Dos acontecimientos que se encontraron coyunturalmente han dado muestra de la fuerza moral, política y social que tiene la presidenta Claudia Sheinbaum.
La invitación recibida por el presidente Donald Trump para compartir espacio en la clausura del Mundial de Futbol, así como la condena aceptada por “El Mayo” Zambada, en la que —dentro de muchas cosas— reconoce ser autor material de los cargos que le son imputados, fijándole una condena de cadena perpetua y la reposición económica de la asombrosa cifra de 15 mil millones de dolares.
Es importante destacar que el gran capo no hizo referencia alguna a haber actuado, en algún momento, con el contubernio de la Cuarta Transformación.
Esa expectativa social, alimentada y distribuida a manera de fake news, vía bots y algoritmos dirigidos, había permeado, de alguna manera, en el imaginario público de sectores medios, en la narrativa del NARCOPARTIDO, NARCOPRESIDENTE y NARCOGOBIERNO.
Este fin de semana, “El Mayo” sepultó esa añoranza intervencionista del PRIANISMO, cuyos representantes, en voz de “Alito” Moreno y Lilly Téllez, han implorado, casi semana a semana, en los medios de comunicación estadounidenses, la intervención extranjera, so pretexto del “narco gobierno”.
Se terminó la posibilidad del “argumento racional” hacia el narcogobierno.
“El Mayo” sepultó las narrativas que, entre risas perversas, defienden Carlos Alazraki y el mitómano potencial Simón Levy.
Esa narrativa se va quedando sin pegamento.
La otra, la del reclamo social a la presidenta por asistir a la final de la Copa del Mundo, es la más irrisoria de todas las campañas sucias que ha enfrentado la presidenta hasta ahora.
Y es que, ¿cómo no asistir a la clausura del Mundial, organizado por tres países anfitriones, en la unidad de América del Norte?
La presidenta ha expresado que contemplaba asistir, pues la FIFA había girado una invitación hacia ella. Al ser, en un segundo momento, el presidente de Estados Unidos quien, en una llamada personal, invitara a la presidenta, era su deber, como jefa de Estado, acudir a ese encuentro diplomático.
La presidenta hubiera dado cátedra de buen gusto y de alta política en la posible llegada a Estados Unidos vía avión comercial, pero las condiciones climáticas se sobrepusieron. Tuvo que viajar en un avión de la Fuerza Armada, que es lo que corresponde constitucionalmente para la jefa de las Fuerzas Armadas del Estado mexicano. Así llegó la presidenta y fue recibida y tratada en esos márgenes.
Vaya semana, redonda para el Movimiento de Regeneración que encabeza Claudia Sheinbaum.
El fantasma de Monsiváis bailó a nuestro favor.