han perdido prematuramente la batalla. No tenían manera de ganar; estaban destinados a perder. Sin embargo, no están acabados, los siguen sosteniendo los medios hegemónicos y los algoritmos de las redes sociales. Su capacidad para reorganizarse y volver a emerger es proporcional al capital económico que concentran y a la coordinación más que evidente con los planes imperialistas.
Como respuesta, la izquierda debe afianzar los valores que nunca podrán estar en disputa por la derecha: no robar, no mentir y no traicionar al pueblo.