Durante la última década el ecosistema de las criptomonedas ha sido impulsado por una narrativa libertaria que promete la emancipación financiera frente a los monopolios bancarios y la intervención estatal; sin embargo, la tecnología blockchain y los criptoactivos no representan una alternativa al capitalismo, sino más bien su fase más financiarizada, extractivista y desregulada. Esto coincide con una época en donde el liderazgo político tradicional se desdibuja en medio del sistema digital, su tecnología y redes sociales, lo que genera dinámicas negativas y de híper concentración entre el capital, el sistema político y la regulación estatal.
Esta tendencia se ve condensada en la figura del actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el cual se ha valido de su puesto en la Casa Blanca para promover negocios cripto, beneficiar a una camarilla de amigos billonarios y fomentar los intereses del mercado cripto.
Pero vayamos por partes: primero, las criptomonedas son activos digitales que funcionan mediante tecnología blockchain; un subtipo de las criptomonedas son las stablecoins, las cuales están diseñadas para mantener paridad con el dólar u otro activo y finalmente, los memecoins, los cuales son activos sin ningún respaldo tecnológico, económico ni utilidad real, son pura especulación cuyo valor depende exclusivamente de la atención mediática. Desde que Trump y su familia regresaron al poder, se han valido tanto de stablecoins como de memecoins para hacer negocios privados.
No obstante, Trump no siempre fue un fanático de las criptomonedas, sino que pasó de calificar a Bitcoin como "una estafa contra el dólar" durante su primer mandato, a
autoproclamarse el presidente cripto en su campaña y posterior administración. Este giro ideológico fue producto de una inyección masiva de dinero de la industria de las criptomonedas; según datos de la organización Campaign Legal Center, el sector cripto aportó casi 119 millones de dólares a las elecciones de 2024, más que cualquier otra industria financiera.
El retorno de esta inversión ha tenido tres principales vertientes para el mercado de las criptomonedas y cripto activos: la integración y promoción de las criptomonedas con los negocios y entorno de Trump, la relajación de marcos legales y la protección de empresas y empresarios cripto de Trump frente a la justicia estadounidense.
El caso de la integración del mercado cripto a las ambiciones financieras de Trump se dio con la plataforma World Liberty Financial (WLFI), un proyecto promovido directamente por Eric Trump y Donald Trump Jr.; el lanzamiento formal del WLFI tuvo lugar el 16 de septiembre de 2024 en Mar-a-Lago, apenas dos meses antes de las elecciones presidenciales en Estados Unidos.
Durante la fase inicial de venta de tokens en octubre de 2024, la demanda fue poca,
recaudando apenas una fracción del objetivo de 300 millones de dólares; sin embargo, tras la victoria de Trump en las elecciones de noviembre, el interés se disparó, para finales de 2025, se estima que la familia Trump había obtenido ganancias por más de 1,000 millones de dólares, mientras mantenía en reserva tokens valorados en otros 3,000 millones de dólares.
En marzo de 2026, WLFI institucionalizó el "pago por acceso", ofreciendo reuniones
garantizadas con el equipo de desarrollo de negocios y ejecutivos de la familia a inversores que mantuvieran al menos 5 millones de dólares en tokens durante seis meses; o lo que es lo mismo, se institucionalizó pagar (vía criptonegocios) para acceder al círculo del presidente de Estados Unidos.
No obstante, el pago de dinero en el WLFI para obtener ventajas políticas no sólo ha ocurrido dentro de Estados Unidos, sino que algunos países han pagado dinero a la familia Trump; por ejemplo, en enero de 2025, días antes de la toma de posesión, un vehículo de inversión emiratí llamado Aryam Investment 1 (vinculado al asesor de seguridad nacional de los Emiratos Árabes Unidos y hermano del presidente) compró el 49% de WLFI por 500 millones de dólares.
Poco después de esta transacción la administración Trump aprobó acuerdos armamentísticos y tecnológicos para el gobierno de los Emiratos Árabes. En la misma línea, en enero de 2026 Pakistán firmó un acuerdo con SC Financial Technologies, una filial de WLFI, para explorar su uso pagos transfronterizos y remesas.
Además de las criptomonedas, la familia Trump ha incursionado en el negocio de los memecoins. El 17 de enero de 2025, tres días antes de su toma de posesión como presidente, Trump lanzó una criptomoneda con su nombre: $TRUMP, se crearon un total de 1.000 millones de tokens, de los cuales solo 200 millones fueron liberados al mercado público, los restantes 800 millones quedaron en manos de dos empresas controladas por Trump y sus socios.
Este proyecto ha generado al menos 350 millones de dólares a través de la venta de tokens y comisiones de transacción; además, la familia Trump y sus socios han recibido más de 320 millones de dólares solo en comisiones de transacción desde el lanzamiento; sin embargo, el valor de mercado del token ha colapsado con el tiempo y conforme la imagen del propio presidente ha disminuido.
Cabe señalar que, en febrero de 2025, apenas semanas después de la toma de posesión y mientras el token $TRUMP mantenía el “hype”, la oficina de la primera dama, Melania Trump, lanzó su propio activo digital en la red Solana: el token $MELANIA.
Más allá de los negocios hechos al amparo de su marca personal y su investidura presidencial, Trump también ha beneficiado judicial y regulativamente al mercado de las criptomonedas y sus líderes: El multimillonario cripto Justin Sun, investigado por la SEC por fraude y manipulación de mercado, invirtió 30 millones de dólares en WLFI poco después de la inauguración de Trump en 2025, meses después, las investigaciones federales en su contra fueron pausadas o liquidadas con multas simbólicas.
Asimismo, la administración Trump ha frenado investigaciones federales contra empresas cripto como Coinbase, Gemini, Robinhood, Ripple, Crypto.com, Uniswap y otras.
También figuran proyectos de ley promovidos por la administración Trump como la GENIUS Act, la cual fue un intento de la administración Trump para regular el mercado de las stablecoins y sumar criptomonedas a la reserva federal.
En general, Donald Trump ha construido un imperio cripto de miles de millones de dólares desde el Despacho Oval utilizando los poderes regulatorios y de indulto presidencial como instrumentos al servicio de sus negocios privados, lo que inevitablemente nos hace preguntarnos si la democracia puede sobrevivir en un contexto en donde el presidente del país más poderoso del mundo se enriquece de forma privada mientras se aprovecha de recursos y puestos públicos.
Ultimadamente, lo que ilustra el caso Trump no es una anomalía ni el exceso de un individuo avaricioso, sino la lógica de un sistema en el que la frontera entre poder público y negocio privado ha dejado de existir. Las criptomonedas no crearon este problema, pero le ofrecieron el instrumento perfecto: opacidad técnica, velocidad de transacción, anonimato relativo y ausencia de regulación.