Independientemente del resultado que tenga en el Congreso, las propuestas de reforma política en la que el poder ejecutivo federal ha estado trabajando y presentando públicamente desde hace cuatro años, son un excelente testimonio de la madurez política democrática que encabeza en nuestro país su actual titular, Claudia Sheinbaum Pardo, heredera principal del movimiento de transformación que encabezó hasta hace dos años, Andrés Manuel López Obrador.
El nuevo modelo en el ejercicio del poder está orientado a buscar que la democracia y el sistema de representación no resulte costoso y sea más transparente. A excepción del partido Morena, a ello se opusieron todos los partidos con registro: opositores y aliados. La ausencia de militantes y su renuncia a ser partidos modernos explica el rechazo de PAN PRI y MC.
Nunca deberán olvidarse, las batallas intensas que, contra las manipulaciones electorales, los fraudes y la corrupción de muchos representantes populares algunas organizaciones, políticos de izquierda y miles de ciudadanos sostuvieron en su contra durante décadas.
Reformas electorales que apuntalaban ligeramente el mecanismo de la representación proporcional en la Cámara de diputados se rechazó no solo por que se pretendía disminuir el autoritarismo de las dirigencias partidistas a la hora del reparto de candidaturas, sino por el enorme temor de esas dirigencias por un mecanismo que debilitaría la existencia de partidos sin vocación independiente y democrática como los son el PT y PVEM.
Está ahora comprobado que más por conveniencia política que por convicción, las dirigencias de estos dos partidos en el México de los últimos siete años han apoyado cambios, que se han hecho para beneficio y fortaleza de la estructura social y económica. Ello ha permitido al régimen a no atenuar su programa y a cumplir integralmente las promesas hechas a sus electores.
En el momento político actual es muy importante no decepcionar a los ciudadanos pues podrían ser llevados a desplazar sus apoyos hacia fuerzas políticas contrarias. Eso tan simple no lo razonan los aliados. Es el momento de vigorizar esas estructuras renovando el espacio de la pluralidad democrática. Mejor si se tiene el objetivo por reivindicar la presencia política de la ciudadanía desde el territorio municipal hasta el ámbito nacional.
No ha sido nada fácil vencer las resistencias que presentan no solo los adversarios sino también los grupos aliados. Quizá sea ya el momento de romper con la coalición “juntos haremos historia” para plantearse el cambio a una verdadera alianza partidaria. La ventaja de una alianza partidista es que presentaría en 2027 una lista común para todos los puestos de elección.
Comprender el significado de una alianza en un solo partido es trascendental pues tendrían garantizados los triunfos ya que no sería una alianza forzada como la del PRIAN. Una verdadera alianza partidaria podría desarrollarse a partir del próximo año en los espacios de las candidaturas, en el nivel del Congreso y en el nivel del gabinete presidencial.
El PT y el PVEM tendrían ya que entender que la ausencia de solidaridad legislativa debilita evidentemente los espacios del Congreso y el Gobierno. Sería una gran irresponsabilidad tratar de echar sobre su aliada la presidenta la responsabilidad de los actos políticos que como la revocación no les favorecen.
El objetivo de una verdadera alianza no será obtener más curules en los congresos sino lo único fundamental que es el ejercicio y conservación del poder.
Los tres partidos en coalición desde hace casi ocho años se han puesto de acuerdo en un programa común que ya resultó vencedor en 2018 y 2024. El entendimiento es más fácil si las divergencias se limitan a exigencias particulares. Pero si la coalición se rompe habrá que evaluar la verdadera fuerza de cada partido: su dimensión respectiva, su estructura interior y su posición frente al gobierno en turno.
Las consecuencias negativas de una posible fractura de la coalición partidista “juntos haremos historia” recaerá en la organización más débil. Es más ventajoso para las tres fuerzas convertirse en una gran alianza y ahora sí hacer Historia con mayúscula.