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Cartas a un amigo: una confesión y otras barbaries

Cartas a un amigo: una confesión y otras barbaries

Por Daniel Mondragón Flores

Amigx ¿cómo está todo por allá? Quisiera contarte que por acá empezamos el año con dos temblores, uno después del otro, el primero fue algo fuerte, pero solo una parte del país lo sintió o lo resintió, el segundo fue peor, ya que sacudió al continente por completo, seguro lo sentiste y resentiste. Es posible que también haya consternado a más de uno del otro lado del charco. 

De hecho, en la madrugada del tres de enero recibimos la noticia de que hubo un bombardeo en Caracas y la “captura” de un “narcoterrorista” -una de las formas como le llaman a sus objetivos militares- que en esta ocasión se encontraba dentro de nuestro continente. He de confesarte que me da miedo la situación de México y el continente, con respecto al regreso del discurso imperial sobre América de nuestro país vecino e, incluso, los tintes que está adoptando iguales a los de una época muy oscura de Alemania. Te comparto esta carta para desahogarme, ya que el insomnio que me ataca en las noches se le ha aumentado una preocupación más.

Te escribiré lo siguiente con cautela, pero la posibilidad de una intervención en México y el continente pasó de ser un TACO (Trump Always Chicken Out) en lo comercial -como dicen los especuladores de la bolsa- o, bien, como diríamos de este lado de la frontera “perro que ladra no muerde”, a una posibilidad real de corte militar. 

Cuando estudiaba ciencia política en la facultad nos compartieron un supuesto teórico, que algunos llegan a presentar como una ley de la conducta del poder internacional: las democracias no entran en guerra entre ellas. ¿Por qué? Sencillo, debido a que necesitan la legitimidad de su pueblo e, incluso, la autorización de sus asambleas políticas. 

Entonces ¿por qué sucedió lo que sucedió el tres de enero? En primer lugar, fue una invasión de una democracia a una dictadura -como muchos de nosotros la llamamos, aunque yo personalmente preferiría considerarla el gobierno de un solo grupo político o, bien, la oligarquía chavista-, en donde la legitimidad popular como internacional del liderazgo del presidente venezolano era consistentemente baja, por lo que la posibilidad de alianzas con otros países u organización social para prevenir o castigar el acto sería, de igual modo, consistentemente baja. 

A pesar de que esa potencia del norte rompió claramente con un acuerdo básico de las Naciones Unidas, acerca del límite en torno al uso de la fuerza de un Estado sobre la independencia política de otro Estado. Quizás te sientas incómodo sobre qué postura tomar, pero la política es un objeto difícil de entender amigx, muchas veces es gris, y no por realizar una crítica estarás en un “bando” de los gobiernos de cada país, ya que siempre existen tintes blancos y negros que empañan un juicio, pero, buen o mal gobierno, esto fue más que “la captura” de Nicolás Maduro. 

Me parece que no soy el único que considera que representa la demostración de fuerza militar para conseguir intereses económicos (“recuperar” el petróleo crudo venezolano) y geopolíticos (reducir la influencia China y Rusa) en la región. Una sola vez o no, sus amenazas en el continente adquirieron mayor potencia. 

Este terremoto que sentiste dejó expuesto el uso sospechoso de esa narrativa desgastada de señalar “terroristas” para justificar acciones militares, pero el gobierno de Estados Unidos ya lo hizo, intervino en un proceso político y social en ciernes. Sin embargo, quisiera advertir que un sistema político no cambia únicamente quitando al líder, hay estructuras sociales y políticas que producen y reproducen el mismo, mayor aun cuando existe una oligarquía clara.

Muy seguramente, la pobreza, la poco efectiva estructura de competencia democrática y la misma excusa para intervención acerca del narcotráfico, ahí se mantendrán o empeorarán. No es algo nuevo del análisis político, ni mucho menos alguna forma de justificación. Incluso un señor sabio en el año 1532 (Nicolás Maquiavelo) señalaba: “los hombres cambian con gusto de Señor, creyendo mejorar y esta creencia los impulsa a tomar las armas contra él; en lo cual se engañan pues luego la experiencia les enseña que han empeorado”. 

Carta a un amigo mexicano: La “necesaria intervención”, el discurso no tan inocente 8 de enero del 2026, Ciudad de México, México. 

Ante el terremoto que vivimos me escribiste que “era necesaria la intervención”, incluso me contaste que algunos de nosotros estábamos contentos. Sin embargo, imagina si hubiera ocurrido algo similar en nuestra historia, con alguno de los dictadores o monarcas que tuvimos que soportar ¿seguirías pensando así? De hecho, sí sucedió ¿no recuerdas? Fue un periodo donde surgió uno de los mayores traidores y personas non grata de nuestra historia nacional: el general Victoriano Huerta. Cuando llegó a la silla presidencial Francisco I. Madero, después de derrocar al dictador Porfirio Díaz, no fue una estabilidad inmediata, sino fue un periodo de gran inestabilidad por otros caudillos excluidos de su proyecto nacional. 

Aunque, si recuerdas bien, los porfiristas no eran los únicos que estaban en contra del cambio de régimen. La embajada norteamericana en México consideraba que la inestabilidad del régimen maderista ponía en peligro sus intereses que habían sido respetados con Díaz, como las inversiones en ciertos sectores económicos, por lo que ofrecieron su “ayuda” para solucionar el problema de inestabilidad, debido a que dudaban de la capacidad administrativa, política y militar de Madero para afrontarlo - ¿sentiste escalofríos del parecido? Ellos hace tiempo nos ofrecieron su ayuda para solucionar el problema del narcotráfico, ya que no confían de nuestra capacidad para afrontarlo -.

 

Poco tiempo después, fueron enviadas tropas navales norteamericanas a los puertos de México para “prevenirse” ante cualquier situación que atentase a sus intereses, lo cual favoreció el golpe de Estado de Victoriano Huerta apoyándose de una facción militar porfirista como, a su vez, de este embajador estadounidense. 

Algo similar le ocurrió a nuestros amigos venezolanos, cuando el gobierno estadounidense colocó buques de guerra en el Caribe, primero para supuestamente detener embarcaciones de narcotraficantes y luego aumentó a otros objetivos como el “recuperar” el petróleo y cerrarle el paso a las exportaciones hacia China y Rusia. 

Entonces amigo ¿era necesaria la intervención de ellos en un proceso nuestro? No. ¿Era en beneficio de la democracia o la estabilidad nuestra? No. ¿Era para favorecer sus intereses? Sí. Lo mismo aplica para el caso venezolano. 

Seguramente habrás visto los periódicos últimamente, cuando se habla de México frente al terremoto continental, recuerdo mucho amigx un pasaje que leí de Tucídides, en su obra Historia de la Guerra del Peloponeso, donde escribió una frase que decían los atenienses al conquistar la isla de Melos: “Los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben”. En el nuevo orden mundial que se formó después de la segunda guerra mundial, donde se regresó a un periodo de paz y civilidad entre naciones, esta frase no se volvió arcaica, estaba más presente que nunca, pero no en conflictos militares, sino en el ámbito comercial. 

La política es guerra por otros medios y, en este caso, en el nuevo orden mundial, un tratado comercial nunca es entre iguales, hay una lucha de fuerzas económicas, políticas y militares que entran en juego, en el cual cada lado tira los dados, donde nosotros sólo teníamos caras con un punto o quizás dos y ellos todas las caras de seis puntos. Aunque, eso amigx mío, jamás lo vemos. Únicamente vemos un apretón de manos que simula la civilidad de un hecho barbárico. 

Seguramente, has escuchado nombrarse mucho estos días la “doctrina Monroe”, la cual ha revivido aunque algunos llegaron a considerar muerto este antiguo evangelio de la política exterior estadounidense. Recordarás que en la escuela nos enseñaron que esta se resumía en una frase: “América para los americanos”. Algo que nunca dijo el presidente James Monroe, pero sintetizaba el mensaje que dirigía a las potencias del “viejo mundo”.

De hecho, Monroe basaba su pensamiento en las ideas de los líderes de la independencia de las trece colonias del Imperio Británico. Thomas Jefferson, por ejemplo, decía “América tiene para sí un hemisferio”. Obviamente, no se refería a una justificación de intervención, sino a que las luchas de independencia de otras colonias del continente se separarían ya de Europa y se dirigirían ellas a sí mismas. Esa misma frase se ha torcido exactamente 250 años después a una amenaza directa “este es nuestro hemisferio”, el cual también es un mensaje a las potencias del nuevo “nuevo mundo”. 

Esa misma frase popular que sintetizaba un discurso de Monroe, se ha vuelto más precisamente en “el continente americano para los Estados Unidos”. El cambio no es casual, ya que a lo largo de la historia norteamericana se utilizó este evangelio para justificar intervenciones militares o injerencia en gobiernos del continente, específicamente para mantener la influencia estadounidense en la región alejada de otras potencias, para sus intereses o inversiones. Sin embargo, hay un cambio importante, ha dejado “la defensa de sus intereses” a una abierta ofensiva para obtener o mantener su influencia. No es casual que hace poco tiempo pasó de ser el “Departamento de la Defensa” al “Departamento de Guerra”. Esa es la doctrina Donroe, la renovación de la doctrina Monroe, pero más amenazante y hostil por Donald Trump, para mantener su hegemonía económica y política en el continente. Independientemente de favorecer o no una democracia o, incluso, a una alineación ideológica. Quizás como yo estés algo preocupado, pero ¿qué podemos esperar de esto? Sin duda amigx, una mayor palanca para el ámbito comercial, pero también para el tema de seguridad y migración. ¿Ves? Aumentaron el número de puntos pintados en sus dados, mayor al límite convencional de seis. 

Piénsalo así, la política exterior de Trump se ha caracterizado por el uso constante del “ultimátum”, pero esta táctica ahora tiene esteroides. En el peor de los casos es posible un operativo, aunque, si bien, no a gran escala como en Venezuela, es posible con los “daños colaterales” que esto implica, los cuales pueden ir desde una persona que estuvo “en el lugar equivocado, a la hora equivocada”, hasta un aumento de la violencia. 

¿Por qué? la situación específica de México con respecto a EEUU es distinta a diferencia de la venezolana, en este caso son dos democracias, donde la presidenta Claudia Sheinbaum tiene una alta legitimidad interna como internacional, mientras que Trump tiende a la baja en ambos casos. Me parece, además, impensable la posibilidad de una intervención a gran escala puesto que con el tratado comercial, desde su firma, se han beneficiado ampliamente sectores industriales como agrarios de Estados Unidos. Ya somos útiles para su hegemonía económica. El imperio ya llegó sin necesidad de intervención. Únicamente, lo que podría llegar a suceder en el peor de los casos, es el operativo para capturar a algún líder del narcotráfico y ellos se quedarían con la nota de “exitosa operación” y nosotros como un campo de la lucha de varias facciones criminales por volverse la cabeza, pero, al igual que la hidra al cortarle una cabeza, le saldrían dos. Como en la época de Felipe Calderón, la violencia aumentaría, sin eliminar su problema de raíz. Tienen la narrativa hecha para hacerlo y quien define bien a un enemigo tiene el enorme potencial de ejercer el poder.