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  • 15 May 2024
  • 10:05
  • SPR Informa 6 min

¿Arte para la Esperanza?

¿Arte para la Esperanza?

Por Ana María Aparicio

Pareciera que estamos sedientos de esperanza, algo que haga erupción y muestre que hay un montón de caminos posibles, que nos devuelva nuestra capacidad tan humana de creer. De creer en los otros, en un sistema político que ofrece cambios verdaderos, en una humanidad proactiva, en nuestra propia capacidad de transformar la realidad.  

En la actualidad, muy a menudo, uno se encuentra personas que reniegan de ella, que dicen que “la esperanza” hace alusión a “esperar”, la espera de lo que nunca va a ocurrir, esa “espera” pasiva y sin verbo, sin un verbo activo. La Esperanza siendo víctima de las tan populares fake news. Hay también quienes hasta la desdeñan por miedo a florecer fuera del status quo o de las reglas impuestas por el aparato. Hay incluso slogans y un montón de propaganda política y mercadotécnica que la aclaman y la demeritan.

Entonces Esperanza se encuentra acorralada, triste en un rincón obscuro, ¿estará acaso deprimida?, pero si lo está no tendríamos que nombrarla, porque ya no representaría ese sentimiento que la hace ser ella misma, ese halo que la envuelve. Ella está cargada de vitalidad, nos impulsa hacia el futuro y entre los caminos que van de la sombra a la luminosidad, escoge siempre el de la luz. Porque ella no pertenece a lo obscuro, lo pasivo ni deprimido, rehúye de la muerte. La pregunta entonces sería ¿Por qué alimentar un discurso cargado de pesimismo apesadumbrado? Podría rozar en la maldad. Los medios de manipulación masiva son perversos. Entonces resulta oportuno preguntarse si ¿tenemos o no tenemos Esperanza? ¿Si verdaderamente hay Esperanza?

Comencemos por revisar su definición primigenia del Diccionario de la Real Academia Española. “Esperanza: F. Estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea.”[i] 

Nos habla de un estado de ánimo, entonces es pertinente aclarar que el optimismo vulgar no es Esperanza, que la enajenación de “la esperanza” es más bien “desesperanza”. Como bien lo ha planteado Erich Fromm en su libro La revolución de la esperanza

“La espera pasiva es una forma disfrazada de desesperanza y de impotencia.[ii]

Así lo es con el conformismo, la falta de fuerza para oponerse ante lo injusto, como un severo resultado del destrozamiento de la esperanza.

Porque “la esperanza es un elemento intrínseco de la estructura de la vida […]. Tener esperanza significa estar presto en todo momento para lo que todavía no nace, pero sin llegar a desesperarse si el nacimiento no ocurre en el lapso de nuestra vida. Carecería de sentido esperar lo que ya existe o lo que no puede ser. Es una disposición interna, un intenso estar listo para actuar.”[iii] 

Esperanza es pues, un Verbo de apellido Proactivo. Que en inglés sí hay distinción y sería más Hoping que waiting.

 

¿Pero qué tiene que ver el Arte con la Esperanza?

En todo lo fundamental. La esperanza canta, baila y late intensamente ante la existencia del Arte. Se aman y alimentan mutuamente. Gracias al arte, se enriquece y ahonda nuestra relación con la realidad. “Si el hombre, como ser verdaderamente humano, es, sobre todo, un ser creador, el arte es una esfera donde esta potencia de creación se despliega renovada e ilimitadamente. […] El hacer artístico, es creación, o sea, no solo reflejo de lo real, sino instauración de una nueva realidad.”[iv]    

Es por lo que, a través del arte se diluyen las impotencias y se plasman las esperanzas. 

El arte nos invita a trascender y es capaz de construir utopías, propagar la esperanza. Aún en la adversidad en la que siempre se encuentra el mundo del arte bajo este sistema mercantil de la oferta vs la demanda, “incluso bajo el capitalismo el artista trata de escapar a la enajenación porque un arte enajenado es la negación misma del arte.”[v] 

Hay un sistema al que le ha convenido tener personas afligidas, cuerpos deprimidos, seres sin esperanza; pues es la mejor manera de control y, por ende, de apagar los fuegos revolucionarios. Sin embargo, encontramos en el arte un medio que, contra toda corriente permanece, expresando siempre los síntomas de esperanza. 

“Recuperar la esperanza, hacer real la utopía”[vi].

Allí donde encontramos la condición utópica del ser humano, esa que nos recuerda Ernst Bloch en su libro El Principio Esperanza. Entender a el arte como un motor para la esperanza, es decir, la expresión plasmada, construida a partir de los deseos más esenciales del ser, para construir la realidad anhelada, esa que nos recuerda quiénes somos y hacia dónde vamos, un camino ineludible de la cultura. 

Más allá de la actual coyuntura política, de este periodo electoral que se avecina en nuestro México querido, y en el que inevitablemente nos preguntamos ¿si el porvenir será esperanzador? Conviene recordar que esa flama ardiente (la esperanza) que mueve montañas, es capaz de transformar el mundo. El arte es un medio, una vía de prender los fuegos para construir utopías. La utopía será el lugar común posible mientras las llamaradas de la esperanza estén encendidas. 

La rebeldía es también un estado de esperanza. 

 

 


 

[i] https://www.rae.es/drae2001/esperanza

[ii] Erich Fromm, La revolución de la Esperanza, Ed. FCE

[iii] Ídem

 

[iv] Adolfo Sánchez Vázquez, Las ideas estéticas de Marx, Ed. Biblioteca Era

 

[v] Ídem 

 

[vi] Ernst Bloch, El principio esperanza, Ed. Trotta, Tomo 1