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  • hace 7 horas
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Brasil y la derrota en primer tiempo

Brasil y la derrota en primer tiempo

Por Héctor Adolfo Quintanar Pérez

Este domingo 4 de octubre se llevaron a cabo las elecciones presidenciales en Brasil. Dos personajes ampliamente conocidos, uno por su larga trayectoria política y por ser uno de los personajes más sólidos de la izquierda a nivel mundial y el otro por tratarse del hijo de un expresidente cuyo apellido lo ha llevado hasta la posición de candidato, más que su carrera como abogado o diputado. El primero, Lula da Silva, carga en sus hombros haber sido perseguido político, defensor de los trabajadores y la clase obrera, y presidente de la nación en tres ocasiones; mientras que Flávio Bolsonaro es conocido por ser hijo de su padre, Jair Bolsonaro, hoy bajo arresto por intento de golpe de estado. A pesar de los diferentes perfiles y la abrumadora y aparente conveniencia popular por el primero de los candidatos, Bolsonaro se ha alzado ganador en esta primera vuelta y el resultado, aunque estrecho, no abriga esperanza de un cambio para la siguiente vuelta. 

Los números se han revelado como un balde de agua fría para las cálidas cabezas que auguraban un triunfo para Lula da Silva luego de haberse mostrado como el favorito en diversas encuestas durante las últimas semanas. El mismo candidato y expresidente se declaró sorprendido por el resultado de la jornada electoral donde se veía a sí mismo ganador. El 47 por ciento de los votos favorables para el ultraderechista se ha prestado a diversas opiniones e incluso hipótesis injerencistas de Estados Unidos, quien hasta hace poco mostraba un sobrio apoyo al candidato hoy ganador, no así en el caso de su padre. Sin embargo, la ecuación del triunfo de la derecha y la derrota de la izquierda tiene que ser profundizada si es que se busca un cambio o viraje en las próximas generaciones electorales. 

La ahora dinastía Bolsonaro es reconocida por ser un clan familiar ahora anclado a la política ultraconservadora de Brasil, ligada al negacionismo científico, la desprotección de la Amazonía y sus pueblos originarios, la política reflejo al trumpismo y la militarización. Jair Bolsonaro, el padre, fue un fiel seguidor de Trump y aplicó un gobierno bastante polémico marcado por constantes acusaciones de corrupción, autoritarismo, colocación de su familia directa en cargos políticos, y su salida del gobierno estuvo fuertemente manchada por el asalto de sus seguidores a las sedes del Congreso Nacional, el Palacio de Planalto (sede de la Presidencia) y el Supremo Tribunal Federal en la capital de Brasil. Su hijo, ahora con un pie dentro de la presidencia, fue diputado desde el año 2002 y continuó ascendiendo bajo el cobijo de su padre, quien aún no era presidente, pero tuvo diversos cargos en la vida política de Río de Janeiro y Brasil desde finales del siglo pasado, siempre bajo una línea de conservadurismo ligada a partidos con relación estrecha con la iglesia cristiana y evangelista. Flávio, como diputado, fue mas bien gris y mediocre.

No existe realmente un elemento destacable dentro de su carrera, pero los fuertes vínculos granjeados por su padre le han bastado para llegar hasta donde está. Y no solo él, en esta elección, su madrastra y esposa del expresidente hoy fue elegida como senadora; Carlos, otro hijo de Jair Bolsonaro, también va al senado; mientras que Renato Bolsonaro, hermano del expresidente y tío del aún candidato obtuvo la banca como diputado; y el hijo menor y hermano de Flávio, Jair Renán, representará a la Cámara baja. Caso raro el triunfo político para una familia cuyo patriarca se encuentra bajo condena por delitos graves.

Lula Da Silva, por su parte, se muestra positivo ante la segunda vuelta sin dejar de hacer pública su extrañeza por el resultado. Aunque ha obtenido un 45 por ciento de los votos, no necesariamente goza de la popularidad que representa ese número. El mandatario se encuentra frente a un electorado cansado de mirarlo como una opción presidencial de izquierda por una cuarta ocasión, situación legal en las leyes brasileñas, pero que sin duda recuerda a la perpetuación en el poder que varios ciudadanos prefieren evitar.  Del mismo modo, a gran parte de la población le parece sumamente necesario hacer un cambio generacional en los personajes políticos, ya que los jóvenes difícilmente se sentirán identificados con un hombre cuya trayectoria es sólida, pero que no parece impregnar a los nuevos  votantes.

Del mismo modo, el discurso reaccionario y la continuación política de los Bolsonaro parece atraer a un gran sector de la población que los mira como personajes sólidos, provenientes de la casta militar más férrea del país y con la promesa de la mano dura contra los delincuentes, la nula preocupación de los derechos humanos y el sacrificio de las zonas naturales protegidas, hogar de pueblos originarios, para la extracción de recursos naturales y minerales para compañías nacionales y extranjeras. 

La segunda vuelta electoral se llevará a cabo el domingo 25 de octubre. En 20 días, ambos candidatos deberán afincar todos sus apoyos y tratar de ganar al electorado indeciso si es que quieren llevarse una victoria convincente para Brasil y para ellos mismos, sin embargo el panorama luce bastante desolador para Lula Da Silva, quien parece que no alcanzará a retomar el rumbo ganador. Sin embargo, aún quedan 20 días donde todo puede pasar y  se decidirá el destino y dirección política de casi toda Latinoamérica y su viraje a la derecha más conservadora, trumpista y militarizada, dejando así a México y Cuba como únicos gobiernos no alienados a la política estadounidense ni a la ultraderecha latinoamericana. Y eso es algo que debería preocupar a los partidos nacionales que se asumen de izquierda, humanistas y protectores de la soberanía e interés popular.