Los resultados más recientes de la medición multidimensional de la pobreza, presentados por el INEGI, son un logro de gran trascendencia para el país: 8.3 millones de personas han dejado atrás la condición de pobreza en apenas dos años. Este avance, el más significativo desde que se tiene registro, resulta aún más notable si consideramos el complejo panorama político y económico local y global.
Estos logros no son casualidad. Detrás hay un crecimiento real de los ingresos familiares, impulsado por políticas de incremento al salario mínimo, la recuperación del empleo, la expansión de programas sociales universales y un entorno económico que, a pesar de los desafíos internacionales, ha mantenido su estabilidad. Son avances que mejoran la vida cotidiana de millones de mexicanas y mexicanos y que reafirman que las políticas públicas focalizadas en fortalecer el ingreso funcionan.
Para consolidar este avance, la atención debe centrarse en fortalecer el andamiaje de los derechos sociales, complemento indispensable para un desarrollo integral y duradero. Nos referimos al acceso efectivo a derechos fundamentales como la salud, la seguridad social, la educación y la vivienda. Y es aquí donde los datos nos muestran áreas de oportunidad claras.
En salud, el indicador de carencia por acceso mostró una reducción de 4.9 puntos porcentuales entre 2022 y 2024, lo que significa que millones más se reconocen con la posibilidad de acudir a un servicio médico. Este avance refleja, en parte, la ampliación de la cobertura mediante el modelo IMSS-Bienestar y el esfuerzo por integrar servicios en las entidades federativas. Sin embargo, aún existen 44 millones de personas que reportaron no tener acceso a la salud.
El verdadero reto es que esos 44 millones de mexicanas y mexicanos cuenten con un acceso pleno, oportuno y de calidad a los servicios de salud, y que este se traduzca en una menor carga económica para las familias. El propio INEGI señala que el gasto de bolsillo en salud aumentó en este periodo, lo que indica que, si bien hay personas con un centro de atención cercano, todavía deben cubrir de su propio ingreso medicamentos o estudios.
El camino hacia la próxima medición de pobreza debe enfocarse en profundizar el acceso efectivo. Esto implica garantizar el abasto completo y oportuno de medicamentos en todas las unidades médicas, reducir los tiempos de espera y fortalecer la capacidad de atención, sobre todo en zonas rurales y marginadas.
Es fundamental también mantener la continuidad y comparabilidad de las series estadísticas. Los cambios metodológicos, como los realizados en la captación de datos de acceso a servicios de salud en la ENIGH/INEGI 2024, deben acompañarse de mecanismos que permitan medir el impacto real de las políticas a lo largo del tiempo, asegurando que las variaciones observadas reflejen mejoras efectivas y no solo ajustes en la forma de medir.
El análisis detallado muestra que el bienestar aún no se distribuye de manera homogénea en nuestro vasto territorio. Es necesario ampliar la infraestructura y el personal en los estados con mayores carencias, como Chiapas, Oaxaca o Guerrero, que presentan los rezagos más marcados en el acceso a la salud.
La experiencia de esta medición deja una enseñanza clara: cuando el ingreso crece y se acompaña de políticas sociales sólidas, la pobreza disminuye de forma significativa. Si logramos que este impulso se extienda al fortalecimiento de los derechos sociales —especialmente salud y seguridad social—, el próximo reporte podría mostrar avances en el bolsillo de las familias, así como en su protección financiera y calidad de vida.
Reconocer los logros alcanzados y asumir los retos pendientes, es el mejor punto de partida para seguir avanzando. Porque cada cifra positiva no es solo un dato en una tabla, sino una vida que mejora. Y cada reto que identificamos hoy es una oportunidad para que, en las próximas mediciones, la historia de progreso que vive México sea más amplia, profunda e incluyente.
Como ha señalado la presidenta Claudia Sheinbaum, el compromiso de su gobierno es garantizar que el desarrollo económico se traduzca en bienestar tangible para todas y todos, con especial atención en los derechos universales a la salud y a la seguridad social.
La disminución histórica de la pobreza es un paso en la dirección correcta, pero no es el destino final. Es imperativo continuar con la consolidación del IMSS-Bienestar y con el fortalecimiento del resto de las instituciones del sector salud (IMSS, ISSSTE, hospitales de la Secretaría de Salud), para que cada mexicana y mexicano, sin importar su lugar de residencia o condición laboral, tenga acceso gratuito y de calidad a los servicios de salud.
El objetivo es claro: que en la próxima medición del INEGI no solo celebremos la reducción de la pobreza por ingresos, sino también un avance decisivo en la disminución de las carencias en salud y seguridad social.