Mucho se ha dicho acerca del fiasco del examen en línea de la UNAM y la trampa masiva de aspirantes: que es el reflejo de la incompetencia, corrupción y malas prácticas de algunas élites, que este es apenas el inicio de un proceso que va a desencadenar amparos masivos en contra de la UNAM, que la trampa de las y los aspirantes es el reflejo de *insértese el clasismo/racismo o fobia política que prefiera*
Sin embargo, más allá de la exactitud u objetividad de los análisis, considero que hay una dimensión que ha pasado inadvertida en los grandes debates: la creencia que introducir soluciones tecnológicas a problemas sociales va a corregirlos por sí misma; como si cuestiones como la pobreza, el crimen o la desigualdad fueran totalmente solucionables a través de la simplificación algorítmica de la realidad y el procesamiento de cada vez más datos.
Pero vayamos por partes; primero, la fe en la tecnología como salvadora o solucionadora de problemas sociales no sólo pertenece al paradigma de inteligencia artificial, sino a la tecnología en general; la razón de esto radica en que detrás de la tecnología existe la intencionalidad de crear y promover relatos positivos, romantizados y fantasiosos para obtener beneficios como atención, inversiones; así como cierta inmunidad regulativa, porque ¿quién se opondría a tecnologías que prometen acabar con enfermedades, hambre, pobreza o analfabetismo? ¿quién legislaría en contra de la “innovación” y el “progreso”?
Este fenómeno ha sido denominado por el pensador bielorruso, Evgeny Morozov, como “solucionismo tecnológico”, de acuerdo con el autor, el solucionismo tecnológico es una: patología ideológica originada en Silicon Valley que consiste en reinterpretar situaciones sociales complejas como si fueran "enigmas que tienen solución" en lugar de problemas estructurales profundos. En esta visión, toda situación de la vida diaria y todo reto político se conciben como un código defectuoso que simplemente necesita una actualización o una nueva aplicación móvil para arreglarse.
Entre los elementos del solucionismo tecnológico se pueden identificar:
Las razones de la élite burocrática de la UNAM para implementar el examen en línea siguen al pie de la nota el discurso solucionista. Éstos defendieron trasladar la aplicación del examen de ingreso a una versión digital bajo tres supuestos: la modernización tecnológica; una mayor cobertura y accesibilidad geográfica y la eliminación de la logística y costos necesarios para la aplicación del examen de forma presencial.
Ninguna de las tres razones solucionó nada ni atendió los problemas de fondo; porque, ¿cuál modernización tecnológica si trasladaron la solución a una empresa externa? Pese a las cuantiosas capacidades humanas y técnicas de la UNAM.
Por otro lado, el problema no radica en el traslado de aspirantes a realizar el examen, sino al cupo mismo, ya que no es suficiente; entonces, ¿esto se soluciona con tecnología? Un solucionista tecnológico diría que sí, con clases virtuales; aún cuando la pandemia nos mostró el caos que esto implica, especialmente para los primeros grados y las personas con acceso no estable.
Y en lo que respecta a las sedes, más allá de preguntas como ¿por qué no hay sedes de la UNAM en todo el país, pero sí en países como España o Canadá? Si el problema era el costo, el resultado fue peor, ya que habrá que pagarse doble.
Y es que las consecuencias del solucionismo tecnológico incluyen problemas como: dar respuestas erróneas a preguntas mal formuladas; el traslado de poder a corporaciones privadas; la multiplicación de la desigualdad; así como la despolitización de conflictos. Tal como nos lo ha ilustrado este penoso evento por la máxima casa de estudios del país.
Y como el solucionismo tecnológico no es una condición ni un problema aislado, éste se relaciona con cuestiones como el poder, el dinero o la seguridad, por lo que todo esto no implica que el fiasco en el examen de la UNAM sólo se explique por una creencia en la tecnología, sino que juegan factores como la corrupción, la incompetencia, la deshonestidad intelectual, la presión por la escasez de lugares; en fin…
Todo lo anterior no debe leerse como ludismo delirante o como un negacionismo de los beneficios de la tecnología, sino como una crítica de los límites de la tecnología ante problemas sociales y humanos; insisto, esto no significa que la tecnología sea negativa o inútil, ya que ante problemas como pandemias, la ciencia y la tecnología han sido cruciales, aunque se tienen que sortear otras cuestiones como la desigualdad, la privatización, la falta de capacidades, la logística, los costos; etc.
Por último, valdría la pena que quien llegó hasta estas líneas hiciera una pausa para reflexionar sobre cuánto del solucionismo tecnológico está presente en su propia forma de pensar. No es una condición exclusiva de los burócratas universitarios ni de los aspirantes que buscaron atajos: es una lógica que permea instituciones, políticas públicas y el sentido común de nuestro tiempo; y que, sin duda, forma parte de los elementos que sostienen el poder monopólico de las grandes empresas tecnológicas.
Mientras sigamos creyendo que cada problema social tiene una solución en la App Store, en un modelo de IA o con más tecnología, seguiremos delegando en corporaciones privadas decisiones que deberían ser públicas, democráticas y disputadas. La pregunta que debería quedarnos después del examen de la UNAM no es qué plataforma falló ni quién hizo trampa, sino por qué seguimos buscando digitalizar y automatizar, cuando lo que necesitamos, desde hace mucho, son decisiones políticas, regulativas y sociales.