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La libertad de la nación mexicana

La libertad de la nación mexicana

Por José Alberto Alvarado Pineda

Si bien una parte de la historia de una nación puede estar conformada por la convivencia con otra nación, también en la historia existen muchos ejemplos de la aniquilación de culturas mediante la esclavitud, el genocidio, la imposición de las religiones, la violación de mujeres con el propósito de imponer en la psique del pueblo dominado una idea de inferioridad, de necesidad de ser dominados, de no ser capaces de autogobernarse y de pensar que solo aquellos que no pertenecen a ese pueblo son los iluminados para gobernarlos.

Es por ello que, en el siglo IX, existieron muchos intentos de personas (porque no se les puede llamar mexicanos) de buscar que la población mexicana fuera gobernada por otras naciones. Sus traumas y sus miserias pretendían que fueran adoptadas por los mexicanos, haciendo creer que era lo mejor y el único camino, inventando historias y problemáticas que no existían para justificar su intención.

Afortunadamente, existen muchos ejemplos en la historia universal en los que pueblos oprimidos, dominados y hasta violentados por años, lustros, décadas e incluso siglos, logran mantener, a costa de todo, su origen, costumbres, y no menos importante, o quizá más importante, su identidad como nación.

Así, las luchas que se llevaron a cabo en el siglo IX —desde la Guerra de Independencia, pasando por la intervención de Estados Unidos de América, la guerra de Reforma y la segunda Intervención Francesa— han tenido un elemento común: la lucha entre aquellos que buscan ser conquistados contra aquellos que son verdaderos mexicanos, que defienden la Independencia de la Nación Mexicana, su territorio y la dignidad de sus orígenes anteriores a la conquista.

En el siglo XX, nuevamente se tiene un genocidio contra pueblos originarios por parte de Porfirio Díaz: “mátalos en caliente”, sello personal de aquel personaje.

Pero también una lucha entre mexicanos y aquellos que buscan tener privilegios de extranjeros. Sí, la expropiación petrolera con el General Cárdenas no solo fue una lucha contra los dueños de esas empresas —extranjeros, claramente— sino contra aquellos que se oponían a esa expropiación, bajo el pretexto de que ningún mexicano estaba capacitado para hacerse cargo de esas empresas; solo los extranjeros eran capaces de ello. Nuevamente, el pensamiento de ser inferior y ser conquistado.

Con Salinas de Gortari sucedió lo mismo, pero a la inversa, es decir: México no es capaz de hacer nada, no puede tener el gobierno bancos, empresas ni ferrocarriles; el gobierno, es decir, el mexicano, es un inútil que no puede hacerse cargo de ello, es por naturaleza corrupto, por eso es mejor venderlo. Así, la privatización inició, llegando a su cúspide con Zedillo, pero eso sí, el mexicano sí es bueno para pagar deudas privadas ajenas, como es el FOBAPROA.

Fox decía: “¿Para qué queremos transformar el petróleo? Explotémoslo en crudo y vendámoslo”, porque el mexicano no sabe hacer nada más que perforar y sacar petróleo. Además, fue el primer intento de privatizar el agua.

Con Calderón y Peña se agudizó el pensamiento de que el mexicano no sirve para nada, solo para ser obrero, albañil, esclavo, sin estudios, entonces ¿para qué queremos una empresa mexicana o del gobierno? Es mejor deshacernos de todo ello. Luz y Fuerza del Centro desaparece, la CFE se divide y se vende por partes, PEMEX se divide y se deja en manos de empresas extranjeras la explotación del petróleo. El agua ya no es de la nación. Se privatiza.

Sin embargo, siempre han existido grandes líderes y lideresas que han puesto en todo ello un NO, y hoy por hoy nos encontramos con trenes, refinerías, aeropuertos, empresas paraestatales, una CFE fusionada, proyectos y obras en camino para recuperar el tiempo perdido por aquellos que vendían el territorio y los bienes de la nación.

Ante todo lo logrado en estos siete años, existe la reacción; existen aquellos que, con sus traumas y miserias, buscan desesperadamente que un extranjero los gobierne, sin importarles quién sea.

Por ello, el Partido Acción Nacional clama la intervención de Estados Unidos, pero en su desesperación trajo a una representante de su pensamiento en el extranjero, que viene a hablar mal de México y ellos le aplauden, que viene a decir que son unos ineptos y ellos la adoran, que viene a decirles que no han podido hacer nada contra MORENA y la 4T, y ellos la idolatran. Que dice que en los lugares donde estuvo se siente la inseguridad, que estuvo en peligro todo el tiempo por la inseguridad, y ellos, los del PAN, le agradecen sus palabras sin reflexionar que aquella mujer española solo estuvo y visitó los estados gobernados por el PAN: Aguascalientes y Querétaro.

Con esto, queda claro que aquellos que siempre han tenido en sus entrañas la añoranza de ser esclavos aplaudirán a su opresor.

La dignidad de los pueblos originarios, de la Nación Mexicana, del Pueblo de México no está a debate, no está en la mesa para ser tema de conversación de quienes buscan ser conquistados, ser esclavos.

Pero la historia también nos dice que, aunque puedan pasar años, lustros, décadas y siglos, el Pueblo Mexicano -ese que se siente orgulloso de tener su origen con anterioridad al año de 1521, ese que nunca se doblega ante los gobiernos genocidas, ese que busca la libertad como nación, su independencia, su soberanía y su dignidad- siempre sale triunfante ante todo intento de intervención y de violación a su soberanía, y este momento en que vivimos no será la excepción: saldremos triunfantes contra aquellos que buscan que nuestro país sea una colonia o protectorado.

La Nación Mexicana, el Pueblo de México, está destinado a ser libre, soberano y dueño de su territorio.