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  • hace 22 horas
  • 08:04
  • SPR Informa 6 min

¡Vivan lxs periodistas, carajo!

¡Vivan lxs periodistas, carajo!

Por Valeria Herrera

La decisión del presidente argentino Javier Milei de prohibir el acceso de periodistas a la Casa Rosada es una grave afrenta a la libre expresión; además, sus reiterados ataques a la prensa promueven la violencia contra quienes nos dedicamos a la labor periodística.

Alrededor de 60 periodistas acreditados llegaron el día de ayer a la Casa Rosada, solo para enterarse que el sistema de huellas digitales había sido retirado, imposibilitándolos de realizar su trabajo. La medida de Milei, justificada en un supuesto “espionaje”, va más allá: atenta contra el derecho a la información.

La presencia de la prensa en dicho recinto no es un capricho, responde a la necesidad de informar al pueblo argentino sobre lo que sucede en la sede del Poder Ejecutivo. En ese sentido, coartar el libre ejercicio del periodismo va en contra de todo valor democrático.

Tal y como lo advirtió el Foro de Periodismo Argentino, esta decisión “implica limitar la posibilidad de que la sociedad conozca, comprenda y controle la actividad de sus gobernantes”. Por su parte, Amnistía Internacional Argentina declaró que “la medida de cerrar un espacio clave para el acceso a la información pública es desproporcionada, injustificada y atenta contra el derecho a la libertad de prensa y de expresión”.

Lo anterior es especialmente preocupante en el caso de Milei, quien ha acusado reiteradamente a la prensa de crear campañas negativas en su contra. No conforme, basó este nuevo episodio de censura en la acusación contra dos periodistas de la televisora Todo Noticias por difundir imágenes que habrían grabado sin autorización en el interior de la Casa Rosada. Su respuesta —muy madura, por cierto— fue llamarlos “corruptos”, “delincuentes” y “basuras repugnantes”.

No es la primera vez que el mandatario de ultraderecha lanza insultos contra el gremio periodístico. De hecho, Milei cuenta con decenas de publicaciones en X donde repite la sigla "NOLSALP", que significa "No odiamos lo suficiente a los periodistas". Bajo esta narrativa —muy similar a la de su homólogo estadounidense, Donald Trump—, cataloga a las y los periodistas como entes indeseables en la sociedad.

Aunque no todos los medios tienen el mismo nivel de ética y rigor periodístico, quien debe vigilar y señalar su desempeño es la ciudadanía o los organismos internacionales en la materia, no el Estado. Es preocupante que funcionarios públicos, del rango que sea, promuevan un discurso tan negativo contra un sector ya de por sí vulnerable.

Al menos, Milei nos hace el favor de mostrarse tal cual es: una imitación barata del fascismo trumpista. ¿Qué sentido tiene gritar “¡viva la libertad, carajo!”, cuando no existe libertad de prensa?