Luego del debut de Irán en la Copa del Mundo, se hicieron virales en redes sociales videos en los que distintos seguidores se enfrentan entre sí y con las autoridades en las inmediaciones y dentro del SoFi Stadium, en Inglewood, California. La disputa por el uso de la bandera de Irán en las gradas refleja una profunda fractura social cuyo trasfondo histórico se remonta a la Revolución Islámica de 1979.
El centro de este debate visual radica en la coexistencia de dos enseñas que representan momentos históricos y visiones de Estado contrapuestas, por un lado, la bandera de la República Islámica, el símbolo oficial del Estado iraní desde la reconfiguración política de 1979. Conserva las franjas verde, blanca y roja, e incorpora en el centro la caligrafía estilizada de la palabra "Alá", así como inscripciones religiosas en los bordes. Para el gobierno y sus partidarios, es el único emblema legítimo que representa la soberanía actual de la nación.
Por otro lado la bandera del León y el Sol, mantiene los mismos colores de fondo, pero presenta en la franja central la figura histórica de un león con una espada y un sol naciente. Este diseño fue el emblema oficial del país antes de 1979 y, en la actualidad, es adoptado por sectores de la oposición y la diáspora como un símbolo de identidad nacional alternativa y de disidencia frente al orden político vigente.
De acuerdo con sus estatutos institucionales, que restringen estrictamente la exhibición de mensajes con contenido político, religioso o ideológico, la FIFA prohibió el ingreso de la bandera del León y el Sol por considerarla un símbolo no autorizado. No obstante, diversos sectores de la afición lograron introducir dichos emblemas mediante prendas reversibles o pancartas plegadas, desplegándolos una vez iniciado el encuentro.
La tensión alcanzó su punto más alto debido a las distintas interpretaciones sobre el papel de la selección nacional, conocida como Team Melli. Muchos activistas y exiliados consideran que el equipo representa a las instituciones de la República Islámica y a la Guardia Revolucionaria. Bajo este argumento, señalaron como "traidores" a quienes acudieron a apoyar al conjunto o portaron la bandera oficial, afirmando que los logros deportivos se utilizan para matizar la imagen internacional del gobierno.
Debido a esto, un sector de la grada asistió al partido contra Nueva Zelanda con el propósito de abuchear el himno oficial o celebrar los goles del rival. En contraste, otros aficionados defendieron que el deporte debe mantenerse al margen de la política y que el equipo representa la identidad de todo el pueblo iraní, independientemente de sus gobernantes.
La elección de la sede también intensificó el escenario, ya que el sur de California alberga a la comunidad de la diáspora iraní más numerosa fuera de su país, convirtiendo el entorno del estadio en un punto natural de concentración para el activismo político.
Ante estos hechos, el Ministerio de Deportes de Irán externó su inconformidad frente a lo que calificó como provocaciones organizadas en las tribunas y solicitó formalmente a la FIFA y a los organizadores locales garantizar el cumplimiento de los reglamentos de neutralidad. Asimismo, las autoridades gubernamentales instruyeron al cuerpo técnico de la selección nacional a evaluar la continuidad del partido en caso de presentarse incidentes o expresiones que vulneraran los símbolos oficiales del Estado.