No es novedad que México se ha convertido en el principal escenario mediático del Mundial, incluso por encima de Estados Unidos y Canadá, pues miles de visitantes extranjeros coinciden en que es la sede -la latina- donde más se vive el ambiente mundialista.
Recordemos que, de los 104 partidos que contempla esta Copa Mundial, 78 se disputan en Estados Unidos, 13 en Canadá y 13 en México. Además, por primera vez participan 48 selecciones, distribuidas en 12 grupos de cuatro equipos cada uno.
Si en México se disputan apenas 13 de los 104 encuentros, es decir, poco más del 12%, ¿cómo es posible que nuestro país haya monopolizado la narrativa y se haya apropiado de la fiesta futbolística más importante del planeta?
Las razones son múltiples, pero considero que pueden sintetizarse en tres factores: culturales, gubernamentales y económicos.
Desde la perspectiva cultural, México tiene mucho más que ofrecer que sus vecinos del norte en términos de cultura, identidad, historia, gastronomía, música y tradiciones. No es casualidad que la inauguración del Mundial 2026 se realizara en el Estadio Ciudad de México, reconocido como uno de los recintos más emblemáticos del futbol mundial por su historia, tecnología y grandeza; el coliseo contemporáneo mexicano.
A ello se suma la calidez de nuestra gente, que vive las emociones del balompié con intensidad, acompañada de familiares y amistades, haciendo comunidad alrededor del deporte. Esta hospitalidad se refleja en la forma en que las y los mexicanos han recibido a selecciones como las de Irán, Sudáfrica y otras naciones participantes, con mariachis, música y celebraciones al más puro estilo mexicano. No así en Estados Unidos, donde fueron recibidos con filtros de seguridad y canes antinarcóticos.
Esa espontaneidad y autenticidad han permitido posicionar fenómenos virales como el llamado "Pato Merlín", que ha ganado simpatía de manera orgánica entre aficionados de distintas partes del mundo, superando en popularidad a las mascotas oficiales impulsadas por la FIFA, pese a las millonarias inversiones destinadas a su promoción.
Otro factor importante son las condiciones propiciadas por los gobiernos federal y estatales. Entre ellas destacan las inversiones en movilidad e infraestructura, como la modernización de líneas de transporte público en la Ciudad de México, Jalisco y Nuevo León.
Asimismo, el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, ha asumido un papel central en la coordinación de las estrategias destinadas a garantizar la seguridad de millones de asistentes. Esto se ha materializado a través del denominado Plan Kukulkán, que articula la colaboración entre los gobiernos federal, estatales y municipales, así como la coordinación con la FIFA y el despliegue de miles de elementos de seguridad durante el torneo.
La estrategia de inclusión y apropiación social del Mundial también ha sido relevante. Destacan la organización de eventos futbolísticos en todo el país, el trabajo conjunto con la FIFA para impulsar los Fan Fest, así como la realización de "mundialitos" y torneos dirigidos a niñas, niños y adolescentes.
De igual manera, en las distintas sedes se han instalado megapantallas para que nacionales y extranjeros puedan disfrutar de los encuentros. Además, se han implementado esquemas laborales especiales y medidas orientadas a mejorar la movilidad urbana durante los días de partido.
Los gobiernos de la Ciudad de México, Jalisco y Nuevo León también han contribuido con iniciativas propias, incorporando elementos característicos de la cultura chilanga, jalisciense y regiomontana para enriquecer la experiencia mundialista.
Finalmente, aunque no menos importante, se encuentra el factor económico. México y su gente han respondido a este Mundial con creatividad e ingenio frente a lo que muchos consideran el torneo más costoso de la historia. Los elevados precios de los boletos, que pueden oscilar entre los 30 mil y los 150 mil pesos, e incluso superar esas cantidades, han limitado el acceso de amplios sectores de la población a los estadios.
A pesar de las estrategias implementadas por el Gobierno de México y de las campañas de concientización impulsadas por la FIFA para combatir la piratería de productos mundialistas y la venta de jerseys falsificados, estos artículos continúan siendo una constante en el mercado. Ello obedece, en gran medida, a los altos costos de la mercancía oficial, pues algunas playeras superan los dos mil pesos, mientras que las versiones comercializadas por pequeños comerciantes pueden adquirirse por una fracción de ese precio.
Esta situación ha beneficiado principalmente al comercio popular y a miles de pequeños vendedores, así como a consumidores que, ante la diferencia de precios, optan por la alternativa más económica. En consecuencia, algunos de los mayores beneficiarios económicos del Mundial no han sido necesariamente las grandes empresas transnacionales, sino los comerciantes locales y la economía informal.
Otro fenómeno digno de análisis es el caso del "Pato Merlín", que se ha consolidado como una de las figuras más populares y queridas de este Mundial. Sin inversiones millonarias ni campañas publicitarias internacionales, ha logrado conquistar el afecto de millones de aficionados. En menos de dos semanas, este personaje surgido de manera espontánea ha alcanzado un nivel de reconocimiento que supera al de las mascotas oficiales del torneo, las cuales aún no logran posicionarse plenamente entre el público.
Lo antes señalado son algunas de las razones por las cuales el Mundial 2026 se ha mexicanizado. La frase de que “México está de moda” cobra hoy una mayor fuerza, pues el extranjero que llega a tierras aztecas para vivir la fiebre mundialista sabe que encontrará una sociedad abierta, llena de energía y pasión, con la cual disfrutar del deporte. Además, México no atraviesa por un contexto de impopularidad gubernamental como el que enfrenta Donald Trump en Estados Unidos, marcado por medidas migratorias, bélicas y de contención que han generado amplios debates tanto dentro como fuera de su país.
Aún quedan por delante muchos partidos, emociones y, sobre todo, el sueño mexicano de ver ondear nuestra primera estrella mundialista. Las condiciones, el ánimo y el momento que atraviesa nuestro país representan algo más que un torneo de futbol; constituyen un momento de orgullo histórico, social y político que trasciende las canchas.
Mientras exista la posibilidad, existirá la esperanza. Tal vez nos llevemos una sorpresa. Tal vez esta sea una de esas ocasiones en las que ocurre lo impensable. Porque en el futbol nada está escrito hasta el último minuto.
En una de esas... ¿y si sí?