Hay fotografías que retratan un momento y hay otras que revelan el extravío de toda una clase política. La imagen de Vicente Fox en un avión privado rumbo a Perú para atestiguar la toma de protesta de Keiko Fujimori pertenece a la segunda categoría.
Más allá del alarde mediático, el viaje deja al descubierto una sintomatología recurrente en la oposición mexicana: la necesidad de colarse en escenarios ajenos para buscar la legitimación que no encuentran en casa, vinculándose a mensajes que están muy lejos de la realidad nacional.
La escena provoca una pregunta inmediata: ¿sabrá el expresidente a qué fantasma histórico le está aplaudiendo?
Hablar del apellido Fujimori en Perú no es referirse a una corriente ideológica ordinaria; es invocar una década (1990-2000) marcada por la erosión institucional, la represión estatal y la violación sistemática de los derechos humanos. Alberto Fujimori es el primer expresidente latinoamericano extraditado y condenado en su propio país por crímenes de lesa humanidad.
Ahí están, para la memoria histórica de la región, la Masacre de Barrios Altos —perpetrada por el escuadrón paramilitar estatal Grupo Colina—, las ejecuciones de La Cantuta y el programa de esterilización forzada que afectó a más de 270 mil mujeres. Keiko Fujimori no solo heredó el apellido; construyó su carrera reivindicando la "mano dura" de aquel régimen, desestimando los fallos judiciales y enarbolando una agenda abiertamente antiinmigrante y regresiva en derechos humanos.
¿Es esa la plataforma ideológica que motiva a Fox a dejar la comodidad de su casa y viajar durante horas? ¿Militarización, expulsión de migrantes y discursos antiderechos? Lo relevante no es que un expresidente retirado abrace posturas ultraconservadoras en viajes a título personal, sino lo que este fenómeno revela sobre el bloque opositor en México.
Tras el descalabro electoral de 2024, la oposición atraviesa una profunda crisis de identidad. Sin una propuesta de nación que conecte con las causas populares, sus dirigencias se han atrincherado en el reciclaje: un PRI que reelige a Alito Moreno a puerta cerrada mientras su militancia protesta en la calle, y un PAN atrapado en un bucle infinito de "relanzamientos" que no renuevan nada.
Ante el vacío de ideas en el terreno local, la estrategia ha sido buscar refugio en causas externas. Si no es la derecha en Estados Unidos o el fujimorismo en Perú, es el discurso de la ultraderecha en España. El patrón es el mismo: importar agendas ajenas para intentar justificar una postura que se resume en llevarle la contraria al gobierno, sin importar qué tan cerca los coloque de discursos autoritarios ni qué tan lejos los aleje de la ciudadanía.
La imagen de Fox en un avión privado rumbo a Perú es la metáfora perfecta de la oposición: volando a miles de metros de altura, desconectada de la tierra que pretende gobernar y sin un mapa claro de navegación. La pregunta de fondo ya no es si esta estrategia les dará dividendos rumbo a 2027, sino qué tanto están dispuestos a erosionar su propia congruencia con tal de sostener un contrapeso sin brújula.