Fue noticia de la semana pasada, pero no quiero dejar de mencionarla. En el marco de la entrega del Balón de Oro 2026, la futbolista mexicana Charlyn Corral obtuvo el premio a la “Mejor delantera del año” a nivel mundial. Anotó 49 goles en 49 partidos jugando con el Club de Futbol Pachuca y con la Selección Femenil de México. Enhorabuena a esa niña que en los años noventa salió en un clip del programa infantil Bizbirije, presumiendo que dominaba un balón. ♫ Que una niña sí puede jugar fútbol, eso dicen los niños del salón. ♪
Esta semana en redes sociales corrió una noticia en la que se recomendaba armar una mochila para prevenirse por la inminente llegada de una guerra mundial nuclear. Según lo difundido, Alemania, Suecia, Noruega, Estados Unidos, Bélgica, México estarían entre los países que recomendaron una mochila de sobrevivencia por 72 horas. Fueron especulaciones en el marco del Halloween y Día de Muertos, que sembraron cierta zozobra. Lo que si es cierto es que, en Estados Unidos, los republicanos sufrieron una gran derrota electoral: tendremos a una gobernadora en Texas, nieta de mexicanos; a un gobernador en California hijo de migrantes mexicanos y una indígena estadunidense presidirá el ejecutivo en Nuevo México. Vienen tiempos interesantes.
También es bueno recordar un poquito la Historia de la Guerra México vs. Estados Unidos (1846-1848). En esos años, Estados Unidos tenía el triple de población que México, artillería moderna y recursos económicos, pero la guerra fue relativamente pareja, hasta que los mexicanos nos empezamos a pelear entre mexicanos. Veamos un poco.
En marzo de 1847, el general Winfield Scott bombardeó Veracruz, mientras en la Ciudad de México el ejército se dividía entre federalistas y centralistas anhelantes de ocupar el poder. Valentín Gómez Farías expidió una Ley en la que despojaba al clero y a las élites de sus propiedades para obtener recursos para financiar la guerra. Entre abril y julio de 1847 el ejército estadunidense ocupó la ciudad de Puebla. El alto clero, molesto con el gobierno mexicano, le dio asilo en el centro de la ciudad.
A inicios de agosto, los estadunidenses decidieron avanzar, cruzaron el hoy llamado Paso de los Pueblos Indígenas (antes Paso de Cortés) y se estacionaron en Ayotla, hoy Ixtapaluca, Estado de México. Allí tuvieron noticias de que el cerro del Peñón (mismo que uno ve cuando llega a la Ciudad de México desde la autopista México-Puebla, entre los metros Peñón Viejo y Guelatao) estaba altamente fortificado. Decidieron cambiar de ruta hacia el Sur.
El 20 de agosto de 1847 ocurrió la Batalla de Churubusco (en las inmediaciones del metro General Anaya se encuentra el Museo Nacional de las Intervenciones de México). Posiblemente todos recordemos: nos mencionaron en la escuela que, al acabarse las municiones, el general Pedro María Anaya le dijo a los invasores “si tuviéramos parque, ustedes no estarían aquí”.
Siguió la Batalla de Molino del Rey. Ocurrió el 8 de septiembre, al poniente de la ciudad. Los dos generales más importantes de esta batalla eran Antonio López de Santa Anna y Juan Álvarez. Al final de la Batalla, en sus partes de guerra, Juan Álvarez denunció que Santa Anna le había ordenado no moverse de una colina que estaba al sur de la batalla. Por su parte, Santa Anna escribió “mientras el enemigo atacaba, el General Juan Álvarez, como si nada tuviera que hacer, se la pasó mirando desde lejos cómo nos emboscaba el invasor”.
El 13 de septiembre cayó el último bastión de defensa de la Ciudad de México: el Colegio militar que estaba en el Castillo de Chapultepec, mismo que defendieron sus jóvenes estudiantes (no fueron sólo seis, pero esos seis sí existieron y sí eran niños, se les decía niños a todos aquellos jóvenes, menores de 30 años, que no se habían casado). Murieron 600 soldados mexicanos, por parte de Estados Unidos se reportaron 823 muertos, pero EUA tenía 7,180 soldados contra sólo 1,280 mexicanos que permanecieron combatiendo, el resto ya se había retirado para proteger la huida de Santa Anna.
Entre septiembre de 1847 y febrero de 1848, el ejército de Estados Unidos estuvo en la Ciudad de México. De repente algún ama de casa dejaba caer una maceta o una olla de agua hirviendo sobre los invasores, pero no se podía hacer mucho sin armas. Luis Fernando Granados en su libro “Sueñan las piedras. Alzamiento ocurrido en la ciudad de México, 14, 15 y 16 de septiembre de 1847” relata de manera pormenorizada la resistencia que tuvo la población civil de la Ciudad de México.
La desunión fue la causa por la que nos derrotaron. Los conservadores, cada que pierden, piden ayuda al extranjero. Es bueno hacer un poco de historia comparada: desde 1927 en China hubo una guerra entre nacionalistas liderados por Chang Kai Shek y comunistas liderados por Mao Tse Tung. En 1937, aprovechando la debilidad por la guerra, Japón invadió a China. Chiang y Mao firmaron un acuerdo para detener la guerra hasta expulsar a los invasores japoneses, lo lograron en 1945. Cuando ganaron la guerra contra Japón, Mao y Chiang retiraron a sus ejércitos hasta donde estaban cuando había iniciado la guerra con Japón y continuaron su lucha durante 4 años más, cuando ganó el ejército de Mao.
En Estados Unidos perdió Trump, qué bueno, pero no hay que confiar al 100% en los demócratas. Confiemos y apoyamos las luchas actuales de los pueblos en contra el fascismo.