Los neoliberales también lloran…
LA MEXICANA
Cursaba el quinto semestre de Periodismo cuando un futuro colega se le acercó convencido. —Habrá un cambio —le dijo. Ella lo miró con incredulidad. —¿Cuál cambio? Son lo mismo. No va a cambiar el sistema; sólo cambiará el color del partido. Él insistió: —Va a ganar porque muchos están hartos del PRI. Ella respondió: —Van a cambiar al administrador. Y el próximo presidente de México será el gerente de una trasnacional.
El 2 de julio de 2000, Vicente Fox Quesada ganó la Presidencia de la República. Después de más de siete décadas de gobiernos priistas, el PRI salió de Los Pinos y un exdirectivo de una refresquera encabezó la primera alternancia presidencial.
Fox prometía el cambio. Había llamado “tepocatas” y “víboras prietas” a los representantes del régimen que decía combatir. Ofrecía terminar con sus abusos, desmontar sus privilegios y administrar México con la eficacia de un empresario.
Veintiséis años después, aquella estudiante, convertida en reportera, volvió a recordar la conversación. No para averiguar quién había tenido razón, sino porque había una pregunta que los años, las declaraciones y, sobre todo, los documentos habían vuelto inevitable: ¿por qué lloran los neoliberales?
Vicente Fox ofrece algunas pistas. El candidato que prometió combatir los privilegios del viejo régimen se convirtió, años después, en uno de los críticos más estridentes del movimiento político que eliminó las pensiones vitalicias de los expresidentes.
Tampoco fue un simple espectador de la controvertida elección presidencial de 2006. Años después, en la sentencia SUP-RAP-189/2010, la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación estableció que sus manifestaciones desde la Presidencia tuvieron “cierta incidencia e intromisión” en el proceso electoral, a través de mensajes indirectos o implícitos que podían identificarse como apoyo al Partido Acción Nacional y a su candidato presidencial.
Pero el tiempo hizo algo más: cambió a sus adversarios. Las “tepocatas” y las “víboras prietas” dejaron de serlo. Fox terminó respaldando a Enrique Peña Nieto y, el 14 de agosto de 2026, escribió en sus redes sociales sobre el dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas: “ALITO ES VALIENTE Y HABLA CON LA PURA VERDAD!!! MORENA Y SUS SECUACES ESTÁN ACABADOS. PASAN AL BASURERO DE LA HISTORIA”.
El círculo se había cerrado. El hombre que llegó a Los Pinos prometiendo sacar al PRI del poder terminaba presentando al presidente de ese mismo partido como portavoz de la verdad. Las tepocatas y las víboras prietas se habían convertido en arlequines de una misma comparsa.
Pero había otra contradicción, una que podía medirse en pesos. Fox, quien ha descalificado a beneficiarios de programas sociales y los ha llamado a trabajar para no estar “de huevones”, llevaba años hablando de otro dinero público: el suyo.
La reportera dejó entonces a un lado los insultos, las declaraciones y las nuevas alianzas políticas. Había que hacer lo que se hace cuando el discurso ya no basta: seguir la ruta del dinero.
Después de Los Pinos
Vicente Fox dejó la Presidencia el 30 de noviembre de 2006, pero el erario no lo dejó a él. En 2017, documentos de la Cámara de Diputados consignaban para el expresidente una pensión mensual de 205 mil 122 pesos. Pero ésa no era toda la erogación: aparecían además 472 mil 424 pesos mensuales para 20 personas de apoyo.
Fox defendió públicamente aquel beneficio. Cuando se discutió su eliminación sostuvo que vivía de la pensión y argumentó que parte de sus recursos se reflejaba en las fundaciones y proyectos sociales que había impulsado. En noviembre de 2018 terminó la pensión, se le acabó el veinte.
Años después, el propio Fox explicó lo que aquello había significado para sus finanzas personales. En septiembre de 2025 aseguró en una entrevista que su situación económica era “raquítica” y dejó una frase reveladora: “La apuesta era vivir de las pensiones que venían aprobadas desde antes y nos las quita López Obrador entrando”.
La apuesta era vivir de la pensión. Fox reconocía así que no había construido un ahorro suficiente para financiar su retiro porque esperaba conservar el ingreso pagado por el Estado. También dijo que había destinado parte de su patrimonio a sus fundaciones y que, tras perder la pensión, tuvo que buscar ingresos mediante conferencias y otras actividades.
La declaración permite hacer una cuenta. Si se toma como referencia la pensión mensual de 205 mil 122 pesos consignada por la Cámara de Diputados y se calculan los 93 meses completos comprendidos entre diciembre de 2018 y agosto de 2026, Vicente Fox habría dejado de recibir 19 millones 76 mil 346 pesos, siempre bajo el supuesto de que el monto mensual se hubiera mantenido sin cambios.
Casi 19.1 millones de pesos. La cifra ayuda a dimensionar aquella frase pronunciada en 2025. No se trataba de un ingreso marginal: era parte de la estrategia económica con la que había previsto financiar su retiro. Pero había otra ruta.
El otro dinero
La reportera siguió abriendo documentos: presupuestos, convenios, padrones de beneficiarios y registros de transparencia. Y un nombre comenzó a repetirse: Centro de Estudios, Biblioteca y Museo Vicente Fox Quesada, A.C. Los recursos públicos aparecieron año tras año.
En 2010, la Secretaría de Promoción Económica del Gobierno de Jalisco suscribió un convenio de colaboración con Centro Fox, A.C., para ejecutar el proyecto Capacitación Gallup. El apoyo tuvo una vigencia del 16 de noviembre de 2010 al 28 de junio de 2011 y fue registrado por un importe de 500 mil pesos. Una investigación posterior, sustentada en documentos obtenidos mediante la solicitud de transparencia 03851418, identificó el proyecto con el folio PROPU1927 y ubicó los recursos en la partida 4331, Subsidio a la Promoción Económica del Estado.
En 2013, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes registró a Centro Fox como beneficiario del Programa de Cultura de Estado No Gubernamental, con un monto de 2 millones 500 mil pesos.
En 2015, CONACULTA volvió a aparecer. Esta vez destinó 2 millones de pesos al proyecto Orquestas, coros y ensambles comunitarios del Centro Fox.
En 2016 aparecen dos bolsas de recursos públicos. Dos millones de pesos provinieron de la Secretaría de Cultura para un programa de formación musical dirigido principalmente a niñas, niños y adolescentes, mientras que otro millón de pesos aparece en documentación del Gobierno de Guanajuato dentro de la partida de ayudas sociales a instituciones sin fines de lucro. En total, ese año se identifican 3 millones de pesos.
En 2017, la Secretaría de Cultura entregó otros 2 millones de pesos a Centro Fox para capacitar y preparar musicalmente a más de 250 niñas, niños y adolescentes mediante un programa de formación y desarrollo instrumental.
En 2018, Hacienda identificó como beneficiario al Centro de Estudios, Biblioteca y Museo Vicente Fox Quesada, A.C., para el programa Creando líderes en armonía 2018-2019, por 1 millón 500 mil pesos.
La suma de esos apoyos alcanza 11 millones 500 mil pesos. Durante esos años, Fox recibió recursos públicos por distintas vías: una pensión financiada por el erario y, paralelamente, apoyos gubernamentales destinados a Centro Fox.
La pensión desapareció en 2018. Los documentos, sin embargo, permiten reconstruir cuánto representó el dinero público en la etapa posterior a Los Pinos. Y ayudan a poner en perspectiva su cólera actual y su comunión con las víboras prietas y tepocatas.