La batalla principal que libra la Cuarta Transformación contra el neoliberalismo es en el campo de la salud. Así lo demuestra el reciente informe sobre Pobreza Multidimensional 2024 publicado por el INEGI. En el documento queda claro que el único rubro donde falta avanzar es en el acceso a los servicios de salud.
Esta situación no se debe a una falta de voluntad y mucho menos de capacidad por parte del Estado mexicano, sino a los abultados intereses económicos que se han alojado a nivel global en este tema.
Hipertensión y diabetes son los males que aquejan principalmente a los mexicanos. Ambos tienen en común su origen: la alimentación deficiente de las personas.
Los alimentos ultra procesados con exceso de azúcares refinadas, sal y grasas saturadas, forman parte de la dieta cotidiana de los mexicanos. A esto debe agregarse el sedentarismo y el estrés provocados por jornadas laborales extenuantes.
Aunque socialmente es aceptada la versión de que estos males son responsabilidad personal y tienen que ver con la adopción de estilos de vida no saludables, la verdad es que son producto de políticas maliciosas a favor del libre mercado.
Y se lo debemos, por un lado, al acceso y promoción de una industria alimentaria nada saludable pero altamente redituable para las transnacionales. Por otro lado, la precarización laboral fue promovida por una visión productivista basada en la explotación laboral en aras de la mejora macroeconómica que nunca llegó. O sea: fue el neoliberalismo, no las decisiones personales de los mexicanos.
Además de la millonaria industria alimentaria también están los intereses de la no menos millonaria industria farmacéutica que literalmente vive de alargar la enfermedad. Porque al menos en el caso de hipertensión y diabetes los fármacos no curan, sino que controlan el estado de salud de las personas. Evidentemente las farmacéuticas tienen interés de prolongar la enfermedad o alargar la agonía de los enfermos para mantener su base de consumidores.
En consonancia, los neoliberales emprendieron un cambio en las instituciones del sector Salud. Las reorientó a una dinámica más cercana al interés empresarial que al interés del pueblo.
Y es que las instituciones de Salud dejaron de estar diseñadas para resolver sino para administrar, conforme a la visión de las farmacéuticas. O sea, para mantener enferma a la población, no para curar.
Esos tres son los principales adversarios que han enfrentado en su momento el expresidente López Obrador, y ahora la presidenta Claudia Sheinbaum y el director del ISSSTE, Martí Batres, entre otros encargados del sector, para regenerar al sector salud mexicano.
Esta lucha se libra a diario, en las mesas de trabajo para comprar medicamentos a precio justo, pero también para incrementar la infraestructura y eficientar la atención.
Batres ha ilustrado de forma precisa la idea central: se trata de poner en el centro del funcionamiento del sector a las personas, a los derechohabientes.
El cumplimiento de esta consigna implicaría ya un logro sin precedentes, pero el objetivo es más grande. Se trata de derrotar la base del planteamiento neoliberal: los poderosos intereses económicos que en su momento cooptaron a la cúpula del poder y que ahora se defienden desde distintos sectores como el mediático y hasta el social. Pues ambas industrias son de las mafias más poderosas que actualmente se mueven en el mundo.
La presidenta y los encargados del sector Salud no tienen opción más que ganar esta batalla porque se trata de la Salud de las personas y tiene que ver sí con los principios y la visión estratégica de la 4T pero principalmente con el bienestar de las personas.