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  • hace 11 horas
  • 15:03
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Ni un paso atrás: La visibilidad trans es la trinchera de la humanidad

Ni un paso atrás: La visibilidad trans es la trinchera de la humanidad

Por Charlie Dos Veces López

Hoy conmemoramos el Día Internacional de la Visibilidad Trans, una ocasión que nos permite refrendar una declaratoria necesaria para la época a la que asistimos, y que tiene que ver con el imperativo categórico contundente: las personas trans no vienen a pedir nuestro permiso para existir, porque su resistencia es símbolo de su fortaleza, más aún ahora, ante la furia de los discursos de odio que se erigen desde las cúpulas del poder que buscan erradicar los avances logrados y arrasar con sus cuerpos.

Esta conmemoración ocurre en el marco de unas circunstancias políticas cruciales, ante las que no podemos actuar con ingenuidad, pues lo que acontece a nuestro alrededor, como en Estados Unidos, con la restauración del modelo ideológico antiderechos de Trump, que no es un asunto del que debamos estar ajenas. Las políticas trumpistas que buscan socavar los avances de derechos de las personas trans, además del peligro que representan para este grupo en Estados Unidos, también simbolizan el aval, un incentivo implícito para que los fundamentalismos latinoamericanos perciban que tienen autorización para profundizar su maquinaria de odio.

La realidad nos sopla en la nuca; en los países donde las derechas han avanzado, 

cómo Argentina, Chile, Honduras, Ecuador y otros, los discursos de odio han pasado de los márgenes a los despachos oficiales y han encontrado en la propagación del miedo y la desinformación, un combustible para deshumanizar a las poblaciones trans y a poner en tela de juicio sus vidas, sus cuerpos y su existencia.

Y México no está exento de este peligro, pues ese eco turbio cuenta con cómplices que tienen nombre y apellido en personajes enquistados en el Partido Acción Nacional que, en su desesperación por mantenerse relevante, ha decidido desprenderse de cualquier vestigio de contención democrática para relanzarse como un proyecto abiertamente fascista, bajo el siniestro lema de “Dios, Patria y Familia”, que no es sino el mismo símbolo que ha manchado de sangre la historia política y social en el siglo XX; el PAN ha decidido quitarse la máscara para apostar por un país excluyente, confesional y violento para quienes no encajamos en su molde excluyente de humanidad. Esa consigna no es un simple eslogan de campaña, se trata de una declaración de guerra contra la diversidad y que utiliza la misma letanía que se dice en los parlamentos europeos para recortar derechos, la misma que en Estados Unidos justifica la violencia policial y la exclusión educativa, y la misma que aquí busca instrumentalizar el odio y el miedo producto de la desinformación para violentar a las mujeres trans en los espacios públicos y para legitimar la transfobia institucional.

Por ello es que la visibilidad trans es una celebración determinada por la consigna de que ser visible es un acto de desobediencia, una trinchera. Porque el odio avanza en la oscuridad, en la invisibilidad forzada. Tomar las calles hoy, las aulas, las tribunas y los medios es arrebatarle al fascismo la pretensión de que las personas LGBTI no existimos, de que somos una población que puede ser erradicada.

Hoy, defender, respetar y promover los derechos humanos de las personas trans, simboliza un bastión para la defensa de la dignidad de toda la humanidad, porque sus derechos no son un nicho, sino una causa contra la pretensión totalitaria y excluyente que busca arrasar con la existencia de lo diverso para implantar la idea de que sólo es viable una concepción conservadora y sin derechos.

Este Día de la Visibilidad Trans también representa la fuerza para unirnos en pos de una causa que hermane todas las causas; que sea el espacio en el que invoquemos a quienes se han ido pero también a quienes están y quienes vienen. Por un porvenir sin miedos ni odios, por la dignidad irrenunciable de nuestras existencias.