Durante la Mañanera del Pueblo de este 17 de agosto el psicólogo y especialista en diseño y regulación de plataformas digitales, Ravi Iyer, advirtió que el diseño actual de las redes sociales puede incentivar el uso excesivo y exponer a niñas, niños y adolescentes a contenidos dañinos.
Iyer, director general del Centro Neely de la Universidad del Sur de California y quien trabajó durante varios años en Meta, explicó que los algoritmos de estas plataformas se optimizan a partir del comportamiento de los usuarios: qué contenidos consultan, en cuáles hacen clic, qué comentan y cuánto tiempo permanecen frente a una publicación. El objetivo es aumentar la interacción y mantener a las personas conectadas durante más tiempo.
Asimismo, el especialista sostuvo que el problema no se limita a los contenidos publicados por otros usuarios, sino al propio diseño de las plataformas, que puede favorecer el uso excesivo, el contacto no deseado y la exposición a material que los menores no estaban buscando.
Entre los datos que presentó, señaló que 45% de los adolescentes consultados considera que pasa demasiado tiempo en redes sociales y otro 45% dijo que estas plataformas afectan su calidad del sueño. Además, 40% reportó un impacto negativo en su productividad.
También señaló que 13% ha recibido propuestas sexuales no solicitadas, 19% contenido con desnudos y 13% contenido relacionado con violencia. Asimismo, 47% dijo haber visto comentarios sexistas o violentos y 46% haber sido expuesto a retos peligrosos en internet.
De acuerdo con Iyer, características como el desplazamiento infinito, la reproducción automática, los “me gusta”, las rachas y las notificaciones eliminan puntos naturales de pausa y pueden favorecer que los usuarios permanezcan más tiempo conectados.
El especialista Ravi Iyer explicó que recientemente, en agosto de 2026, un juez de Nuevo México ordenó a Meta pagar 567 millones de dólares como parte de un proceso relacionado con la seguridad de niñas, niños y adolescentes en sus plataformas.
El caso es relevante porque, además de la sanción económica, contempla medidas relacionadas con la protección de menores y el funcionamiento de las plataformas, en línea con el señalamiento de Iyer sobre la necesidad de modificar características de diseño que pueden favorecer el uso excesivo o exponer a los menores a contenidos y contactos dañinos.
Entre las medidas para proteger a los menores se encuentran mejorar la verificación de edad, dejar de conectar con adultos desconocidos, prevenir interacciones románticas con chatbots en menores de 18 años, ocultar el recuento de “me gusta”, suspender las notificaciones nocturnas y en horario escolar e implementar diariamente un límite de tiempo de uso.
Pero este no es un caso aislado. Durante 2026 se han registrado seis procesos y acuerdos relevantes contra empresas de redes sociales en Estados Unidos.
En enero, Google y YouTube obtuvieron la aprobación final de un acuerdo por 30 millones de dólares para resolver una demanda relacionada con la recopilación y uso de datos personales de menores de 13 años sin consentimiento de sus padres.
En ese mismo mes, SnapChat y TikTok llegaron a acuerdos confidenciales con jóvenes demandantes en California, antes del primer juicio piloto sobre el presunto diseño adictivo de las plataformas y sus efectos en la salud mental de los jóvenes.
Posteriormente en marzo de 2026, un jurado de Nuevo México determinó que Meta violó las leyes estatales de protección al consumidor al engañar sobre la seguridad de sus plataformas y poner en riesgo a menores. La empresa fue condenada a pagar 375 millones de dólares.
Otro caso se registró en California, un jurado determinó que Meta y YouTube fueron negligentes en el diseño de sus plataformas en un caso relacionado con una joven que afirmó haber desarrollado depresión y ansiedad por el uso compulsivo de las redes. La indemnización ascendió a 6 millones de dólares.
Finalmente, en mayo pasado Meta, TikTok, Snap y YouTube acordaron pagar 27 millones de dólares para resolver una demanda presentada por el Distrito Escolar del Condado de Breathitt, en Kentucky. El caso señalaba que las plataformas habían contribuido a problemas de salud mental entre estudiantes y generado costos adicionales para las escuelas.
La discusión sobre implementar regulaciones para menores de edad no se limita a las plataformas digitales, pues otros sectores han pasado por procesos similares.
En la televisión infantil, por ejemplo, durante las décadas de 1970 y 1980 era frecuente que programas y caricaturas estuvieran estrechamente vinculados con la promoción de juguetes y productos. Con el tiempo, se establecieron reglas para separar el contenido infantil de la publicidad y limitar la cantidad de anuncios dirigidos a ese público.
Un proceso parecido ocurrió con los alimentos procesados y las bebidas azucaradas. Durante años, las empresas utilizaron personajes animados, mascotas, juguetes y otras estrategias para atraer a los niños. Posteriormente, países como México y Chile adoptaron sistemas de etiquetado frontal y restricciones a determinadas estrategias de marketing para productos con exceso de nutrientes críticos.
En México, por ejemplo, las reglas de etiquetado frontal buscan advertir de manera visible cuando un producto contiene exceso de azúcares, sodio, grasas u otros nutrientes críticos.
Ahora, el debate comienza a trasladarse a las plataformas digitales: si existen características de diseño capaces de fomentar un consumo excesivo o exponer a los menores a riesgos, ¿debe la responsabilidad recaer únicamente en las familias o también en las empresas que diseñan esas plataformas?
La discusión ya está presente en distintos países. Unicef ha señalado que cualquier regulación debe buscar proteger a niñas, niños y adolescentes frente al acoso, la explotación sexual, los contenidos dañinos y los impactos en su salud mental, pero también advierte que las restricciones deben diseñarse cuidadosamente para no limitar otros derechos de los menores.
En México, la discusión también ha comenzado a avanzar. La SEP ha planteado debatir la regulación del uso de redes sociales e inteligencia artificial entre niñas, niños y adolescentes, incluyendo aspectos como la edad para abrir cuentas y el propio diseño de las plataformas, desde el desplazamiento infinito hasta los algoritmos.
El reto no se limita a regular cuánto tiempo pasan los menores en internet, sino también revisar cómo están construidas las plataformas que utilizan, qué incentivos tienen sus algoritmos y qué medidas deben adoptar las empresas para que la seguridad de los usuarios más jóvenes sea parte del diseño desde el principio.