Tenía 27 años cuando viajé sola por primera vez, no fue una elección sino más bien las circunstancias que me orillaron a hacer ese viaje sin compañía. Mi destino fue la Huasteca Potosina: Un sitio maravilloso, unas cascadas bellísimas, una gastronomía deliciosa, la fauna y flora espectacular. Llevé un “diario de viaje” porque quería siempre recordar qué se sentía “viajar sola” y… Mujeres que me leen ¡Viajen solas por lo menos una vez en la vida!
Cada año, millones de mujeres aterrizan en México con una maleta y una decisión tomada por ellas mismas (o eso espero): venir aquí a nuestro México lindo y querido. En 2025, fueron exactamente 10 millones 596 mil 344 las turistas extranjeras que llegaron vía aérea a nuestro país, 76 mil más que el año anterior y un 14% más que en 2019. Más de diez millones de razones para preguntarnos qué lugar ocupa la mujer en el turismo mexicano, no solo como visitante, sino como trabajadora, como líder, como sujeta de políticas públicas.
La respuesta, como casi siempre cuando se trata de feminismos, resulta ser un tanto incómoda para el sistema.
Las que llegan
Viajar sola o con amigas, cruzar fronteras, elegir un destino por placer, ha sido históricamente un privilegio masculino. Que hoy más de diez millones de mujeres lo hagan hacia México habla de transformaciones mundiales profundas, de mayor autonomía económica y de la normalización del viaje femenino independiente. A ellas, a sus esfuerzos y a sus luchas -desde mi país que tenemos la tradición de ser buenos anfitriones y anfitrionas- les digo: ¡Bienvenidas sean!
El perfil de la turista extranjera que elige México es claro: el 67% proviene de Estados Unidos, 14% de Canadá, 2% de Colombia y el 17% restante de una decena de otros países. La mayoría llega a Cancún —donde se concentra casi la mitad de todas las turistas, el 46%—, seguida de Ciudad de México con el 17%, los Cabos con el 11%, Puerto Vallarta con el 8% y Guadalajara con el 6%. Ellas son mujeres que viajan, que deciden, que gastan, que eligen sus destinos. Es un perfil de mujeres que cuentan con distintos privilegios que les permite ejercer, con plena libertad, una movilidad que durante siglos les fue negada o restringida y que aún ahora a una gran mayoría extranjera y nacional de mujeres nos es difícil ejercer el turismo por distintas razones, en su generalidad por causas estructurales y sistemáticas.
Pero los números iluminan solo una parte del cuadro.
Las que sostienen
Mientras las turistas llegan, hay millones de mujeres mexicanas que hacen posible esa experiencia desde adentro. En 2025, las mujeres representaron el 54.2% del personal ocupado en el sector turístico mexicano: más de 2.7 millones de trabajadoras que son, en su mayoría, las que dan la bienvenida, preparan la comida, tienden las camas, guían los recorridos, preservan las artesanías y cuentan la historia de este país a quienes vienen a conocerlo. Son la columna vertebral de una industria que el año pasado fue también una de las más dinámicas de la economía nacional.
El nivel de preparación de esas mujeres no es menor: el 47.4% de ellas cuenta con educación media superior o superior. Estamos hablando de mujeres preparadas, comprometidas con su sector, que sin embargo enfrentan condiciones que no corresponden a su aportación real. Una mujer en el turismo mexicano gana menos que un hombre. Y no es por falta de preparación o conocimientos, sino es asunto sistemático que debería entrar a revisión.
Ellas se desenvuelven siendo las hostess, las meseras, las recepcionistas. Ellos son los guías, los agentes de viajes, los cocineros reconocidos. La segregación ocupacional es una forma silenciosa de techos de cristal que empieza en el piso.
En las comunidades y pueblos originarios, la paradoja se agudiza. Ahí, muchas mujeres son las verdaderas guardianas del patrimonio que hace único a México: son las que tejen, cocinan, organizan las fiestas, transmiten la lengua, guían a los visitantes por sus territorios. Son, en el sentido más profundo, las que hacen posible el turismo cultural que tanto se presume en ferias y congresos. Y son, con frecuencia, las que menos se benefician económicamente de él.
Ellas en la política pública del turismo
En toda la historia de la Secretaría de Turismo federal, apenas seis mujeres han ocupado su titularidad. Que me permito nombrar porque como lo ha expresado la Presidenta Claudia Sheinbaum “sólo lo que se nombra existe” y ellas existieron y abrieron camino en la política pública enfocada al turismo.
La primera fue Rosa Luz Alegría Escamilla, física de formación, nombrada en 1980. Su sola presencia en ese cargo fue un hito: era la primera mujer en ocupar una Secretaría de Estado en México. Le siguieron Silvia Hernández Enríquez (1994 - 1997), Bertha Leticia Navarro Ochoa (2000 - 2003), Gloria Guevara Manzo (2010 - 2012), Claudia Ruiz Massieu Salinas (2012 – 2015), y quien es la actual titular: Josefina Rodríguez Zamora.
Rodríguez Zamora, es la política mexicana más joven del gabinete de la presidenta, desde su nombramiento, el 1 de octubre de 2024, ha buscado posicionar a México de manera competitiva a través de herramientas innovadoras de promoción y políticas que favorezcan el desarrollo sostenible en cada uno de los destinos con prosperidad compartida para todas y todos. En su paso por la Sectur ha logrado que “México esté de moda” con una visión innovadora mostrada ampliamente en la Fitur (Madrid, España) 2025 y 2026, así como en el Tianguis Turístico en su edición 50 (Acapulco 2026).
Por primera vez en la historia de México, el país tiene una Presidenta y una secretaria de turismo mujer al mismo tiempo. Eso importa. La representación en los espacios de poder no es un adorno simbólico: cambia las preguntas que se hacen, los problemas que se visibilizan, las políticas que se priorizan.
Pero la presencia de mujeres en la cima no resuelve automáticamente las condiciones en la base. El feminismo nos ha enseñado que el techo de cristal y el piso pegajoso son dos caras del mismo problema. Que haya más mujeres al frente de secretarías es condición necesaria, no suficiente.
Hoy, los retos en el sector siguen incrementando, estamos por recibir -a causa del Mundial de futbol (varonil) 2026- a un gran número de turistas hombres y mujeres, listas y listos para ver de México más que solo futbol. Es un momento histórico, por lo que se debe garantizar que las mujeres -que son la base del turismo como ya lo revisamos- tengan salarios iguales, acceso a puestos de decisión, seguridad en sus lugares de trabajo, reconocimiento económico por su aportación cultural y protección efectiva frente a la violencia que, también en el sector turístico, sigue siendo una amenaza real.
Hace ocho años que viajé por primera vez sola no sabía que también estaba llevando a cabo un acto político: una mujer eligiendo su destino, su ritmo, su historia. Hoy, millones de mujeres hacen lo mismo, como turistas que cruzan fronteras, como trabajadoras que sostienen una industria entera, como funcionarias que cambian las preguntas desde el poder. Pero el derecho a viajar libre no puede existir sin el derecho a trabajar con dignidad. No podemos celebrar que diez millones de mujeres lleguen a México si las que las reciben siguen ganando menos, escalando menos y arriesgando más.
El turismo con perspectiva de género no es una categoría de nicho ni un pendiente menor: es la condición para que el sector sea, de verdad, de todas. Porque viajar sola —o trabajar sin miedo, o liderar sin techo de cristal— debería ser una elección, no una hazaña.
Fuente de datos: Unidad de Política Migratoria, SEGOB; Secretaría de Turismo, con base en ENOE 2025.