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El arte de prevenir la violencia: más cultura, menos violencia

El arte de prevenir la violencia: más cultura, menos violencia

Por Juan Carlos Suárez, Tenor

No todas las revoluciones comienzan en las calles. Algunas empiezan en un salón de música, en un escenario o frente a un lienzo en blanco. Allí, donde nace la sensibilidad, también comienza la construcción de una sociedad más pacífica. Y es que, las noticias, las redes sociales e incluso las conversaciones diarias parecen recordarnos que la agresión, la intolerancia y la división están presentes en muchos espacios de nuestra sociedad. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a hablar de una de las herramientas más poderosas para prevenirla: el arte.

Cuando pensamos en políticas de seguridad, solemos imaginar patrullas, leyes o sistemas de justicia. Todos ellos son indispensables. Pero existe una dimensión igual de importante que suele pasar desapercibida: la prevención. Y prevenir significa construir ciudadanos antes que perseguir delincuentes.

Y es ahí, donde el arte y la cultura cumplen precisamente esa función.

Un niño que descubre la música aprende disciplina antes que violencia. Una joven que encuentra en la danza una forma de expresarse desarrolla confianza antes que frustración. Un adolescente que participa en teatro aprende a ponerse en el lugar del otro, fortaleciendo una capacidad cada vez más necesaria: la empatía.

La violencia no comienza con un delito; comienza cuando se pierde el sentido de comunidad, cuando desaparecen las oportunidades, cuando el diálogo es sustituido por el rechazo y cuando las personas dejan de sentirse parte de algo. El arte reconstruye esos vínculos invisibles que mantienen unida a una sociedad.

No es casualidad que en distintas partes del mundo los programas culturales formen parte de las estrategias de reconstrucción del tejido social. En Medellín, Colombia, las escuelas de música y las bibliotecas públicas fueron pilares para recuperar comunidades marcadas por la violencia, mientras que en Venezuela, el reconocido programa "El Sistema" ha demostrado durante décadas cómo la formación musical puede cambiar el rumbo de miles de niñas, niños y jóvenes. Talleres de pintura, orquestas infantiles, coros comunitarios, festivales culturales o grupos de danza no solo generan artistas; generan espacios seguros, fortalecen la convivencia y ofrecen alternativas de vida.

En Chiapas y en todo México conocemos bien el poder transformador de la cultura. Nuestra música, nuestras lenguas originarias, nuestras artesanías, nuestras danzas y nuestras expresiones populares son mucho más que patrimonio: son identidad. Y una sociedad que fortalece su identidad fortalece también el respeto por los demás.

Existe una frase que resume esta idea con enorme claridad: "Necesitamos más arte en las escuelas, no para tener más artistas, sino para tener mejores seres humanos." Aunque su autoría es incierta, su mensaje conserva plena vigencia. Porque, invertir en cultura no es un gasto ornamental; es una inversión en paz. Cada biblioteca abierta, cada casa de cultura activa y cada maestro de arte que inspira a una nueva generación representan una oportunidad para formar ciudadanos más sensibles, más solidarios y más comprometidos con su comunidad.

Por ello, el reto no corresponde únicamente a los gobiernos. También involucra a las familias, a las escuelas, a las universidades, a las empresas, a los medios de comunicación y a la sociedad civil. Todos podemos convertir al arte en una herramienta cotidiana de encuentro, diálogo y esperanza, es una tarea de todas y de todos.

Quizá nunca sepamos cuántos conflictos evitó una canción, cuántas vidas cambió un maestro de teatro o cuántos sueños despertó una clase de pintura. Esas estadísticas difícilmente aparecen en los informes oficiales. Pero sus resultados se reflejan en comunidades más unidas, jóvenes con mayores oportunidades y ciudadanos que aprenden a resolver sus diferencias sin recurrir a la violencia.

Porque la paz no se construye únicamente con leyes. También se construye con sensibilidad. Y el arte, desde hace siglos, ha demostrado ser uno de los caminos más humanos para alcanzarla, sigamos haciendo música.

Juan Carlos Suárez

Arte, Cultura y Humanismo