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  • 02 Sep 2022
  • 19:09
  • SPR Informa 6 min

El progresismo en América Latina

El progresismo en América Latina

Por Héctor Porras .

A 4 años del cambio de régimen en México, Andrés Manuel López Obrador rindió su cuarto informe de gobierno, en donde además de detallar escrupulosamente los logros y pormenores de su mandato, dejó en claro que el sello distintivo de este gobierno son los programas sociales. Este rasgo, junto con otros como el fortalecimiento del Estado y la defensa de la soberanía, corresponden a la llamada ola progresista latinoamericana. En este sentido, es relevante conocer qué es el Progresismo, cómo nace y cuáles son sus características principales. 

El Progresismo, es una respuesta de las izquierdas a la dinámica de las políticas neoliberales que, a partir de la década de 1980 con Margaret Thatcher en el Reino Unido y Ronald Reagan en Estados Unidos, se esparcieron en el mundo lineamientos en torno al debilitamiento del Estado, a la desregulación de los mercados y a la privatización de las empresas estatales, entre otras. 

Dichas medidas, las encontramos claramente establecidas en los diez puntos del Consenso de Washington, que es un término acuñado por el economista John Williamson en 1989, en donde se enlista un paquete de reformas dictadas por occidente para que países en desarrollo las llevaran a la práctica. Dichas políticas tienen el espíritu del libre mercado del capitalismo y giran en torno al Estado mínimo, a la liberación del comercio y a las ya mencionadas privatizaciones. 

Ya se había evidenciado previamente con la Crisis de 1929 que el sistema capitalista tiende a explotar cuando alcanza su cúspide y la forma de liberar la presión de dicha olla —por decirlo de algún modo— es con una recesión. El complejo financiero mundial se recuperó y en 1973 nuevamente estalló, esta ocasión de la mano de una crisis energética, en donde los hidrocarburos se encarecieron considerablemente debido a una decisión de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Inflación, desempleo y bajo crecimiento económico fueron algunas de las consecuencias que se sintieron a nivel mundial.

Bajo el lente neoliberal, la pobreza, las brechas de desigualdad y las dictaduras de derecha con su tradicional uso de la fuerza en contra de movimientos sociales, eran aceptables en términos de que con tal sistema, se beneficiaría al decil más alto de la población. Este régimen, cobijó gobiernos de derecha y expandió los límites del mercado global al grado de ser las empresas transnacionales las que dominaban en las decisiones al interior de muchos países en el mundo.

Para la población desprotegida el panorama lució desalentador: salarios bajos, falta de empleo, salud y educación encarecidos, fueron algo común en muchos países de la llamada periferia. Endeudamiento y sometimiento a instituciones financieras globales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y a los préstamos del gobierno estadounidense, eran prácticas obligadas para casi todos los gobiernos que pretendieran contar con fondos para obras y programas en sus territorios.   

La respuesta social a este sistema nació desde las izquierdas, particularmente en América Latina, movimientos sociales retomaron las causas del pueblo explotado. Líderes carismáticos abanderaron estas causas y surgieron gobiernos nacionalistas en varios países: en Venezuela en el año de 1999, con el triunfo de Hugo Chávez Frías; en Brasil en el 2003 con Lula Da Silva; en Bolivia en el 2006 con Evo Morales; y en Ecuador en el 2007 con Rafael Correa. Ellos constituyeron la llamada primera ola del progresismo.

Las características que estos gobiernos compartían eran, entre otras, la implementación de programas sociales dirigidos a reducir o atenuar las desigualdades, el fortalecimiento del liderazgo del Estado, la defensa de la soberanía, el respeto a los Derechos Humanos, la atención a grupos minoritarios, entre otros. 

Otra de las características más importantes de estos gobiernos, es que más allá de ser un proyecto político, también tiene los matices de un enfoque filosófico, en donde ya no es lo más importante la persona de manera individual, sino que el ser humano en un sentido colectivo es uno de los pilares que sostienen a dicha doctrina. 

Recordemos que el 2006 fue el año en que López Obrador buscó la presidencia de la República por primera vez; en aquella ocasión el fraude perpetrado desde el bloque neoliberal le impidió encabezar el gobierno nacional y, por lo tanto, ser parte de la primera ola del progresismo en América Latina. 

El viejo sistema no está dispuesto a morir, y ha lanzado de manera inclemente un embate de múltiples vías (ideológico, económico, militar) para contrarrestar la “amenaza” al neoliberalismo. Tácticas de una guerra mediática, de golpes blandos y de un Lawfare pretenden derrocar estos gobiernos que van en contra de sus intereses.     

Dos proyectos siguen en lucha, pero la justicia social es la apuesta que el Progresismo busca hacer realidad.