• SPR Informa
  • SPR Informa
  • SPR Informa
  • SPR Informa
  • SPR Informa
  • https://www.sprinforma.mx/noticia/museos-uniendo-un-mundo-dividido
  • hace 15 horas
  • 07:05
  • SPR Informa 6 min

Museos uniendo un mundo dividido

Museos uniendo un mundo dividido

Por Nieves R. Méndez

Hoy 18 de mayo se celebra el Día Internacional de los Museos y, con motivo de su 80 aniversario, el Consejo Internacional de Museos (ICOM) ha elegido el lema de “Museos uniendo un mundo dividido”. La consigna responde a una preocupación cada vez más urgente ante el contexto global actual donde las guerras, la polarización política, las crisis migratorias, la desigualdad cultural y una creciente fragmentación social alimentada por redes sociales y algoritmos ha puesto sobre la mesa una pregunta fundamental para la continuidad de la institución: ¿pueden los museos volver a convertirse en espacios capaces de reunir a las personas?

Poco hemos heredado de aquel Mouseion (Μουσεῖον) dedicado a las musas helénicas y a sus oficios en las artes y las ciencias o del centro de investigación y biblioteca que fue el Museo de Alejandría. Los museos modernos surgieron, más bien, del modelo babilónico impulsado por la princesa Ennigaldi, quien ya en el siglo VI a. C. coleccionó, conservó, catalogó y exhibió una diversidad de objetos de distinto origen. Ese modelo quedó consolidado durante el Renacimiento y se afianzó definitivamente en la Ilustración, cuando grandes instituciones como el Museo del Louvre se abrieron al ciudadano, convirtiendo el arte y la historia en herramientas de educación cívica y construcción pública del conocimiento.

Ahora bien, este museo heredado enfrenta hoy un desafío distinto y el ICOM es consciente de ello entendiendo que ya no se trata de conservar objetos, sino de reconstruir vínculos sociales en un mundo donde gran parte de la experiencia humana ocurre de manera digital e individualizada. Lo advertía ya el filósofo alemán Walter Benjamin en “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica” cuando apuntaba que las imágenes reproducidas de forma masiva perderían parte de su aura, es decir, de esa experiencia única e irrepetible que produce la contemplación directa que, en el caso del arte, ocurre en las salas de exhibición.

Pero ¿qué sucede cuando la narrativa de lo exhibido no es neutral? Durante siglos, muchos museos europeos construyeron sus colecciones a partir de procesos de saqueo, apropiándose de piezas provenientes de Asia, África y América Latina. Por eso, la discusión actual ya no se limita solo a cómo conservar el patrimonio, sino también a quién pertenece la memoria y quién tiene el derecho de narrarla. El debate sobre la restitución de obras y artefactos culturales refleja esa tensión y constituye una reclamación legítima para abandonar la lógica elitista que históricamente ha rodeado a estas instituciones. Tal vez por eso el lema de este año resulta tan significativo. “Museos uniendo un mundo dividido” no habla solo de arte o patrimonio, habla de la necesidad de encontrar espacios donde todavía podamos reconocernos unos a otros dentro de una misma historia colectiva, donde no seamos “el otro”.

Desde ese contexto, muchos museos han comenzado a replantear su papel mediante la organización de talleres, conciertos, noches abiertas y exposiciones inmersivas que buscan atraer e invitar no solo a las nuevas generaciones que crecieron consumiendo cultura desde el teléfono móvil sino también a las veteranas a reflexionar, releer y reinterpretar la historia que alguna vez les fue contada.

Como historiadora del arte, entiendo que el museo tiene sentido allí donde la realidad comienza a agrietarse. Cuando el mundo que habitamos, conformado por trabajo, rutinas, productividad y velocidad, deja entrever sus fracturas y se abre un vacío que nos enfrenta a algo más profundo y difícil de nombrar: el absurdo, el abismo que existe detrás de toda construcción humana. Y al darnos cuenta, intentamos cubrir esa grieta mediante relatos que leemos o símbolos e imágenes que navegan a una velocidad vertiginosa a través de las redes, para construir aquello que llamamos “cultura”, para dar forma al caos y hacer habitable la existencia.

Sin embargo, las experiencias culturales no logran cerrar la herida, sino que la conservan abierta, recordándonos que la expresión artística viene siempre ligada a una reacción hacia la sociedad que la crea. Por eso los museos, en este momento, deben convertirse en lugares donde no únicamente se contemplan objetos bellos o se adquiere conocimiento, sino en lugares donde podamos mirar de frente aquello que permanece oculto bajo la superficie de lo cotidiano. Ya que es en el silencio del museo, lejos por un instante de la enajenación del trabajo y de las exigencias de la vida productiva, donde podemos encontrarnos con nosotros mismos, con nuestra fragilidad, con el paso del tiempo y con la pregunta persistente por el sentido del existir.

El verdadero reto de los museos contemporáneos se encuentra en transformar ese espacio de contemplación individual hacia un lugar de conexión humana donde poder acudir no solo a consumir una experiencia cultural cerrada (entrar, recorrer una narrativa dictada por un curador, quizás unirnos a una visita guiada y marcharnos), sino a participar de un espacio vivo donde la comunidad pueda reconstruirse y reconocerse a sí misma. Un lugar atravesado por múltiples experiencias, memorias y culturas; vinculado a proyectos sociales reales y desde donde se nos ofrezcan formas más horizontales de encuentro y participación.

Un lugar donde se democratice la experiencia cultural y desde donde se desmonte la idea de que el museo pertenece solo a quienes entienden de arte o poseen ciertos niveles de educación ya que no existen jerarquías en la sensibilidad humana. La emoción, la memoria, la curiosidad y la necesidad de sentido atraviesan a todas las personas por igual y; por ello, más que nunca, resulta fundamental desvincular al museo de los estereotipos elitistas para convertirlo en un espacio accesible y cotidiano, con horarios pensados para quienes trabajan, actividades gratuitas, programas comunitarios, educativos y experiencias donde los visitantes dejemos de ser meros espectadores para convertirnos en parte activa de la vida cultural.