El empresario Elon Musk perdió el juicio que mantenía contra OpenAI, Sam Altman y Greg Brockman, luego de que un jurado federal en Oakland, California, determinara de forma unánime que presentó la demanda demasiado tarde y que sus reclamos quedaron fuera del plazo legal permitido.
El fallo de este lunes 18 de mayo representa una victoria clave para OpenAI en medio de la acelerada competencia global por el desarrollo de inteligencia artificial y despeja, al menos temporalmente, uno de los principales riesgos legales que enfrentaba la compañía mientras se prepara para una posible salida a bolsa que podría valorar a la empresa en cerca de un billón de dólares.
Musk demandó a OpenAI en 2024, acusando a la empresa y a sus directivos de traicionar la misión fundacional con la que fue creada en 2015 como una organización sin fines de lucro dedicada a desarrollar inteligencia artificial para beneficiar a la humanidad. El magnate sostuvo que la compañía utilizó su respaldo financiero y reputacional para posteriormente transformarse en una estructura orientada al lucro y vinculada a grandes inversionistas como Microsoft.
Durante el juicio, Musk argumentó que OpenAI “robó una caridad” al crear una división con fines de lucro y aceptar decenas de miles de millones de dólares en inversión privada, alejándose —según su versión— del propósito original del proyecto. El empresario aportó cerca de 38 millones de dólares al laboratorio entre 2015 y 2017 y formó parte de su junta directiva hasta 2018.
Musk abandonó OpenAI un año antes de que la empresa adoptara un modelo híbrido que le permitió captar capital privado sin eliminar formalmente el control de su fundación sin fines de lucro. Desde entonces, OpenAI pasó de ser un laboratorio experimental a convertirse en uno de los actores más poderosos del sector tecnológico global gracias al éxito de ChatGPT y a su alianza con Microsoft.
En paralelo, Musk fundó en 2023 su propia empresa de inteligencia artificial, xAI, competidora directa de OpenAI, lo que fue utilizado por la defensa para sostener que la demanda buscaba debilitar comercialmente a un rival en el mercado de IA generativa.
Los abogados de OpenAI afirmaron durante el proceso que Musk conocía desde hace años la evolución corporativa de la empresa y que incluso llegó a apoyar estructuras con fines de lucro cuando aún participaba en la organización. El jurado coincidió con esa interpretación y concluyó que Musk estaba al tanto de los cambios al menos desde 2021, por lo que decidió que el caso había sido presentado fuera de tiempo.
La jueza Yvonne Gonzalez Rogers respaldó públicamente la conclusión del jurado y señaló que existía “una cantidad sustancial de evidencia” para sostener el fallo. Aunque el veredicto era técnicamente consultivo, la magistrada confirmó que adoptaría las conclusiones del jurado como propias.
Tras la decisión, el abogado de Musk, Steven Molo, indicó que el empresario se reserva el derecho de apelar, aunque la jueza advirtió que revertir el fallo podría resultar complicado debido a que el vencimiento de los plazos legales era un asunto sustentado en hechos y evidencia documental.
El juicio se extendió durante 11 días y estuvo marcado por ataques cruzados sobre la credibilidad de Musk y Altman, así como por la presentación de cientos de páginas de correos internos, mensajes privados y notas corporativas. Entre los testimonios destacados aparecieron el cofundador de OpenAI, Ilya Sutskever, y Shivon Zilis, ejecutiva vinculada tanto a OpenAI como a empresas de Musk.
El proceso también reveló detalles inéditos sobre las discusiones internas que dieron origen a OpenAI, incluyendo intentos tempranos de financiamiento, contactos con Google y debates sobre cómo sostener los costos de infraestructura necesarios para competir en el desarrollo de inteligencia artificial avanzada.
Microsoft, señalada en la demanda por presuntamente facilitar la transformación comercial de OpenAI, celebró igualmente la decisión judicial. La empresa sostuvo que su relación con OpenAI comenzó después de la salida de Musk y defendió sus inversiones como parte de una alianza tecnológica legítima.
El juicio fue seguido de cerca por la industria tecnológica debido a las implicaciones que podría tener para el futuro de OpenAI y del desarrollo de inteligencia artificial y reavivó el debate sobre el modelo de financiamiento de las empresas de IA, el papel de los inversionistas privados y los límites entre innovación tecnológica y misión pública en una industria cada vez más estratégica para la economía global.