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  • 23 Jan 2023
  • 16:01
  • SPR Informa 6 min

El absurdo del echaleganismo

El absurdo del echaleganismo

Por Jorge Hernández Aguilera

“El desarrollo desarrolla la desigualdad” – Eduardo Galeano

El lenguaje construye realidades. Lo que se nombra existe, lo que se concibe como norma termina creando un sistema. Trastocar las estructuras sistemáticas ha sido la utopía histórica de los diversos movimientos sociales; quien impone ideología, logra una poderosa e imperceptible influencia en el comportamiento monótono de la inercia social. 

La arrogancia individual nos engaña y hace creer que tenemos potestad en los hechos determinantes que dan forma a nuestras vidas. Sin embargo, somos privados incluso de la elegibilidad de nacer. El autoritario destino nos impone materialmente la vida, posteriormente de la misma forma nos es determinado el contexto de desarrollo personal. Sobre una línea trazada con tinta indeleble inicia el camino de cada persona. 

Ese primer hecho, el contexto donde se nace, continente; país; estado; ciudad; pueblo; familia; da forma en gran medida al guion de la película, en cuales puertas se puede ingresar y con qué tipo de calzado será allanado el trayecto. 

Joseph Stiglitz, premio nobel de economía en el año 2001, expone en su libro “El Precio de la Desigualdad”, múltiples sentencias que dan muerte a la grotesca falacia de quienes afirman que “el pobre es pobre porque quiere”, dejando ridiculizados los mantras de la meritocriacia y del esfuerzo personal. Afirma que el 90% de quienes nacen pobres, morirán pobres; independientemente del esfuerzo personal que impulsen. De igual forma, el 90% de quienes nacen ricos morirán ricos; sin impactar la mediocridad de su desempeño. 

El prólogo del libro citado inicia de la siguiente manera: “El 1% de la población disfruta de las mejores viviendas, la mejor educación, los mejores médicos y el mejor nivel de vida; pero hay una cosa que el dinero no puede comprar: la comprensión de que su destino está ligado a cómo vive el otro 99%”. 

En México las condiciones de desigualdad son lacerantes; acorde al Reporte Mundial de Desigualdad 2022, el 10% de la población mexicana acapara el 79% de la riqueza. En tanto, el 50% de la sociedad nacional vive en algún tipo de pobreza. 

¿Infancia es destino?

Indudablemente existen casos excepcionales; personas que de la marginalidad partieron con mágico rumbo a los lujos, las excentricidades, los yates y aviones. Ese es el fundamento del neoliberalismo. Quien nace pobre puede acceder a inimaginables riquezas. Lo que no se esparce en esa noción, es la posibilidad existente de llegar a esos puertos. Una en un millón, por decirlo eufemísticamente. 

Aunado al factor económico, suman variables que abonan a la invisibilidad de oportunidad. El color de piel, la lengua, las tradiciones; el clasismo y racismo lleva a catalogar seres humanos de primera, segunda y tercera categoría… incluso sectores que no alcanzan encasillamiento. 

El aforismo humanista: “por el bien de todos primero los pobres”, simplifica la trascendencia de priorizar la atención de quienes viven en pobreza; de esa forma las bases sociales se fortalecerán de tal manera que tendrá beneficio de certeza, incluso el más acaudalado. La lógica neoliberal es inversa: si llueve arriba, gotea abajo. 

El Humanismo Mexicano pone en el centro a la persona; sus necesidades básicas y mínimas para aspirar a un desarrollo digno. El poético derecho humano a la dignidad es la antesala del derecho humano a ser felices. La felicidad interior es una válida aspiración si se conjunta con la felicidad del otro. Es vernos entre espejos. 

Ni el pobre es pobre porque quiere, ni el rico es rico por su personal esfuerzo.