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  • 20 Aug 2025
  • 19:08
  • SPR Informa 6 min

Los últimos aplausos de la vieja Corte

Los últimos aplausos de la vieja Corte

Por Engels Contreras Piña

Eran aproximadamente las 12:30 del día diecinueve de agosto de 2025, y daba inicio a la última sesión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación tal y como la conocemos ahora. En el interior de este edificio, algunas de las y los trabajadores de esa institución se formaron en los pasillos para aplaudir a las ministras y ministros que iban entrando al salón de sesiones. Esta práctica no era novedosa, anteriormente, muchos trabajadores de la Corte habían hecho lo mismo al intentar combatir la reforma judicial desde la comodidad de sus oficinas, o del edificio sede de esta institución.

Este hecho fue noticia nacional, a los medios tradicionales por alguna razón les gusta dar estas notas como si la pequeña multitud dentro del edificio sede de la Corte fueran víctimas de la reforma judicial, y las y los ministros unos héroes sacrificados. Algo es claro, las y los ministros salientes tuvieron su oportunidad y decidieron alejar la justicia del pueblo. 

Ibargüengoitia al iniciar alguna de sus novelas decía que algunos de los acontecimientos que se narran son reales pero los personajes imaginarios, en el caso, los personajes son reales y los acontecimientos que narran los medios tradicionales son imaginarios. Hacen creer que unos pequeños aplausos son suficientes para declarar héroes nacionales a las y los ministros salientes. O peor aún, pretenden construir narrativas a partir del ruido de las palmadas, aunque estas palmadas fueran sin sabor y sin legitimidad.

Las palmadas son distintas, y suenan distinto cuando tienen legitimidad. Hay aplausos que son fuertes no en el ruido sino en su verdad, el aplauso que contiene verdad y valentía es distinto al que contiene mentira y miedo. Entiendo a las y los trabajadores que tienen miedo de perder su trabajo o alguno de sus privilegios, pero no entiendo como ante la ignominia del sistema de justicia nunca plantaron cara por el otro, siempre se encerraron en su palacio diciéndose entre sí, que eran lo mas eruditos del derecho. 

El diálogo escrito entre las ministras y ministros de la vieja corte y sus asesores era un diálogo cerrado, era uno para ellos y los suyos, era para decirse con tecnicismos elaborados como resolver y como masacrar los derechos por el bien de los formalismos. La onceava época culmina con desencantados aplausos de algunos despistados que le gusta protestar al cobijo de lo aires acondicionados de la Corte. 

Allá afuera en la realidad hay un clamor popular que siempre ha exigido justicia, hay un estruendoso sufrimiento de un pueblo vapuleado y ofendido, y para ellos si debe de haber aplausos, pero no de los aplausos tímidos, o medianos, sino de los que arrancan la piel de la mano, la piel que dejan cada día por construir una vida y un país distinto. A los que ayer aplaudieron, a las ministras y ministros salientes, y a los medios tradicionales les dejo una consigna que se construyó en las calles combatiendo a las élites de la justicia:

“¡Aplaudan, aplaudan, no dejen de aplaudir, la Corte elitista se tiene que morir!”