El pasado 12 de julio de 2025, desde Paris, en el marco de la 47 sesión del Comité de Patrimonio Mundial de la UNESCO, la sagrada Ruta Wixárica se inscribió en la lista de Patrimonio Mundial, haciendo historia como la primera nominación de esta categoría para una tradición indígena viva en Latinoamérica, una hazaña propia de la sociedad civil que ha dado la batalla contra el capital voraz y la torpeza gubernamental.
La Ruta Wixárica se extiende a lo largo de 500 km a través de Nayarit (Tatei Jaramara), Jalisco (Tuapurie), Durango (Huaxa Manaka), Zacatecas (Cuyetsarie, Xurahue Muyaca, Cupuri Mutiú, Cacai Mutijé, Macuipa, Tatei Nihuetúcame) y San Luis Potosí (Huahuatsari, Cuhixu Uheni, Tatei Matiniere, Nihuetaritsié, Natsitacua, Uxa Tequipa, Tuy Mayau, Huacuri Quitenie, Huiricuta: Mucyuahue; Huiricuta: Raúnax, Huiricuta: Maxa Yaritsie). Es precisamente el altiplano potosino la meca de la peregrinación wixaritari, concretamente en el municipio de Catorce, un sitio que alberga la magia del origen del sol, pero también la historia profunda de la minería de la Colonia hasta el Porfiriato y un paisaje hipnotizador donde las especies más exóticas se resisten a extinguirse.
Catorce, en sus 1,944.9 km2, esconde historias de bonanza como deterioro, contracción demográfica como visos de gentrificación, riqueza y desigualdad, reconocimiento patrimonial y despojo. La precariedad, las limitaciones en el acceso a oportunidades de desarrollo y la distancia entre localidades ha sido el caldo de cultivo perfecto para el abuso de quienes persiguen la doctrina de la acumulación y el extractivismo, fomentando la división social entre ejidatarios y comuneros, de industrias hortícolas y avícolas sobre productores agropecuarios locales, de la industria minera transnacional contra los defensores del medio ambiente.
Desde 1998, Wirikuta ha sido integrada como parte de la Red Mundial de Sitios Sagrados Naturales, y desde el año 2000 fue catalogada como área protegida. Aun así, en lo que va del siglo XXI, la región ha sido objeto de contiendas legales entre quienes han deseado acumular ganancias explotando sus recursos, y quienes han luchado por preservar la integridad del sitio sagrado. Ahora, con la declaratoria de Patrimonio Mundial por la UNESCO, Wirikuta adquiere una dimensión mucho más amplia en el marco de la preservación de los bienes culturales y naturales que pueden traer desarrollo integral al municipio, si se actúa adecuadamente.
Para empezar, la declaratoria de Patrimonio Mundial de la UNESCO implica la cooperación y asistencia de las autoridades nacionales y de los Estados Partes de la Convención sobre la protección del patrimonio mundial, cultural y natural (UNESCO) para cumplir con las tareas de identificación, protección conservación y revalorización del patrimonio universal reconocido, como una encomienda internacional. Tal objetivo conlleva el involucramiento de recursos financieros, científicos, administrativos y técnicos, comenzando por las capacidades del Estado Parte (México) seguido de la comunidad internacional.
Contrario a lo que algunas personas han sugerido entre rumores, la declaratoria de Patrimonio Mundial no significa la abolición de las actividades económicas propias de los pobladores del municipio de Catorce, particularmente la ganadería caprina o los pequeños cultivos de maíz y frijol dentro de las comunidades, por el contrario, atrae la oportunidad de mejoramiento de las técnicas agropecuarias incorporando un sistema de ecología integral y economía circular. En cuanto a las industrias establecidas, como las tomateras y la granjas avícolas, se abre la posibilidad de rediseñar las prácticas a fin de abatir el impacto negativo en el terreno sin detrimento de la inversión y la generación de empleos, para lo cual será necesario el diálogo y la apertura a nuevas formas de organizar el territorio bajo los criterios establecidos por la Convención.
Uno de los puntos clave a destacar en este nuevo contexto es el papel del sector turístico. Y es que el municipio de Catorce se ha convertido en las últimas tres décadas en un sitio de muy alto valor turístico, tanto para el estado de San Luis Potosí, como para México, atrayendo turistas locales y extranjeros por la riqueza cultural, particularmente en el Real de Catorce, pero también por el atractivo que tiene la peregrinación wixárica. Esto supone una importante dinamización económica pero también diferentes riesgos para el equilibrio de la región. En primer lugar, la derrama económica está concentrada en las localidades más próximas al Real de Catorce, dejando a cerca de la mitad de la población desconectada del principal motor económico directamente. Por otra parte, la concurrencia turística (que ha llegado a los 3 mil visitantes diarios) implica una sobredemanda de recursos esenciales que estresan al ambiente, como lo es el agua. Además, la fascinación por la peregrinación wixárica atrae a los entusiastas del extractivismo cultural, poniendo en riesgo el propio ritual a causa del robo de ofrendas y la usurpación de elementos culturales que conllevan al uso ilegal del peyote por parte de personas ajenas al pueblo wixaritari, amenazando también a las especies en peligro de extinción.
Ahora bien, a partir de la declaratoria de la Ruta Wixárica como Patrimonio Mundial se abre para el municipio de Catorce una ventana a la ecología integral que resignifique el cuidado como valor social fundamental y como política para el desarrollo, creando un ecosistema político, educativo, medioambiental, cultural, espiritual y económico enfocado en la cooperación, la solidaridad y la vinculación local-global para la superación de las desigualdades, la conservación del entorno y el desarrollo social e individual.
Aprovechar el nuevo estatus que adquiere Catorce como parte de un patrimonio mundial requiere recuperar, restaurar y reimaginar la relación que tiene la población nativa, la población migrante, así como la población turista con el espacio que alberga la riqueza cultural, histórica, espiritual y natural de Wirikuta, comprendiendo que nada existe de forma aislada y que la interconexión de todos los elementos que forman parte de este lugar sagrado, desde el recurso natural hasta el factor humano, deben ser protegidos en lugar de agotarlos.
La nueva realidad de Catorce demanda un nuevo sistema social, económico, cultural y ecológico integral, a partir de una interconexión ecológica pensada en el cuidado de la flora y la fauna, tanto doméstica como silvestre, lo cual incrementa el valor del atractivo turístico pero también influye en la regulación del clima y los ciclos del agua; una interconexión social que facilite el intercambio cultural y la comunicación, erradicando la discriminación, el plagio y el desplazamiento; una interconexión económica que modernice las cadenas de suministro accediendo a sistemas financieros y nuevos mercados a partir del aprovechamiento del cuidado de los recursos disponibles; una interconexión tecnológica, basada en la industria de mediana escala con tecnificación e innovación centrada en la conservación; y la interconexión natural donde la actividad humana participe de manera responsable y consciente del medio ambiente. Esta interconexión permitirá establecer vínculos estrechos entre los peregrinos indígenas, ejidatarios, comuneros, empresarios, pequeños productores, estudiantes, hogares, en un clima de co-creación cimentada en la participación ciudadana.
¿Cómo crear nuevas cadenas económicas desde la conservación? El propio medio natural ya da los recursos en abundancia sin necesidad de sobreexplotarlos, pero mucha de esa riqueza está desperdiciada. Actualmente la flora es amenazada por la plaga del paxcle, corriendo el riesgo de debilitar o hasta perder ejemplares de plantas como el mezquite. Un modelo económico de conservación estaría dirigido al control del heno motita, el cuidado del mezquite, la palma y la viznaga, así como el buen uso del nopal, maguey y lechuguilla, produciendo a partir de sus frutos en mediana escala, alimentos y bebidas, compostas, piensos, fibras, entre otras, que pueden participar de la economía turística de la región agregando valor a los bienes y servicios disponibles dentro del municipio, pero abriéndose también hacia otros mercados, nacionales e internacionales. De igual forma, la conservación del ecosistema abriría a otras comunidades la oportunidad de establecer espacios para el ecoturismo.
En Wirikuta vuelve a nacer el sol, las huellas del venado azul conducen a un nuevo horizonte para el desarrollo comunitario, conectado a la tierra, hermanado con cada elemento de la naturaleza. ¿Seremos capaces de demostrar al mundo que otra manera de coexistir es posible?