México y la Unión Europea están entrando en una nueva etapa en la que no se trata solo de comercio ni de protocolos diplomáticos, sino de definir bases sólidas que preserven la cooperación económica, el valor cultural, el diálogo y la amistad que caracterizan a ambas potencias. En este sentido, la actualización del Tratado de Libre Comercio vigente desde el 2000, era necesaria y urgente dado los desafíos a los que se enfrenta el mundo.
La modernización de los acuerdos hoy ya no responde solo a variables económicas, y el gobierno mexicano lo tiene muy claro; no sirve de mucho para una nación que exista crecimiento económico sin desarrollo social. Así, ambas potencias reflejan la voluntad de fortalecer una nueva cooperación humanista basada en el respeto a la soberanía.
La visita de Úrsula Von der Leyen, Presidenta de la Comisión Europea, y António Costa, Presidente del Consejo Europeo, resignificó el acuerdo como un relanzamiento con mayor apertura y una visión multilateral común. Mientras algunas potencias están apostando al proteccionismo, a la injerencia y a la confrontación, México y la Unión Europea apuestan por una agenda sustentada en el derecho internacional y en el bienestar de las personas.
En este tablero, el canciller Roberto Velasco ha tenido un papel relevante. En apenas unos meses al frente de la Secretaría de Relaciones Exteriores, ha impulsado una diplomacia firme, moderna y comprometida con la causa social. Esta conducción ha permitido articular una agenda de cooperación basada en 4 principios irrenunciables: el respeto a la soberanía, confianza mutua, cooperación sin subordinación y responsabilidad compartida.
Las políticas públicas emanadas en los últimos ocho años del gobierno mexicano, han derivado en éxito rotundo de crecimiento económico y desarrollo, posicionándose como un ejemplo mundial. Incluso para potencias muy desarrolladas, México es un caso extraordinario. En el marco de la Cuarta Transformación y desde que la Presidenta Claudia Sheinbaum asumió el cargo en 2024, 13.4 millones de mexicanos salieron de la pobreza, al tiempo que aumentó el porcentaje en Inversión Extranjera Directa, se crearon más de 669,000 empleos, se amplió la infraestructura de hospitales en 24 estados y el salario mínimo mensual pasó de $2,650 en 2018 a más de $9,500 en 2026; esto es, 154% más.
De igual forma, la perspectiva interseccional enfocada principalmente en las mujeres, tuvo frutos excepcionales desde la legislación federal y local para reducir las brechas en desigualdad política, económica y social, a tal grado que la Unión Europea y México firmaron una declaración conjunta sobre comercio e igualdad de género, lanzando seis proyectos con una financiación de más de $80,000,000 para combatir la violencia contra niñas y mujeres. Por otro lado, el sector de agricultura tiene condiciones que le han permitido amplificar la producción local a más de 150 naciones. En este sentido, la Unión Europea llega sumando con acciones benéficas como la eliminación de aranceles.
El resultado de la visita fue la firma del Acuerdo Global Modernizado, el Acuerdo Comercial Interino y una carta de intención para establecer un diálogo estratégico en asuntos globales.
Los acuerdos se fundamentan en las estrategias económicas de ambas potencias; por un lado, el Plan México como una Estrategia de Desarrollo Económico, Equitativo y Sustentable para la Prosperidad Compartida, y el Global Gateway, al que denominan una innovadora estrategia de cooperación e inversión internacional, promovida por la Unión Europea. Ambos, con ejes comunes como la generación de energías limpias, el impulso a la salud, a la política social enfocada en las mujeres y amplificación en la cartera económica.
Al respecto, la Unión Europea destinará un fondo de 5,000 millones de euros dentro del Global Gateway para nuevas inversiones en México. En un contexto geopolítico con alto grado de incertidumbre, ambas potencias tienen claro que es esencial preservar un orden basado en el derecho internacional, en la cooperación y en el multilateralismo. Así, el enfoque social de la 4T les da un sentido humanista a los acuerdos, tomando en cuenta que estos se traducen en bienestar para los pueblos.
La relación entre México y la Unión Europea entra así en una nueva fase. No una basada únicamente en rubros económicos, sino en la construcción de alianzas capaces de responder a los desafíos actuales.
México demuestra que el modelo del humanismo mexicano es otra forma de relacionarse con las naciones desde el respeto mutuo, la cooperación y la defensa de la soberanía. La Cuarta Transformación ha colocado a las personas como prioridad en la agenda pública, y la visión humanista ya se refleja en nuestra política exterior.
Cuando la diplomacia se pone al servicio del bienestar de la gente, los acuerdos dejan de ser simples documentos para convertirse en acciones y oportunidades reales. Esa es la nueva apuesta de México, abrirse al mundo sin renunciar a sus principios, construir prosperidad compartida sin sacrificar la soberanía y demostrar que el humanismo también es una poderosa herramienta de transformación y no solo para México, sino para el mundo.