Son tiempos complejos que demandan soluciones complejas. Nuestro país navega en medio de un mundo lleno de conflictos. Vivimos cambios en las reglas del juego que dieron cierto orden y estabilidad durante casi un siglo. Son momentos que nos convocan como nación, como un solo pueblo que históricamente se une ante las dificultades.
Pero también, históricamente, sabemos que hay quienes no se unen para defender y sumar, sino para todo lo contrario. Hoy están quienes aseguran que México es una isla y nada de lo que ocurre tiene conexión con intereses externos; quienes claman soluciones de fuera a costa de nuestra soberanía; o quienes acusan que el gobierno de la Presidenta no actúa para resolver el caos.
“Eso no es protesta, es vandalismo. Un gobierno que no es capaz de poner orden se vuelve cómplice de la violencia y la impunidad”, se repite insistentemente en los principales medios. Los mismos que niegan la existencia de una agenda de ultra-derecha que todos los días promueven ante nuestros ojos.
Porque si algo tiene la ultra-derecha son recursos y medios para propagar el miedo y la desinformación. Y eso se han propuesto, por ejemplo, en el caso de las movilizaciones magisteriales. Su consigna es polarizar y provocar violencia, aprovechando los reflectores por el mundial de futbol.
El descaro es evidente en su insensata tarea: usan las demandas en materia de pensiones para atacar al gobierno, por un lado, y por el otro propinan una nueva embestida a la imagen de las y los maestros, asociándolos con la violencia y el caos que pone en riesgo uno de los eventos deportivos más importantes del mundo.
Porque en el centro del aparente enredo que han creado está un problema heredado del periodo neoliberal (ese que la ultra-derecha añora), cuando el PRIAN desmanteló el sistema de pensiones y retiro solidario, dejando a las y los trabajadores de la administración pública –no solo al magisterio- a expensas de las Afores privadas.
Esta privatización ocurrió de 1997 a 2007, entre Zedillo y Calderón. Sus reformas provocaron que una persona al jubilarse únicamente accediera a lo equivalente al 30% de su último salario. Así, quien ganaba 16 mil pesos mensuales, con el sistema de Afores recibiría alrededor de 4 mil 300 pesos para vivir un “retiro digno” -al ritmo de La Bartola de Chava Flores-.
Y es en este punto donde la 4T y las demandas magisteriales coinciden: en una agenda anti-neoliberal que pasa por la construcción de un sistema público de pensiones cercano a un modelo de economía mixta. Esto viene ocurriendo desde 2020, con la reforma al SAR que creó el Fondo de Pensiones para el Bienestar, que disminuyó las comisiones de las administradoras para el retiro e incrementó al 50% la tasa de reemplazo general.
Ahora, en el segundo piso de la transformación, este fondo se consolidó añadiendo nuevos mecanismos de compensación. Se logró un aumento de hasta el 340% en la percepción final en comparación con la que recibió la primera generación de personas jubiladas bajo la Ley del 2007; con lo que una persona que gana 16 mil pesos hoy, aún con el sistema de cuentas individuales, lograría una jubilación de ese mismo monto (100%). A esto hay que sumar los 3 mil pesos mensuales de la pensión universal de adultos mayores, lo que daría como resultado alrededor de 19 mil pesos.
La Presidenta Claudia Sheinbaum propone fortalecer PENSIONISSSTE como la única Afore pública del país, y generar una aseguradora pública que administre las pensiones de las y los jubilados. Ha reconocido que algunas de las demandas de las y los maestros son legítimas, pero también financieramente inviables en el corto plazo. La mesa de diálogo y negociación está instalada.
El camino es seguir apostando por las vías democráticas, encontrar los “cómo sí” y continuar la lucha hacia el mismo objetivo. Los momentos complejos requieren soluciones complejas, pero sobre todo de un pueblo unido ante el avance de la ultra-derecha, ese extraño enemigo de muchos rostros y voces que hoy quieren mostrar al mundo un México convulso, con un gobierno incapaz y un magisterio violento y extorsionador.