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Los “Acuerdos de Isaac” y la reconfiguración hegemónica yanqui-sionista en AL

Los “Acuerdos de Isaac” y la reconfiguración hegemónica yanqui-sionista en AL

Por Jonathan Pérez Iturbide

El rompimiento de la comunidad universitaria de la Ivy League con los sionistas y el aislamiento diplomático mundial que vive el estado de Israel por el genocidio en Gaza, trajeron como consecuencia que Benjamín Netanyahu centrara su alianza con Donald Trump y su círculo cercano en un proyecto que involucra profundamente a nuestra región.

No es la primera vez que colaboran juntos y de manera estrecha para asegurar el control sobre América Latina. Entre 1964 y 1976, Estados Unidos participó de manera profunda, sistemática y decisiva en el derrocamiento de presidentes democráticos y la imposición de dictaduras militares en nuestra región. Después, junto con el poder sionista, creó una red internacional de inteligencia y terrorismo de Estado que se enmarcó en el Plan Cóndor, cuyas consecuencias fueron la destrucción de grupos de izquierda y el asesinato de expresidentes y líderes políticos que habían sido depuestos por esos golpes de Estado.

Basta recordar a los escuadrones de la muerte cometiendo secuestros, asesinatos y envenenamientos en Argentina, o a los atentados con coches bomba en pleno centro de Washington.

Los grupos de izquierda de esa época buscaban que las riquezas estratégicas estuvieran bajo el control del Estado y no de los privados extranjeros. Combatían con firmeza a la OEA, uno de los brazos ejecutores de las políticas económicas y sociales de Washington; a la par, querían una democracia que tuviera más influencia de sindicatos y estudiantes, pero, sobre todo, tenían una enorme y profunda conciencia antiimperialista.

Estas banderas estructurales de lucha siguen vigentes en los movimientos progresistas de la actualidad, y gobiernos de izquierda han impulsado históricamente los lazos con potencias como China para tratar de transformar de raíz su sistema socioeconómico y, al mismo tiempo, huir del trato de “patio trasero” que Washington les ha dado históricamente.

Por otro lado, las naciones con gobiernos alineados a las políticas estadounidenses, se han visto obligadas a estrechar lazos con el
Sur Global porque sus economías dependen de ello. Pragmatismo económico le llaman.

Un dato alarmante para la hegemonía yanqui lo arrojó la medición de Latinobarómetro publicada en el mes de octubre: por primera vez desde 1995, la influencia de China es percibida de forma más positiva (65%) que la de Estados Unidos (57%).

En este punto de inflexión, pasar de "Abraham" a "Isaac” no tiene nada que ver con el relevo patriarcal de la tradición bíblica, sino con una transición que representa la exportación de un modelo de sometimiento exitoso del Medio Oriente hacia América Latina.

El eje Washington-Tel Aviv firmó los “Acuerdos de Abraham” con Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Marruecos y Sudán a través de presiones o “incentivos” que permitieron desmantelar el consenso de la Iniciativa de Paz Árabe de 2002, logrando la normalización de las relaciones con Israel sin la condicionante de la creación de un Estado palestino.

Mientras los acuerdos con las monarquías árabes y musulmanas tuvieron su núcleo en la transacción comercial y militar masiva patrocinada por Estados Unidos, y no en la paz, en nuestra región se repite la fórmula adaptada a las necesidades de las derechas latinoamericanas bajo el pretexto de la lucha contra el “narcoterrorismo”.

Al igual que los Emiratos Árabes terminaron fusionando su infraestructura crítica y cibernética con empresas israelíes tras los “Acuerdos de Abraham”, en nuestra región los “Acuerdos de Isaac” buscan que secretarios y ministros de seguridad pública sean adictos a la tecnología sionista y, en la culminación del plan, lo que inició como una alianza diplomática, se traduzca en la entrega de la arquitectura de telecomunicaciones, la inteligencia policial y las bases de datos biométricas a los algoritmos y los servidores de corporaciones sionistas. En este nivel ya no hay salida para los países, ya que el rompimiento del trato significaría el colapso de toda su infraestructura de seguridad.

El resultado es que el poder sionista (con la ayuda y respaldo de Washington) pasa de ser un estado genocida, que debería estar aislado, condenado y castigado, a un eje tecnológico y militar que controla la política de seguridad y la diplomacia en vastas regiones del Sur Global.

La dominación absoluta de AL está en marcha. En el sur del continente, a través de una envoltura diplomática falsa y con la invención de una “alianza judeocristiana antiterrorista”. México, por desgracia ya le había abierto la puerta de par en par al binomio yanqui-sionista a través de la guerra contra el narco.  

En ese sentido no es casualidad que nuestro país haya sido el laboratorio por excelencia del colonialismo tecnológico israelí y el cliente cero del software Pegasus.

Tanto los “Acuerdo de Isaac” como la mutación de “guerra contra el narco” a la “guerra contra el narcoterrorismo” traerán consecuencias catastróficas para la región. Y sin un movimiento articulado de todos los pueblos de la Patria Grande, el eje Washington-Tel Aviv logrará imponer una reconfiguración hegemónica de acuerdo a sus perversiones e intereses.


Continuará…