Como se había pronosticado la reforma electoral fue rechazada en San Lázaro. A la iniciativa de la Presidenta le faltaron 70 votos. Inmediatamente, buena parte de la prensa y de las mesas de análisis interpretaron esto como una simple y contundente derrota para la doctora Claudia Sheimbaum.
Pero este aparente traspié debe ser entendido como una forma de ganar perdiendo.
La presidenta lanzó esta reforma cuando la mayor parte de su agenda ya estaba en marcha. En los meses anteriores se aprobaron reformas estructurales que eran centrales para el proyecto de gobierno: cambios constitucionales vinculados al Poder Judicial, el fortalecimiento de los programas sociales como derechos y el despliegue de nuevas políticas públicas en áreas como seguridad, educación y bienestar.
Sabía que era una iniciativa que iba a generar muchas fricciones. Modificar esas reglas del juego implicaría desencuentros dentro de la propia coalición. Sabiendo que el camino sería largo y empedrado, tuvo el timing de impulsarla en este momento.
2. Estrategia
Durante el gobierno del expresidente Andrés Manuel López Obrador se desarrolló una agenda que vale la pena recordar: el Plan A, B y C.
Primero vino la propuesta de reforma constitucional que no logró la mayoría calificada. Después, el intento de modificar leyes secundarias. Finalmente, el llamado a transformar el poder político desde las urnas.
La construcción de esta agenda política y narrativa terminó configurando la columna vertebral de la estrategia electoral que derivó en la amplia mayoría legislativa con la que actualmente se gobierna.
Es decir: un revés legislativo no necesariamente debilita un proyecto político. A veces ocurre exactamente lo contrario: lo reordena, lo cohesiona y lo moviliza.
3. Horizonte
El proceso electoral de 2027 está en puerta y morena tiene que rearticular y aceitar su músculo territorial.
Aunque hoy la reforma electoral no haya prosperado, vuelve a colocar en el centro de la conversación el proyecto de transformación bajo los principios que dieron origen al movimiento.
Esto con énfasis particular: que el pragmatismo electoral no pese más que la ética y la honestidad, dejando ver lo que será el estilo personal de gobernar de la Presidenta durante el segundo piso de la 4T.
Quizás era el empujón que hacía falta para volver a las calles, al trabajo territorial casa por casa, y a lo que el propio movimiento llamó la revolución de las conciencias.
En política no todo es blanco y negro. A veces se pierde ganando y a veces se gana perdiendo, y la presidenta terminó ganando más de lo que aparentemente perdió.