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El espejo de Francia en Europa

El espejo de Francia en Europa

Por Héctor Adolfo Quintanar Pérez

Lo que inició como una protesta estudiantil con la finalidad de mejorar las condiciones de las escuelas secundarias, así como los salarios de profesores y, en general, las condiciones de todo el sistema educativo francés, hoy se ha volcado en una protesta social generalizada que ya va para cerca de un mes de manifestaciones violentas, donde este último fin de semana varios puntos de Paris quedaron totalmente paralizados ante los movimientos estudiantiles y colectivos, cuyas acciones mantienen a los servicios de seguridad francesa, así como a la policía, en un constante acoso y bajo un régimen de vigilancia. 

Hasta ahora, se reportan miles de detenciones, incluidos dos menores de edad, cientos de negocios cerrados y saqueados y una empresa turística que no puede llevarse a cabo con regularidad por los paros en museos, sitios históricos y lugares de interés. Y, por si fuera poco, a un año de las elecciones, cada día más instituciones políticas y personajes mediáticos tratan de sacar tajada de las legítimas exigencias de los jóvenes cuyo objetivo era estudiar con dignidad. 

El fin de semana reciente se llevaron a cabo el mayor numero de manifestaciones sociales en diversos puntos de Francia, donde la exigencia estudiantil, principal motivo de las manifestaciones, ganó adeptos y seguidores alcanzando miles de participantes en diversos puntos del país, que ya se encuentra en estado de shock y con su núcleo político tambaleándose. El presidente de la república francesa, Emmanuel Macron, suma con este un fracaso más en su accidentada carrera gubernamental en los últimos años, donde pifias como el aumento al impuesto del combustible en el año 2019 creó el movimiento social de los “Chalecos amarillos”, quienes lograron incomodar los primeros años del centroderechista y lograron visibilidad internacional hacia los problemas económicos de Francia. Pero éste no es su único malpaso.

En el año 2023, temas de abuso policial contra jóvenes, así como el incremento a la edad de las pensiones, causó disturbios sociales; una vez más la policía se vio señalada por los abusos cometidos en las detenciones a personas mayores de edad y los jóvenes participantes. En este punto ya la crisis política de Macron era parcialmente encubierta por su figura de liderazgo dentro de las decisiones de la OTAN y por su apoyo a Ucrania ante Rusia. Ese mismo año, miles de agricultores también se manifestaron por el aumento al precio del gasóleo de uso agrícola y las crisis de sanidad en ganado y la crisis del trigo en toda Europa, obligando a modificar las leyes para apaciguar un poco la situación. 

Hoy se suman todos esos antecedentes y, por si fuera poco, Macron enfrenta los últimos meses de su mandato en una de sus peores crisis que parece hundir  cada vez más su figura personal y su eco político, culpando de los desmanes a la extrema izquierda, como la llama él, de intentar desestabilizar al país.  

El efecto de las protestas francesas ha alcanzado otras fronteras: en Italia, miles de jóvenes tomaron la ciudad de Milán bajo la misma exigencia de mejorar los costos de vida en el país, que poco a poco se hace insostenible para la clase estudiantil y trabajadora. En el sur del país existen bloqueos carreteros por parte de transportistas y agricultores, y ciudades como Roma, Brescia y Bolonia han albergado confrontaciones entre los manifestantes y la policía, que al igual que en Francia, ya tienen diversas acusaciones de abuso policial y un largo número de detenciones. 

En semanas pasadas, en España se dio el tristemente célebre caso de Maricarmen, una mujer que fue desalojada de su apartamento a causa de su imposibilidad de pagar el alquiler a los fondos buitres, un esquema económico que sube los precios de las rentas y las propiedades al punto de ser impagables para los ciudadanos de a pie. Posterior a su desalojo, la mujer falleció, causando la indignación popular y una ola de protestas que, una vez más, claman por una vivienda digna y costos más accesibles para la vida en España, cada vez más polarizada por la ultraderecha y una izquierda dividida incapaz de anteponer los intereses populares a los suyos. 

A estos movimientos se suma Albania, donde miles de ciudadanos han protestado violentamente este fin de semana para tratar de impedir la creación de un complejo turístico de lujo ligado a la administración Trump, creadora de este tipo de desarrollos inmobiliarios, a costa del territorio comunitario o civil, y con la influencia de gobiernos locales corruptos o proclives a su influencia. Hasta ahora, el gobierno de la capital Tirana, ha comenzado protocolos de emergencia nacional y ya hay toques de queda en algunas ciudades. 

Por estar a un año de las elecciones francesas, la ultraderechista Marine Le Pen ha capitalizado los actos violentos y ha acusado a la izquierda de haber financiado dichos movimientos estudiantiles, culpando directamente, al igual que Macron, a Jean-Luc Mélenchon, una de las principales figuras de la izquierda y de la oposición al gobierno en turno, y se ha ofrecido para reestablecer la paz. 

Por su parte, aunque existen negociaciones, no se ha logrado una paz duradera entre los grupos protestantes y se espera que haya más movilizaciones en el futuro próximo.