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Narcopartido y otras falacias

Narcopartido y otras falacias

Por Alfredo Olvera

“Verdad es la adecuación del pensamiento con la realidad”

Teoría de la correspondencia, Aristóteles.

Ulula la derecha, ayer, hoy y siempre, que la causa y consecuencia de todos los males del país corresponde al movimiento pacífico y de conciencias libres que conforma la Cuarta Transformación, como si la historia de México hubiera comenzado en el año 2018. Como si antes no hubieran gobernado quienes entregaron el país a la corrupción, al saqueo, al privilegio, a la impunidad y a la simulación.

Proclaman, como dogma de conservadores acérrimos, que Morena es un “narco partido”. Lo repiten con solemnidad fingida y con desesperación política. Pero una acusación no se vuelve verdadera por el volumen con que se grita ni por las veces que se repite. La verdad no nace del odio ni de la propaganda: nace de la correspondencia entre lo que se afirma y lo que realmente existe; de la adecuación entre el pensamiento, la realidad y los hechos.

La derecha pretende hablar hoy de “narco partido” como si tuviera autoridad moral para repartir certificados de pureza democrática. Pareciera que la soberbia, la amnesia y su propia incapacidad política les nublan la memoria.

Hace unos días, el espurio Calderón celebraba veinte años de haber llegado al poder mediante el fraude electoral de 2006 y de haber iniciado una guerra innecesaria que ha costado miles de vidas, no para pacificar al país, sino para tratar de legitimarse a punta de sangre y miedo.

Y aquí pareciera que la memoria les estorba. Porque durante ese mismo gobierno, el hombre encargado de la seguridad pública del país, Genaro García Luna, terminó condenado en Estados Unidos por sus vínculos con el narcotráfico. No hablamos de un rumor, de una consigna ni de una frase lanzada al aire: hablamos del secretario de Seguridad Pública del gobierno calderonista, del rostro institucional de aquella supuesta guerra contra el crimen.

Entonces la pregunta cae por su propio peso: ¿con qué autoridad moral pretenden Calderón y los repetidores a sueldo llamar “narco partido” a Morena, cuando su propio secretario de Seguridad Pública, aquel al que le fabricaban montajes y videos, fue condenado por vínculos con aquello que decía combatir? O sabía, y entonces la historia lo condena moralmente; o no sabía, y entonces su incompetencia fue de proporciones criminales para quien decía encabezar una guerra por la seguridad nacional.

En cualquiera de los dos casos, la derecha no puede venir hoy a posar de fiscal moral de México. No puede prender fuego al país, dejar una estela de muertos, cargar con el símbolo de García Luna en su gabinete y luego pretender repartir culpas como si la memoria pública fuera desechable.

Por eso la falacia del “narco partido” se les cae encima. Porque no nace de la verdad, sino de la desesperación. No busca justicia, busca propaganda. No pretende esclarecer la realidad, sino ensuciarla para ocultar sus propias responsabilidades históricas.

La Cuarta Transformación nació por la vía pacífica, democrática y popular. Nació del cansancio de millones frente a un régimen que administró la pobreza, toleró la corrupción y normalizó el privilegio y la violencia. Podrá ser criticada, cuestionada y vigilada, porque todo gobierno debe someterse al juicio público; pero no puede ser reducida a una calumnia fabricada por quienes perdieron el poder y no han sabido perder sus privilegios.

Cuando griten “narco partido”, habrá que responder con memoria. Cuando pretendan dar lecciones de moral, habrá que recordarles a García Luna. Cuando quieran disfrazar la calumnia de valentía, habrá que exigirles pruebas. Y cuando pretendan convertir la mentira en verdad a fuerza de repetirla, habrá que ponerles enfrente los hechos.

La mentira podrá correr rápido, incendiar titulares y alimentar el odio de quienes nunca aceptaron la voluntad popular. Pero la verdad camina firme, sin pedir permiso y sin arrodillarse ante la propaganda.

La derecha podrá ulular, calumniar y repetir sus falacias hasta quedarse sin voz; sus plumas amanuenses podrán vaciar la tinta escribiendo mentiras, pero la memoria del pueblo no es desechable, la historia no se borra por decreto y la realidad, tarde o temprano, termina poniendo a cada quien en su lugar.

Al Tiempo Tiempo.