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Fascismo tecnológico para el siglo XXI. Un análisis del manifiesto de Palantir

Fascismo tecnológico para el siglo XXI. Un análisis del manifiesto de Palantir

Por Ernesto Ángeles .

Hace unos días Palantir, una empresa contratista del gobierno de Estados Unidos especializada en el análisis de datos y el desarrollo de plataformas de integración de éstos, publicó en X una especie de manifiesto ideológico que vislumbra la conquista de la política y el Estado por las empresas de tecnología y su subsecuente transformación en una máquina de guerra civilizatoria, propulsada por armamento basado en inteligencia artificial, con el fin de lograr el dominio hegemónico

Y tal vez no serían tan preocupantes las fantasías de unos millonarios megalómanos con delirios de conquistadores, pero se trata de una empresa con contratos con el gobierno, el ejército y las empresas del país más poderoso del mundo; además, las personas que están detrás de esta empresa mantienen relaciones y ejercen influencia con círculos políticos como los del presidente Trump; es más, se dice que gracias al patrocinio de Peter Thiel, cofundador de Palantir, el  vicepresidente JD Vance llegó al poder. 

Pero vayamos por partes, ¿qué dijo Palantir? Palantir publicó un manifiesto de 22 puntos en donde sintetizaron las ideas de dos altos cargos de la empresa: Alexander C.Karp y Nicholas W. Zamiska, los cuales escribieron el libro “The Tecnological Republic” apenas hace un año. En general, el manifiesto plantea: 

La necesidad de que las empresas y la élite de tecnología se conviertan en motores de seguridad y crecimiento económico por medio de la fusión del aparato militar-tecnológico-industrial, el cual convertiría de facto al Estado y al gobierno en una maquinaria de guerra imperialista al exterior y una maquinaria policial al interior, misma que es presentada en momentos como un vehículo de lucha civilizatoria y en otros como mera herramienta de interés nacional de Estados Unidos. 

En este contexto, de acuerdo con los funcionarios de Palantir, las empresas de tecnología deberían transitar de producir tecnología civil a producir tecnología militar en pos del interés nacional y civilizatorio, tal como la creación de armamento basado en inteligencia artificial con capacidad de destrucción masiva. Es tal el cariz bélico del manifiesto que también señalan la necesidad de un reclutamiento universal obligatorio, la transición del poder suave al poder duro y el rearme de Alemania y Japón. 

El manifiesto también es un claro ataque a la política, la democracia y la gobernabilidad, mientras que, paralelamente, plantean un proyecto político en sí mismo: los autores vislumbran la creación de una élite burocrática muy bien pagada, pero reducida, la cual operaría más como administradores de una empresa en una sociedad vaciada de fricciones ideológicas en pos de un interés superior, en donde -supuestamente- las personas perdonarían errores pasados si las empresas otorgan seguridad y una mejor economía por medio de la tecnología; además, en el colmo del cinismo, el proyecto dice tener por objetivo defender la libertad y la democracia, mientras que llaman a la integración de la religión en la política. 

Por último, el manifiesto concluye con un abierto segregacionismo cultural y civilizatorio, en el cual los autores proceden a evaluar que hay culturas que son mejores que otras, así como criticar el pluralismo y la apertura en Occidente. 

En general, el libro y su texto sintetizado demuestran los delirios de una élite de megalómanos que no toman responsabilidad del daño que han generado y que tienen ambiciones inmensas, así como los recursos para hacerlas realidad, a diferencia de otros oligarcas a lo largo de la historia. Es así como ambos textos proponen el nacimiento de un nuevo tipo de Estado y un nuevo pacto social, ahora centrado en la élite tecnocapitalista, sus productos y planes. 

Algo interesante tanto del manifiesto como del libro es la deshonestidad intelectual de sus autores, ya que convenientemente omiten diversos aspectos de la realidad que no van acorde a su narrativa; por ejemplo, suelen usar la crítica a las élites para justificar sus puntos, pero no mencionan que ellos SON parte de esa élite y sus culpas, tan sólo el autor principal se educó en las universidades de élite, cofundó Palantir hace más de 20 años y posee un patrimonio de más de 12 mil millones de dólares. 

Otro ejemplo de deshonestidad y cinismo es el de la capacidad de producción tecnológica del Estado, ya que los autores se quejan constantemente de que el Estado ha dejado de producir y promover el desarrollo tecnológico; sin embargo, Palantir es responsable de un precedente jurídico que obligó al ejército de Estados Unidos a privilegiar la tecnología comercial por sobre el desarrollo de su propia tecnología. El Estado no se retrajo, lo retrajeron décadas de neoliberalismo impulsado por empresarios como Alex Karp, Nicholas Zamiska o Peter Thiel. 

Y tal como lo mencioné al iniciar este escrito, oligarcas megalómanos han existido desde hace mucho tiempo atrás, el problema es que nunca en la historia habían contado con tantas capacidades de poder, en este caso un poder algorítmico, de cómputo y automatizado, el cual no hará más que aumentar y que amenaza con subvertir el orden de muchas cosas, no sólo de la política o la economía. 

Si algo es cierto hoy día es que nos encontramos en una situación que recuerda en algunas cosas a la primera revolución industrial: tecnología no regulada que impacta frontalmente el sistema productivo, élites capitalistas que no tiene límites a sus ambiciones, Estados y gobiernos poco o nada preparados para estos retos y hasta cómplices, así como una fuerza de trabajo que se enfrenta a una transformación radical de su forma de vivir, trabajar y hasta su razón de ser

Por tanto, es posible pensar (y ojalá que pase) que nos espere una época llena de turbulencias y agitación, así como de lucha y esperanza, porque como bien lo dijo el expresidente Andrés Manuel López Obrador “sólo el pueblo puede salvar al pueblo”, y mientras la humanidad se encamina a un abismo autoritario tecno-fascista, también se asoma el espíritu combativo: desde los últimos incendios en más de 7 grandes almacenes en Estados Unidos, hasta el desarrollo de técnicas de envenenamiento de modelos de IA. Porque la humanidad no aceptará un dominio tecnológico absoluto sin ejercer resistencia y así debe ser.