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  • 07 Feb 2023
  • 10:02
  • SPR Informa 6 min

Metamorfosis política del pueblo que llegó al poder

Metamorfosis política del pueblo que llegó al poder

Por Jorge Hernández Aguilera

“La revolución no se lleva en la boca para vivir de ella, se lleva en el corazón para morir por ella” -  Ernesto Guevara de la Serna

Hace unos días fue celebrada la plenaria del grupo legislativo de Morena en la Cámara de Diputados. Ahí el secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández, hizo un llamamiento a las diputadas y diputados, en el que transmitió un mensaje central de parte del presidente López Obrador. En esencia les pidió que el año en curso sea de mucha actividad política, prioritariamente de política territorial; de dialogo con la gente. 

Afirmó que solamente haciendo política en las calles se garantizará – además del triunfo de la elección presidencial – una mayoría legislativa que posibilite las reformas constitucionales.

En lenguaje Obradorista les instó a brigadear; a empolvarse los tenis. 

Previo al año 2018 el brigadeo fue la sangre que oxigenó al Movimiento de Regeneración Nacional. 

El término de brigadear puede definirse como la acción de recorrer las calles caminando; tocando puerta por puerta, repartiendo el periódico regeneración. Más allá de la importante información impresa en el periódico, el regeneración era una llave que daba apertura a la puerta del diálogo. Era un pretexto para conversar acerca del proyecto alternativo de nación. 

El sol era el condimento indivisible del acto del brigadeo. Las gorras y las mangas largas eran la armadura de combate, así como un par de tenis todoterreno. 

Eran constantes los saltos de adrenalina producto de alguna mordida – o intento de mordida –  de algún canino callejero; de esos que resguardan las puertas vecinales sin diferenciar entre un protagonista del cambio verdadero o un cobrador departamental. Todos son perseguidos a ladridos por igual. 

Así se construyó el movimiento político más grande de la historia reciente de México; cuyo planteamiento no se reducía a la revolución política, o la revolución social, tenía una dosis metafísica; se planteaba la revolución de las conciencias. 

Puerta por puerta, eran recolectados -con una similitud religiosa- nuevos adeptos del proyecto transformador. A cambio de nada, a cambio del cambio.

Llegó el triunfo electoral, y con él, drásticos cambios en la vida individual de muchos militantes y simpatizantes. La desbordante decisión del pueblo de México de ratificar en las urnas la necesidad de esperanza, dio como resultado la creación de una nueva clase política. Gran parte de esa clase política sin un antecedente en la administración pública; menos aún en la actividad parlamentaria. 

El Movimiento de Regeneración Nacional llevó auténticos representantes del pueblo al poder.   

Como toda coyuntura política la del año 2018 fue un agregado de principalmente dos sectores. Los multicitados brigadistas, (militantes de convicción sin alguna experiencia en el ejercicio del poder) y políticos profesionales; incorporados de último minuto dado su instinto de supervivencia, ante el inminente triunfo electoral. La necesidad de anteponer el interés colectivo obligaba a no tener un comportamiento sectario; las experiencias de los años 2006 y 2012 dieron muestra de que es menester incorporar a todos los sectores para acceder al poder. 

La metamorfosis ocurrió de manera inmediata. 

Prontamente quienes se consumaron como la nueva clase política cambiaron su número de celular. Quienes ayer compartían agua con la militancia en el puerta por puerta, ahora exigían pleitesías, recostados en el cómodo asiento trasero de su suburban. 

Dejaron de ser pueblo. 

No solamente porque empezaron a vestir con telas italianas y a portar calzados de estratosférico costo. Tampoco porque cambiaron su dieta alimenticia; y sustituyeran los puestos de tacos por jugosos cortes de vacuno. 

Políticamente dejaron de ser pueblo porque no regresaron más al brigadeo; a escuchar la demanda de boca propia, se alejaron de la realidad social, del México de las mayorías. Pensaron que su nuevo mundo era una merecida realidad individual, que por fin la revolución les había hecho justicia. 

De esa forma transcurrieron tres años; la refrenda electoral del año 2021 se hizo presente. La enfermiza soberbia reeleccionista se apoderó del cuerpo de muchos. Querían mantener el ritmo paradisiaco de vida, con cargo al discurso transformador. Varios fueron candidatos por segunda ocasión. El resultado fue desastroso.

Morena perdió escaños y alcaldías en las ciudades más importantes del país. 

El pueblo puso y el pueblo quitó. 

El 2018 fue un año milagroso para la vida individual de muchos militantes. Ocurrió lo imposible, se renovó la clase política, con representantes del pueblo encabezándolo.

El milagro electoral del año 2018 no se repetirá. Ahora quien quiera llegar al poder con el apruebo popular, debe tener el impulso del pueblo. Eso solo se logra haciendo política de territorio, de la mano de la gente.

Andrés Manuel López Obrador lleva más de veinte años siendo ejemplo de como hacerlo. 

Con el pueblo todo, sin el pueblo nada.

No hagamos de los principios del no mentir, no robar y no traicionar; un falso mantra. Un mantra que, acompañado de los entintados chalecos guindas, sirva para mofarse de la esperanzadora sociedad. 

La historia nos observa.